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La ineptitud de un talante sin talento

Carlos Sánchez Ponz
Redacción
domingo, 1 de mayo de 2005, 23:21 h (CET)
Primero llegó el mal dato de la inflación para el último trimestre de 2004 y el primero de 2005. Desde el gobierno se apeló a la calma: el precio del petróleo, la caída del comercio internacional, la inestabilidad bursátil... Todo servía para explicar este pésimo dato de nuestra economía nacional, que siempre le suena al pequeño y mediano empresario a sinónimo de recesión. Pero la cosa no acabó ahí.

A mediados de febrero nos informaron de que las inversiones de capital extranjero en España durante el año pasado cayeron en más de un 100 %. Las explicaciones por parte del Ejecutivo volvieron a ser elocuentes y numerosas, y se centraban tanto en la mala situación de la economía europea, como en los ecos del trágico 11-M, que habían espantado a cualquier tipo de inversor extranjero, temeroso de perder su capital en un país inseguro. Pero de nuevo el paso del tiempo ha hecho que la cosa siga sin haber acabado ahí.

Esta mañana, autoridades del Banco de España han notificado alarmadas cómo el déficit en la balanza del comercio exterior (esto es, la diferencia entre importaciones y exportaciones de un país) ha aumentado en un 43 % en los tres últimos meses. Las Bolsas españolas no han reaccionado demasiado mal a este pésimo dato, pero si usted juega en Bolsa no debería estar muy tranquilo: en los próximos días el afán vendedor provocará caídas importantes en los títulos. Hoy Telefónica ha perdido apenas unas décimas, pero seguro que bastarán para arrastrar a toda una serie de empresas con ella.

No pretendo hacer un alegato partidista contra la política económica (si es que la hay) del actual gobierno de Zapatero, pero desde luego que la situación una vez transcurridos doce meses desde su puesta en marcha, no puede ser menos halagüeña. El sector del ladrillo no da abasto como único soporte de una economía cada vez más precaria, que está provocando una crisis enorme en las PYMES de las que muchas de ellas no lograran levantar cabeza.

El fastuoso eje franco-alemán que nos recongraciaría con la vieja Europa y nos abriría las puertas del comercio con todos los países de la Unión, ha resultado ser un fracaso rotundo, tanto por la propia actitud de galos y teutones como por el crónico y eterno parón de la locomotora germana, que hoy ha visto como analistas del propio país reducían en varias décimas las expectativas de crecimiento para Alemania en 2005.

Sea Solbes o Sebastián, el gobierno necesita al menos un patrón económico que guíe la actividad hacia una pronta recuperación de los niveles económicos de comienzos de 2004, porque la crisis se cierne de forma cada vez más inminente, y no se engañen, los primeros que la notaremos seremos, como siempre, los ciudadanos de clase media, a través de los impuestos indirectos.

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