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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

En ocasiones es preciso luchar para evitar el desastre

“Una mente cerrada es una cosa buena para perder” Anónimo
Miguel Massanet
martes, 15 de agosto de 2017, 12:21 h (CET)
Cuando se pretende justificar lo injustificable es posible que lo que, de verdad, se esté intentando es darles aire a aquellos que llevan intentando desestabilizar al actual Gobierno por todos los medios a su alcance. La realidad es que, Podemos, hace ya tiempo que está intentando llevar al PSOE a radicalizarse y, a fuer de ser sinceros, es obvio que lo está consiguiendo, de la mano del actual líder del partido de los socialistas, el complicado, resabiado y un tanto fanatizado señor Pedro Sánchez. Muchos ciudadanos que estamos resignados a ver cómo, poco a poco, la situación de la nación española se va deteriorando, a medida que las fuerzas de las izquierdas van tomando posiciones, estamos observando cómo se van afianzando y están logrando implantarse en una parte, cada vez más importante, de la ciudadanía española. Se va notando como los principios de la democracia, sus valores y sus reglas de funcionamiento, van perdiendo vigencia en la nación española, a medida que las tesis que sostienen los partidos de pensamiento marxista van consiguiendo imponerse en un sector importante de la población que, por extraño que pueda parecernos, por incomprensible de entender o por mucho que nos inquiete y desagrade, está llegando a la convicción de que la acción directa, los acuerdos asamblearios o las decisiones de grupos reducidos de personas, pueden ser considerados como medios legítimos, con fuerza ejecutiva e, incluso, para pasar por encima de las leyes promulgadas por nuestro sistema legislativo en nombre de la representación que las urnas les otorgaron, en el momento en que fueron elegidos para formar parte de las cámaras de representación popular.

En Cataluña, grupos de secesionistas como la ANC o el Ómnium Cultural, son capaces de influir en los políticos de la Generalitat; instituciones como la alcaldía de la Ciudad Condal se atreve a tomar acuerdos e implantar normas claramente en desacuerdo con la legislación constitucional, al decidir sobre la ocupación por causa de utilidad pública o interés social, sus requisitos y sus condiciones, asumiendo funciones que no les competen. La misma alcaldesa, señora Colau, se ha constituido en protectora de una serie de okupas que infringen las leyes o grupos de manteros formados por inmigrantes ilegales que no dudan en infringir las normas vendiendo productos, ( muchos de ellos robados) en plena vía pública, sin tener autorización para ello, y conculcando los legítimos derechos de comerciantes que pagan sus impuestos, gozan de las autorizaciones administrativas correspondientes para el ejercicio de su actividad y se ven sometidos a una competencia desleal que los perjudica.

Hace tiempo que estamos reclamando que el Derecho de Huelga y sus limitaciones anunciado en nuestra Constitución de 1978, sea objeto de una ley orgánica que lo regule e impida que haya casos, por desgracia muy numerosos, en los que el derecho legítimo de los trabajadores de cesar en su trabajo para reclamar sus derechos laborales, se convierte en ilegítimo, abusivo, y desproporcionado, cuando su ejercicio llega a causar daños desproporcionados, entre en colisión con el orden público o cause graves daños al resto de los españoles que pudieran verse afectados gravemente por ellas. No parece que ningún gobierno, incluso cuando han tenido mayoría suficiente para hacerlo, se haya atrevido a poner coto a los abusos que, en su nombre, han estado cometiendo los sindicatos y los mismos tribunales de derecho al trabajo, que siempre se han mostrado contrarios a sancionar los evidentes excesos en los que han venido incurriendo los que han convocado huelgas.

Hace unos pocos días no referíamos a lo que podría suceder en Cataluña, en relación a la amenaza de que, el 1 de octubre, se convoque un referéndum ilegal para consultar al pueblo catalán si desea seguir siendo español o, por el contrario, si prefieren ser una nación independiente. Esta propuesta la hacen unos partidos que no representan a todo el pueblo catalán, que difieren del concepto de sistema de gobierno que cada uno de ellos propone, que están engañando impunemente al pueblo de Cataluña respeto a la situación en la que quedaría Cataluña si realmente quedara fuera de España, como, por ejemplo, la imposibilidad de que siguiera perteneciendo a la UE si se independizara. También hablábamos de la poca confianza que nos merecía el apoyo, a regañadientes, que el señor P. Sánchez, secretario general del PSOE, le había prometido, al señor Rajoy, en la entrevista que sostuvieron, en la defensa de la unidad de España y, específicamente, en hacer un frente común en el gravísimo caso de Cataluña.

Las matizaciones y críticas que, posteriormente a aquel evento, han ido apareciendo por parte de miembros del PSOE respecto a que, el señor Rajoy, debiera sacarse de la manga una nueva solución política para ofrecerlos a los políticos catalanes, que vienen permaneciendo inamovibles desde el mismo momento en que, el señor Mas, reclamó para los catalanes la independencia de la autonomía catalana. Podemos no ha apoyado en ningún momento al Gobierno y siempre ha mostrado su faceta equívoca respecto al referéndum catalán, admitiendo que no deseaban la marcha de Cataluña de España, pero, al mismo tiempo, apoyando que los catalanes pudieran celebrar su particular consulta sobre su permanencia en España. Y es que, señores, la evidente intención manifestada por Podemos y vista con buenos ojos por los socialistas, respecto a que estos presentaran durante esta legislatura, una nueva moción de censura contra Rajoy, sigue pendiente como espada de Damocles sobre el gobierno popular. Si ello sucediera y se sustituyera el actual gobierno del PP por otro tipo de gobierno, en todo caso con mayoría de izquierdas, es evidente que los nacionalistas iban a conseguir, si la Constitución pudiera ser revisada, como mínimo, situarse como un estado federal lo que, para ellos, aunque no colmara sus aspiraciones, es obvio que les facilitaría, en una nueva etapa, reclamar la separación definitiva de la nación española, alegando que ellos ya eran una nación.

La última traición de los socialistas al gobierno de Rajoy ha tenido lugar cuando, después de despotricar contra los huelguistas del aeropuerto del Prat, una huelga que vienen manteniendo desde hace mucho tiempo y que sigue sin que se vea señal alguna de tener visos de que se llegue a acuerdo; cuando el Gobierno ha decidido aplicar las medidas que le concede la Ley, haciendo que la Guardia Civil recupere por un tiempo las funciones de seguridad en dicho aeropuerto, para evitar el caos que se estaba produciendo en cuanto al retraso de vuelos, suspensiones, pérdidas de enlaces, aglomeraciones de pasajeros y demás incomodidades que perjudicaban gravemente el turismo de esta autonomía y de todas aquellas relacionadas con ella; los socialistas han salido a la palestra acusando al Gobierno de haber actuado mal al normalizar la situación porque, según ellos, con ello se interfiere en el derecho de huelga de los responsables de seguridad de la empresa contratada por AENA, para la misión de vigilar la seguridad de dicho aeropuerto.

En realidad, señores, se trata de poner al actual Gobierno entre la espada y la pared, para crear un clima de descontento que haga olvidar, a una parte de los españoles, la evidente recuperación económica que estamos experimentando, la mejora de las contrataciones de trabajadores, la reactivación de la actividad de las empresas, de sus exportaciones, de las mejoras en la situación del pueblo español y de la buena imagen que se sigue manteniendo de España en el extranjero y, en especial, en la CE donde, cada vez, parece que se nos tiene más en cuenta. La reelección de P. Sánchez, como líder del PSOE, ha significado un grave retroceso en las posibilidades de que, en un momento determinado, al menos en cuestiones fundamentales para el país, se pudieran llegar a acuerdos entre los dos partidos principales del reino de España que pudiera poner límites a todas las intentonas separatistas que surgieran desde Cataluña o el País Vasco y que garantizase que el orden constitucional quedara asegurado, tanto si gobernase el uno como el otro. Por desgracia, la situación se aleja cada vez más de este panorama y todo nos inclina a pensar que lo que se está maquinando es, por supuesto, diametralmente opuesto a un entendimiento y sí, evidentemente, más cercano a que se produzca una entente de izquierdas que pudiera llevar a la declaración de una República, la tercera, de tendencias de extrema izquierda, que impusiese en nuestra nación el advenimiento de un nuevo frente comunista al estilo del que está vigente en la nación americana de Venezuela.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos encontramos ante una peligrosa deriva, cada vez más asumida por los sectores más críticos con las derechas, encaminada a descabalgar al PP del gobierno del país; a introducir en España una atomización de la autoridad y una fragmentación administrativa; a introducir el asamblearismo para imponer las leyes contrarias y limitativas de la propiedad privada favoreciendo lo que, en Madrid y Barcelona, ya se está intentando dándoles poderes a las asociaciones de vecinos, introduciendo personas que asumirán lo que en la Unión Soviética existía en cada bloque de viviendas: los famosos comisarios dependientes de los servicios de inteligencia del Estado, KGB, para vigilar la actividad de cada uno de los vecinos que habitaban aquellos termiteros humanos. Espero que los del PP tengan un As en la manga, que sepan lo que tienen que hacer y que tengan la habilidad de impedir que las urnas que, los separatistas catalanes dicen disponer, sean expuestas en los lugares de votación para depositar las papeletas de los catalanes. Es evidente que, aunque los que votaran fueran unos pocos, si los resultados dieran el sí a la separación, ellos, los capitostes de la revolución, cantarían victoria. Lo peor que nos podría pasar.
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