Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Que Hotel - Hoteles baratos
Diario Siglo XXI Sueldos Públicos El Viajero Magazine Tienda Diseño Grupo viernes, 25 de mayo de 2012. Actualizado 21:20 h. Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
Siglo XXI. Diario digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Portada | Opinión | España | Mundo | Economía | Televisión | Cine | Música | Tecnología | Libros | Medios | Moda | Salud | Sexo | Ciencia | Gastronomía | Toros |
Deportes    Londres 2012    Fútbol    Baloncesto    Motor  |  Última Hora  |  Videos  |  Entrevistas  |  Infográficos  |  El Tiempo    ●    Concurso fotográfico
    
Tags: Libros · Literatura por entregas · Martín Cid
Las aventuras de Jacobo Caspanova / Capítulo XII


La pelea por unas copas


Martín Cid Martín Cid
viernes, 16 de diciembre de 2011, 16:29
Comentar


El primer golpe de aquel fornido y desaprensivo campesino no logró hacer efecto en el rostro curtido en mil femeninos dormitorios. En cambio, la patada en la entrepierna que la (hasta entonces bella) Adelfa le propinó sí logró mermar la determinación y el equilibrio de nuestro detective, que cayó fulminado al suelo víctima sin duda del vigor que en tan noble lugar residía.

-¡Las copas! ¡Tú me pagas las copas, ca…! –bronca, sí. Mucha bronca.

Sobre Caspanova se abalanzaron uno y mil puños, una y mil patadas mientras nuestro detective no tenía más remedio que adoptar fetal posición y patalear de vez en cuando. Podía soportar aquel dolor físico, intenso y cruel compañero, no así en cambio contemplar la visión colérica de la que en otro tiempo imaginó a su lado, preparando bollos y pastas mientras pedía su ración diaria de amor.

-¡Las copas! ¡Paga copas!

-¡Que pague!

-¡Que pague el pijo-mier..! –daba igual de donde vinieran las patadas, que Caspanova no perdería su posición fetal.

En tanto, el gorila con aspecto eslavo le levantó como si de un hada se tratase y, suspendido en el aire, promulgó su cruel sentencia.

-¡O pagas o te saco el hígado por la boca!

Definitivamente, Caspa estaba en un buen apuro. Sin embargo, años y años conviviendo con el peligro entre la mugre y la plebe le habían dotado de una singular destreza para convivir con el riesgo.

-¿Admitís tarjeta? –inquirió Caspanova, casi seguro de que en semejante tugurio no la admitirían, con lo que le daría tiempo a avisar a Cuasi, siempre dispuesto para sacarle de los aprietos.

-¡Faltaría más! ¡Claro que admitimos!

-¡Ahora sí que estamos bien jodi…! –dos o tres pensamientos más pasaron por su cabeza antes de recordar el famoso caso de… ¡El Falsificador Impotente!

Había conocido a El Falsficador Impotente en una noche de seducción, mientras trataba de resolver algunos casos que se le habían quedado en el tintero. Aquel tipo con problemas de impotencia había acudido a Caspanova, famoso seductor, para pedir consejo sobre su falta de vigor en el dormitorio. Caspa, fiel y entregado a las nobles causas, y a cambio de la comida del día, le dio buenos consejos, quedando El Falsificador Impotente que entregó como premio a nuestro detective una tarjeta de crédito falsa de tan buena calidad que, según decía, servía incluso para comprar en El Tajo Francés. ¿Cabría la posibilidad de emplearla?

El gorila aderezó a nuestro detective para la ocasión y, ya apercibido de la nobleza y el porte del que tenía enfrente, propinó una pequeña bofetada y pidió perdón (a su manera).

-¡Ahora a pagar, imbécil!

-¡Sí, paga, capullo! –increparon otros a nuestro sufrido protagonista.

Se dirigió Caspanova dubitativo porque, a pesar de conocer a gran parte de la aristocracia española, El Falsificador Impotente no le había producido demasiada buena impresión. Ya en el interior del local, nuestra camarera favorita sacó una de esas maquinitas que sirven para que los tipos con clase gocen de una buena noche de amor tras una no menos maravillosa cena con una no del todo virginal moza. Sacó de su cartera de piel Caspanova la tarjeta en cuestión (en la que, por cierto, ponía Pisa en vez de Visa). La camarera la pasó por la maquinita.

-El pin.

Caspanova, más habituado a los asuntos de alcoba que a los económicos, desconocía aquella jerga de plebeyos, por lo que no supo qué responder.

-¡Sí, el numerito secreto, capullo!

¡Oh, un número secreto! Aquello era lo suyo. Pensó en Fibonacci y en El Código Da Vinci pero la sección áurea en este caso no le dio una respuesta satisfactoria (y, sin ánimo de fastidiar a Dan Brown, en casi ninguno).

-¡Tarao –increpó alguno- las cuatro cifras mágicas!

Recordó entonces el número mágico que siempre le dio suerte, su posición favorita de seducción y, en este caso, las cifras que podían salvarle de una muerte segura:

-¡Sesenta y nueve, sesenta y nueve! –gritó a los cuatro vientos.

No contento el novelista con semejante desmadre narrativo, he aquí la respuesta de la maquinita:

-¡Aceptada!

-Acep… ¿Qué? –inquirió Caspanova.

-¡Aceptada, tarao!

-Oh bien –dijo no sin total sorpresa nuestro detective-, entonces… ¡Bebida para todos!

Y Adelfa sonrió como sólo una alcohólica sonríe en una barra libre y todos abrazaron a Caspanova, ídolo y valedor de las clases bajas, abanderado detective del Madrid más selecto y noble.

Corrió el whisky toda la noche y Adelfa durmió por algún lado aunque no con nuestro detective, que se entregó aquella noche a los más bajos vicios y a los chistes más groseros.

…Y es que, aunque se trate del mayor seductor del mundo, las citas no siempre terminan como imaginamos.

Aprendamos de este nuestro seductor y despidámonos de él hasta el próximo capítulo. A Caspanova le espera una buena resaca.

Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Autoscout24 to go. Aplicación gratis
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
Anúnciate en Diario SIGLO XXI
 

Quiénes somos  |   Qué somos  |   Contacto  |   Publicidad  |   Aviso Legal  |   Creative Commons  |   Suscríbete a nuestro boletín Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  

Cursos · Máster

  |  

Comprar naranjas online
© Diario SIGLO XXI - Diario digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris