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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Inopia municipal y mutilación de menores

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
viernes, 29 de abril de 2005, 03:01 h (CET)
Han comenzado a llegarlas golondrinas, aunque sea municipalmente difícil de demostrar. Muchas de ellas serán pasto de las gaviotas, y esto es todavía menos estadisticable. En lo que se refiere a los Derechos fundamentales de la Infancia, el alud migratorio que está recibiendo España ha traído consigo, entre otras cosas, alguna de las lacras más espantosas de la realidad mundial. Lo explica con detalles más que truculentos cualquier Enciclopedia de cultura general que se precie, cómo, por ejemplo, todos los niños que crecen en un ambiente mahometano o hebreo, y no sólo ellos, son cruelmente circuncidados en sanguinarias ceremonias religiosas tradicionales; lo mismo ocurre con buena parte de las niñas. Posiblemente convengan conmigo que es, sin lugar a dudas, el medio escolar, el lugar idóneo para detectar prontamente los muy evidentes casos de riesgo cierto de agresión quirúrgica genital y poder actuar eficazmente con objeto de impedir que se perpetren tan abominables sacrificios humanos.

No piensan lo mismo algunos ediles para quienes todas estas habladurías alarmistas, son tan indemostrables como carentes de fundamento. Por indicación de la Alcaldía de Valencia, que ha delegado la responsabilidad sobre el tema en Emilio del Toro, concejal de Educación, he tenido el disgusto de comprobar la solidez, cerrazón y extravío de su personal postura política al respecto, en una breve y tensa discusión que no se repetirá. Me lo ha explicado con detalle: ni existe, ni existirá plan municipal alguno contra la circuncisión ritual infantil. Posiblemente el consistorio, asaltado por grandiosas y urgentes exigencias desde los cuatro costados, no ha tenido tiempo, todavía, de sondear directamente a
cualquiera de los pobrecillos niños inmigrantes mutilados en nuestra ciudad y comprobar qué opina, con sinceridad, de una pomposa y compleja estructura municipal en la que ninguna instancia propia es capaz de garantizar siquiera su integridad física. Dicen las malas lenguas que cada cual tiene el Ayuntamiento y los concejales que se merece. En mi caso, desde luego, esto no es en absoluto cierto, y en el de mi hijo, todavía menos.

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