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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Derechos humanos

María José Henares (Madrid)
Redacción
jueves, 28 de abril de 2005, 00:07 h (CET)
No tenía muy claro que orientación dar a esta carta con la que quería recordar el quinto aniversario de la muerte, un 26 de abril, en su celda de Can Brians, de Abderrazak Mounib, víctima de un infarto, después de haber protagonizado seis huelgas de hambre reivindicando su inocencia. No es un caso que haya suscitado gran interés en los medios de comunicación. Mounib había sido condenado, junto con Ahmed Tommouhi, por unas violaciones que, al menos en uno de los casos, se pudo demostrar que no habían cometido. Tommouhi continúa en la cárcel, implorando una declaración de inocencia que no tiene cabida en el sistema jurídico español, al carecer éste de la posibilidad de una segunda instancia penal. La única salida legal, al parecer, es el indulto, solicitado por el Fiscal de Cataluña, José Mª Mena hace, ya, seis largos años y sobre el que ninguno de los sucesivos gobiernos se ha atrevido a decidir.

Cuando conocí, hace unos días, la noticia de que Tommouhi había sufrido, también, un infarto que le había tenido quince días en el hospital, pensé que la macabra coincidencia, de haber tenido peores consecuencias para él, tampoco habría hecho perder ni un segundo de su tiempo a casi ningún periodista, ni político, ni jurista.

El rechazo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a una resolución planteada por Cuba (¿será ese el motivo?) para que una misión imparcial e independiente estudiara las condiciones de vida de los detenidos en Guantánamo sólo ha merecido unas líneas en la prensa. Si una situación tan aberrante como la de los secuestrados en Guantánamo y la cobardía de los estados miembros de la Comisión de la ONU sólo merece esa atención ¿qué puede esperar un moro, inocente pero firmemente condenado, por violación para más agravante, en la democrática España?

Y, por otra parte, los Derechos Humanos, que tantas voces e instituciones dicen defender, ¿son tan elásticos como para que, bien basándose en una rígida interpretación de la ley escrita o en un total desprecio a la misma, se puedan conculcar ante la mirada impasible de casi todos?

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