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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Siluetas ilustrativas

Entretenidos con las siluetas, desdeñamos el verdadero fondo de las personas
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 11 de agosto de 2017, 10:29 h (CET)
A la fuerza hemos de pretender una cierta comprensión de aquellos sujetos de los cuales tengamos noticias, de sus actuaciones; máxime, si detectamos su influencia en nuestras vidas, de cerca, de lejos, en directo, a través de otras modalidades informativas. Aunque por la complejidad de la tarea, dicho conocimiento siempre arrastrará importantes deficiencias. El grado de la comprensión dependerá también de la intensidad observadora, distinta según las personas, variables en el tiempo; favorecidas u obstaculizadas por las agrupaciones sectoriales.

Por de pronto partimos de unos objetivos dispares, hacia una metas absurdas en excesivas ocasiones. Transitamos por ambientes en los cuales predominan las miradas superficiales sobre la gente, nos basta con el silueteo, los trazos escuetos de los gestos. Pero la SILUETA apenas es un detalle muy precario de su forma de ser, que no da para mayores conocimientos. Las descripciones consistentes de una figura son una rareza y casi reflejan con preferencia al autor de la descripción, que no al sujeto observado. Mientras la opción de la comprensión verdadera de una persona entraña un fondo de relaciones con otras perspectivas. La calidad de la atención prestada configurará la convivencia.

A diario nos aporrean con una silueta sin dibujos, esbozada a base de actitudes intempestivas. Es la del ENSAÑAMIENTO, extendida con profusión y en las actividades más dispares. Sus maneras son de una efectividad implacable, dejan su sello en los entornos. El humor abandonó el gracejo para convertirse en elemento destructivo de quien caiga bajo sus efectos, pasó a ser un sarcasmo cruel, una verdadera alimaña. Los debates adoptan pronto los encrespamientos agresivos, en los que las razones son sustituidas por una esgrima sin concesiones. Esa intolerancias desde las posiciones propias, amplía sus efectos con una rapidez inusitada, las reacciones a los estímulos son de una creatividad espontánea en consonancia.

Oir, hemos oido hablar de la moderación, de la modestia, de la humildad, aunque los resultados hablan de haber escuchado mal los argumentos, que no convencieron. Suenan a consideraciones extemporáneas de conceptos apenas entendidos en la actualidad. Por el contrario, la ARROGANCIA es de una presencia habitual, sin parar mientes en las evidentes repercusiones derivadas de sus actitudes poco respetuosas. Algo entraña su actitud que no corresponde a su verdadera valía ni aporta valores suplementarios; sucede al revés, la expectativa ampulosa de sus gestos acaba en la creación de frustraciones.

La petulancia del ignorante confunde su libertad de expresión con la equivalencia de cualquier contenido. Esa ignorancia puede ser sólo aparente; estamos hartos de esa actitud adoptada por gente famosa, bien posicionada, muy dispuesta en las encrucijadas de los conocimientos interesados. Otros, confunden el timbre de su voz, los gestos displicentes, con la potencia de sus razones. El arrogante suple la insuficiencia de sus ideas con su talante intimidatorio de aplicación reiterada en sus declaraciones públicas, captación de incautos o revoloteos por ambientes que no les corresponden. Toda una escala de falsificaciones.

La gallardía, el brío, los aires resolutivos, tienen dos caras, como casi todo por otra parte. Cuando vienen fundamentados sobre la integridad de personas cabales, palpitan con una soltura auténtica. Por desgracia suelen fallar esos basamentos, quedando las figuras descarnadas de gente como PASMAROTES, como ademanes solitarios, aspavientos, ahuecados en sus interiores. Dadas las visiones egañosas de sus figuras y la dificultad para penetrar en sus mentalidades, acabamos por detectar las falsificaciones por las consecuencias de sus actos. Quedamos aturdidos a la vista de unos comportamientos inesperados, cuando ya no son posibles las acciones preventivas; centrados en los lamentos con la predominante frustración.

Por diferentes motivos, escasa entidad personal, ignorancia, carácter débil, mínimos recursos, agobios importantes, o sea por la confluencia de varios; resulta frecuente la silueta de los ABÚLICOS, rutinarios, reconcentrados en su propia vida sin altibajos. Sestean en una pretendida paz, irreal por las variadas vicisitudes cotidianas. Anulada de raíz su posible participación en iniciativas ilusionantes, permanecen quejumbrosos, dado que las soluciones tendrían que ser foráneas. Con tan pocos bríos, el desencanto les inclina hacia el escepticismo frente a los cambios evolutivos de la sociedad. A lo sumo, actúan de gregarios en algunas acciones de protesta que no les supongan mucho compromiso.

Debido a las excesivas figuras de poco fuste, cegados por sus continuos desplantes, corremos el riesgo de saturarnos con sus extravagancias. De tanto emborronar los ambientes, cuando queremos darnos cuenta, estamos rodeados de desperdicios en una CHARCA atosigante. Por la simple acumulación de intemperancias, no se vislumbran las posibles salidas. El infortunio parece haber adquirido todos los boletos en este panorama de negruras. En un afán corporativista absurdo, ensimismados, cargados cpon el lastre de la escasa razón, la investigación de mejores soluciones queda relegada. Metidos en el lodazal, ese ambiente resulta poco propicio para las actividades creativas.

Como contrapunto a las siluetas desagradables, a pesar de tanta publicidad en torno a los venenos sociales; como quien no quiere la cosa, resurgen una serie de entidades que no tienen cabida en las mencionadas charcas. Estas siluetas preservadas de la toxicidad ambiental, muestran VINCULACIONES de cariz ilusionante en relación con la belleza, la consideración moral en la convivencia, los esfuerzos colectivos enfocados al bien común, siempre orientadas a las actuaciones positivas, pese a los tonos amenazantes de los ambientes. Las retumbantes parafernalias de las figuras retorcidas deberían espabilarnos hacia el optimismo existencial con energías renovadas. Precisamos de dicha clarividencia en tiempos confusos.

Los males no se remedian a base de reclamaciones o disposiciones legales. La corrupción galopante, las violencias crueles, la degradación de las relaciones, exigen la mencionada CLARIVIDENCIA por parte del mayor porcentaje posible de la gente. De los comportamientos de aspecto caótico, sabemos de sus inequívocas conexiones insospechadas, de su enorme variabilidad, como claro impedimento para su comprensión y tratamientos globales. Por mucho que se diga, las soluciones equilibradas venidas de fuera serán una rareza, estarán orientadas a otros designios. Por lo tanto, la exigencia personal es intransferible, con la enorme carga de incertidumbre soportada.

La mayor ilustración de cuanto ocurre, de los modos y maneras utilizados, está cargada de sinceridad, ocultamientos y tergiversaciones. El palo de la cucaña está resbaladizo, dificulta el alcance de los objetivos deseados y deforma las realidades conocidas. Los análisis certeros exigen mucha atención y buenas observaciones. Las siluetas representan INDICIOS testimoniales de posibles desviaciones o puntos de apoyo, que nos convendrá discernir cuanto antes.
Comentarios
Casas Viejas 11/ago/17    11:36 h.
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