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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Tamagotchis

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 25 de abril de 2005, 22:30 h (CET)
Pobres tamagochis, condenados a una felicidad artificial y a estar todo el día sonriendo mientras se restringen la libertades, sin darse cuenta que la suya también es mermada. A autoproclamarse pacifistas mientras jalean agresiones. A hablar de libertad y democracia mientras pretenden acallar a quien no se somete al pensamiento único. Son el resultado de décadas de educación socialista en las escuelas.

Ellos, en realidad, ni se enteran. Viven en su burbuja de felicidad artificial, soñando con seguir tirados en un comodísimo sofá delante de la televisión un ratito más, mientras mamá les plancha las camisetas. Y deseando que Papá Estado les otorgue alguna subvención para poder seguir vagueando. Sueñan con intervenir en Gran Hermano, la Casa de tu Vida y demás bazofia televisiva. Y esperando con absoluta fruición el próximo insulto al Partido Popular, al Papa Benedicto “dieciseisavo” (es que son LOGSE), a George Bush, a Aznar, a Jiménez Losantos o Urdaci.

Han sido educados en la pereza más absoluta. No conocen el significado de la palabra esfuerzo. Están acostumbrados a que papá les compre todo aquello que desean. Ahora matan por una tele de plasma de 42 pulgadas. Es su máxima aspiración. Son consumistas hasta la náusea, pero odian el capitalismo. Adoradores del relativismo moral.

Y si detestan algo es al individuo y la libertad. Ellos son colectivistas. Porque sólo en el colectivo tienen posibilidad de ocultar sus carencias. Odian al alumno brillante, que se esfuerza y destaca entre los demás. Odian al culto, al estudioso. A ellos quien les gusta son los Boris Izaguirre, Sardá, Bardem, Michael Moore, Polanco y demás fauna y flora. Y ni se dan cuenta que se han hecho multimillonarios a su costa y que son capitalistas salvajes (en algún caso salvaje capitalista). Adoran el socialismo y no se dan cuenta que ellos serán los primeros perjudicados por la subida del paro y la recesión económica. Pero piden más.

Y se sorprenden mucho cuando se organiza una buena juerga a cuenta de los “Pixis y Dixis” de la Ministra de Incultura. Se sorprenden porque ni lo entienden. Sólo saben que es “monísima” y muy, muy “de los nuestros”. Ellos no saben latín, ni historia, ni geografía, ni matemáticas, ni lengua. Al fin y al cabo el saber es fascista. Esto es lo que les han inculcado. Todos son iguales y deben seguir siendo iguales. El listo no tiene derecho a serlo. El esfuerzo no debe ser recompensado, sino castigado.

Se regocijan visionando las imágenes de los asaltos a las sedes del PP el 13 de marzo. Disfrutan viendo en la tele las agresiones a los cargos públicos de este partido. Se mueren de gozo viendo votar a María San Gil entre insultos y empujones y luego hablan de “normalidad democrática”. Flipan con los insultos a la derecha. Alucinan cuando los intelectuales de la SER arremeten contra el Papa, por ser Papa y no progre. Odian a la Iglesia Católica, de la que desconocen absolutamente todo. Son capaces de tachar a Juan Pablo “dos palotes” de nazi. ¡Qué gusto les daría ver arder alguna catedral en nombre de la Paz! ¡Qué maravilla sería ver cómo apalean al “ultra” Acebes en nombre de la Paz! ¡Qué delicia sería que encarcelasen a todos los votantes del PP en nombre de la tolerancia! Piden a gritos la ilegalización del PP por “terroristas” en nombre de la libertad, mientras claman contra la la Ley que permitió, hasta que llegó el Gran Tamagochi del Universo, la ilegalización del brazo político de ETA.

Justifican a los terroristas, en los que siempre ven una “causa”. ETA al final es interlocutora más válida para ellos que el PP. Miran para otro lado cuando las víctimas de ETA salen en las televisiones. Cualquier imagen que distorsione su visión del paraíso terrenal la ignoran y la detestan. ¡Que se callen esos llorones, que me molestan! ¡Serán fascistas!

Claman contra la Guerra de Irak pero comprenden la lucha abertzale y aplauden la venta de armas a pacifistas como el Gorila Rojo. Llaman insurgentes a los terroristas que ponen bombas a las puertas de los colegios electorales iraquíes. Claman contra Bush pero admiran a Fidel y a Chávez. Truenan contra el Papa pero no dicen nada contra el Imán de Fuengirola. Exigen a la Iglesia que se abra a sus modas, cuando ellos se declaran agnósticos y/o ateos. Son tan merluzos que braman contra el socialista Tony Blair y desean que pierda las elecciones generales, para que las ganen los “tories”. (aclaración para tamagochis: tories = conservadores, o sea, derecha).

Se pasan el día hablando de la pobreza en el mundo pero luego van a Davos o Seattle y exigen a los Gobiernos que impongan tasas arancelarias a los países del Tercer Mundo que les impidan competir en igualdad con los países desarrollados. Lloriquean a diario por el hambre en el mundo pero pretender imponer a estos países el sistema de economía planificada que tan buenos resultados en la lucha contra la pobreza ha dado siempre en los países socialistas. Todo lo justifican con el hambre (eso sí, hambre de conocimientos no tiene ninguno de ellos). Pero ellos y sus líderes quieren tanto a los pobres que los fabrican por millones, allí donde se alzan con el poder. Adoran a Chávez y ni saben que el índice de pobreza en Venezuela ha subido al 53% bajo su mandato. Ignoran que el 70% de los niños menores de 2 años venezolanos sufren desnutrición.

Repiten como loros lo que sus nuevos clérigos truenan desde sus púlpitos radiofónicos, periodísticos o televisivos en las homilías correspondientes. Así son capaces de defender un argumento y su contrario en menos de un mes.

Eso sí, se creen los más listos y más demócratas del mundo. Y deciden e imponen quiénes son los demócratas.

Son tamagochis a los que el pensamiento único viste, lleva al wáter, da de comer y de beber y ve crecer. Y les dice a quién deben de votar. Y ellos, a hacerlo. Porque son muñequitos encerrados tras una minúscula pantalla líquida. Son el resultado de la imposición del pensamiento único en las escuelas. Eso sí, no tienen botón de “reset”. Por eso acaban encerrados en sedes de IU o del PSC llamando fascistas a sus dirigentes. Son los tamagochis del odio.

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