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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Libros libres

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 24 de abril de 2005, 22:16 h (CET)
Hoy, mientras estoy escribiendo lo que ustedes leerán mañana domingo, los libros abandonan por unas horas la prisión de los anaqueles de centros comerciales y viejas librerías para tomar la calle. Una vez al año el libro es el gran protagonista del 23 de Abril. A estas horas las Ramblas de la ciudad de Barcelona estarán llenas de paseantes, olisqueando el olor a recién impreso de infinidad de títulos mezclado con el perfume de las rosas que junto con un libro regalaremos a la persona amada. Cuando T. S. Elliot escribió que “Abril es el mes más cruel” no conocía los abriles mediterráneos, donde con el estallido primaveral comienza a reverdecer las plantas y a extender el meloso olor a azahar por las calles de las ciudades bañadas por el viejo Mare Nostrum. Los libros también celebran la primavera y acuden en busca de amante, en este caso disfrazado de lector.

Pero la triste verdad es que una vez pasado el día de San Jorge los libros vuelven a su lugar, a las viejas estanterías donde muchas veces permanecen en el más triste de los olvidos. De acuerdo con las estadísticas los españoles no somos muy dados al placer de la lectura y lo que todavía me parece más grave y preocupante es que hay una franja de edad, la de la adolescencia, donde el amor por los libros cae a mínimos. Los estudiosos del tema deberían valorar este hecho. Durante el periodo de educación obligatoria en las escuelas se ha obligado a los estudiantes a leer unos determinados textos literarios, generalmente clásicos difíciles de entender en esa edad. El hecho de que algo como la lectura sea una obligación puede hacer que muchos adolescentes, en un rebote propio de la edad, dejan de leer cuando ya nadie se lo exige. Yo recuerdo de mi infancia las lecturas obligatorias del Quijote que se nos hacían largas y soporíferas. Ahora es uno de los libros que abro de cuando en cuando por cualquiera de sus paginas y siempre lo encuentro ameno y educativo.

El libro tiene en estos momentos muchos competidores pero no por eso desparecerá. Las nuevas generaciones han crecido dentro de una cultura de la imagen y para ellos es mucho más cómodo y gratificante ver la televisión o jugar en el ordenador o la play station a cualquiera de los juegos de moda que tomar un libro y vivir en primera persona las aventuras que en él se cuentan. Nada hay tan placentero como coger un libro con las páginas unidas- de los que cada día se editan menos- e ir abriendo página a página sus secretos con un pequeño cortaplumas. Es como ir descubriendo, con cada hoja abierta, los inmensos placeres que se encierran entre los capítulos del libro.

Este sábado los libros han estado en la calle. Los editores han alegrado la cara al oír el dring de las cajas registradoras y los autores se han exhibido ante un público que también quiere verlos de cerca y llevarse a casa una firma con una pequeña dedicatoria. Espero que este año no le haya pasado a Maruja Torres como el pasado donde una señora la confundió con Isabel Pantoja y le dio el libro para la firma. Sin inmutarse la escritora catalana estampo en la primera página del libro: “Con afecto. Ana Botella”. Hasta en una pequeña dedicatoria se pueden apreciar la calidad y la cualidad de los autores.

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