Los aymaras se convierten en la nación indígena más influyente de América Latina
Los 2 millones de aymaras son la mayoría en una zona contigua entre Bolivia y Perú (y en algunas pocas comarcas cercanas de zonas que Chile en 1879-83 arrebató a ambos países). Si bien hay más hablantes del quechua o del guaraní (muchos de cuyos dialectos parecen idiomas aparte), los aymaras son más compactos en su lengua, territorio, cultura, vestimentas y fisonomía.
A diferencia de los separatistas vascos o kurdos que han producido guerras o guerrillas, los aymaras no apuntan a escindirse de Perú o Bolivia, sino a transformar a estas repúblicas en más multiétnicas y, eventualmente, pueden dar paso a una mayor integración de lo que antes fuera el ‘bajo’ y el alto Perú.
Hoy los aymaras son la principal base electoral de los gobiernos electos tanto de Bolivia como de Perú. Evo Morales Ayma, tal como lo denota su apellido materno, es de origen aymara aunque él se haya forjado como líder de los campesinos cocaleros del quechua-hablante Chapare. Las zonas aymaras de La Paz y de su natal Oruro son las que le han dado sus mejores resultados electorales. El Alto, la urbe más aymara de Bolivia (y la cuarta en población), jugó un rol central en las huelgas generales que tumbaron a los presidentes Sánchez de Losada y Mesa para luego hacer que Morales ganase las presidenciales de fines del 2005.
En el convulsivo Puno, la región aymara fronteriza con Bolivia, Ollanta Humala obtuvo en la segunda ronda presidencial 490,000 votos, sacando allí su mejor ventaja ante su rival Keiko Fujimori (350,000) y su mejor porcentaje de votos válidos (77.9%).
Durante la dictadura nacionalista de Velasco en Perú 1968-75 se oficializó al quechua pero se le dio poca importancia al aymara. Al mismo tiempo en Bolivia los sindicatos campesinos aliados a las juntas militares empezaron a diferenciarse impulsando la figura de Túpac Katari, el líder aymara que en los 1780s atacó a La Paz.
Este proceso dio paso a la estructura de la confederación campesina katarista (CSUCTB) y a los nuevos partidos indianistas y kataristas, uno de cuyos líderes sería vicepresidente de Sánchez. El actual vicepresidente boliviano Álvaro García impulsó hasta 1992 el Ejército Guerrillero Túpac Katari.
Ese nacionalismo se ha potenciado con la masiva inmigración aymara a varias urbes de Bolivia, Perú y Chile y postula el retorno a cultos y culturas precolombinos, y tener un calendario y una bandera propios.
Aunque sus críticos digan que mucho de esta simbología es creación moderna, se debe reconocer que este nacionalismo se ha enraizado en la población y se ha consolidado como un factor internacional. Si éste no desemboca en un mayor acercamiento e integración de Bolivia, Perú y Chile, puede acabar provocando nuevos separatismos.