Los dos primeros países suramericanos que recientemente adoptaron constituciones izquierdistas decidieron modificar sus nombres oficiales. La ‘República de Venezuela’ se transformó en ‘República Bolivariana de Venezuela’ y la ‘República de Bolivia’ en ‘Estado Multinacional de Bolivia’. Mientras en el primer caso la referencia a Bolívar fue agregada, en el segundo es la única parte del nombre original que se retuvo. Ambas repúblicas son las únicas del mundo que tienen en su apelativo oficial el apellido de un general.
El primer bloque en la historia de Estados izquierdistas en Latino América y el Caribe se llama Alternativa Bolivariana para nuestra América (ALBA), la cual integran 8 países. Además hay una red de partidos que se identifican con el ‘socialismo bolivariano’ que son parte del Congreso Bolivariano de los Pueblos donde están partidos gobernantes de otros países que no son parte del ALBA (El Salvador, Perú y Uruguay) o que gobiernan importantes capitales (como Bogotá). Hasta la única guerrilla significativa que queda operando en Occidente (las FARC) tienen su propio movimiento bolivariano.
Este gran deseo de tomar el membrete de Bolívar contrasta con la forma en la cual las secciones de la Internacional Socialista fundada por Engels en 1889 y de la Internacional Comunista creada por Lenin en 1919 utilizaron la figura de sus gestores. Ninguno de los más de medio centenar de países que han sido gobernados por algún partido proveniente de la primera (incluyendo casi toda Europa, Australasia y muchos países de América Latina) o de las casi 40 naciones que fueron o son administradas por comunistas pusieron a Marx, Engels o Lenin dentro del nombre oficial de sus respectivos Estados o de las asociaciones multinacionales que erigieron (como la Comecon o el Pacto de Varsovia).
Lo paradójico es que este general venezolano que vivió en 1783-1830 nunca reivindicó al ‘socialismo’, modelo de igualitarismo social que se fue planteando después de su muerte en Europa. Bolívar liberó a los Andes, pero en lo esencial mantuvo a las mismas sociedades donde había discriminación hacia los esclavos o los siervos indios. Marx mismo le tildó de ser un rico terrateniente que quería ser un autócrata Bonaparte, mientras que él instaba a los proletarios a que se rebelasen contra la clase que representaba Bolívar.
El asumir la figura de Bolívar de una forma ‘más papista que el papa’ obedece a los intentos de una nueva izquierda de distanciarse de su pasado insurreccional o radical para aparecer como encarnaciones de un nuevo nacionalismo democrático, y también es el símbolo de una nueva Venezuela, que nunca tuvo un Estado precolombino o un virreinato colonial, para reivindicar al único compatriota suyo que llegó a tener una gran presencia política y militar más allá de sus fronteras.