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Etiquetas:   El Consueta   -   Sección:   Opinión

Benedicto XVI: más de lo mismo o peor

Félix Población
Redacción
jueves, 21 de abril de 2005, 22:18 h (CET)
Como no pocos de sus fieles, soy de lo que piensa que Juan Pablo II debió retirarse del solio pontificio mucho antes de inmolar su decadencia física a la aldea global. En ese sentido sigo creyendo que el nunc dimittis de su testamento espiritual, mediado el año 2000, expresaba esa humana y comprensible intención, propia de una persona ya seriamente enferma. Su continuidad al frente de la iglesia de Roma a lo largo de todo un lustro, pregonada como un holocausto de entrega a la institución, contó con una ferviente feligresía proclive a la muy católica estimación y admiración del sacrificio. Esos cinco años de obstinada prórroga, sabiamente gobernados desde la curia vaticana mediante un intensivo despliegue mediático, le han valido a Wojtyla un meritorio pasaporte hacia la santidad y a la institución una decisiva credencial para mantener la línea continuista y conservadora, refrendada ahora con la elección de Joseph Ratzinger.

Es de temer, aunque no se descarten del todo las sorpresas, que el papado del Benedicto XVI se inscriba en los derroteros del miedo que lo han gestado y sobre cuya mentalidad se expresaba no hace mucho el teólogo brasileño Leonardo Boff, silenciado precisamente por el cardenal alemán junto a otros 140 colegas: Lo que se da en Roma, sobre todo en la curia -dijo-, es miedo. Miedo a los laicos, mucho miedo a las mujeres, miedo a los pobres, miedo al Tercer Mundo, miedo al pensamiento crítico y libre, miedo a que otras religiones puedan crecer más que el cristianismo. La misión de la iglesia sería, según Boff y la adscripción teológica que defiende, hacer del capital ético y espiritual de la fe, bíblicamente opuesta al miedo, una fuerza movilizadora contra la opresión y un motivo de liberación

La pronta fumata blanca del pasado martes en el Vaticano no augura esos propósitos. Un nuevo Papa europeo, por otra parte, podría hacer creer que a la católica iglesia le preocupa la desmovilización vocacional que sufre la institución en el continente. No conseguirá paliarla, sin embargo, si se empecina en proseguir su misión contra natura y a la zaga de la vida.

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