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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Estados Unidos   -   Sección:   Opinión

Quienes reniegan de Trump lo hacen de la democracia

Sumergidos en una rara mezcla de contradicciones
Miguel Massanet
lunes, 31 de julio de 2017, 00:00 h (CET)
Los republicanos americanos, los que parece que quieren hacerle la vida imposible a su teórico líder, el señor Donald Trump, amargándole cada una de las votaciones que tienen lugar en el Congreso norteamericano; parece que están sumergidos en una rara mezcla de contradicciones que, de seguir por este camino, lo más probable es que consigan acabar con un partido que viene existiendo en los EE.UU de América desde que se fundó en marzo de 1854, siendo su primer presidente de la nación americana el señor Abraham Lincoln (16º) en el año 1861. Es conocido como el “gran partido viejo”.

Siempre, la nación americana, había sido considerada el summum de la democracia, respetuosa con las decisiones de las mayorías y cumplidoras con los dictámenes de la Comisión Electoral, cuando confirma la validez de los resultados de las urnas cada vez que, según las leyes americanas, se debe acudir a votar a un nuevo presidente, ya perteneciera al partido Demócrata o al Republicano.

En esta ocasión, en la que el elegido ha sido el republicano señor Trump, un millonario un tanto particular, con ideas avanzadas respeto al futuro de su país y nada convencional en sus modos y maneras; parece que los demócratas no han sabido encajar con deportividad lo que, para ellos, era impensable: que el señor Trump, con su populismo y su poca ortodoxa forma de promocionarse, consiguiera imponerse al peso pesado de la política estadounidense, la señora Hilary Clinton, la esposa del que fue presidente de los EE.UU el señor Bill Clinton. No obstante, el descontento por el triunfo del señor Trump no se ha centrado sólo en el partido Demócrata, sino que, por una de estas circunstancias que pocas veces se dan cuando se juega la presidencia de la nación americana entre demócratas y republicanos, se puede decir, sin temor a equivocarse, que una gran parte de los republicanos, de aquellos que pertenecen al mismo partido que Trump, hubieran deseado fervientemente que su partido hubiera perdido las elecciones presidenciales.

Y esta circunstancia, así como los hechos que se van produciendo en estos primeros meses del accidentado periplo de Donald Trump por la presidencia de la nación americana; nos hace reflexionar sobre los verdaderos motivos para que determinados lobbies republicanos se hayan mostrado tan críticos con la persona, evidentemente singular y un tanto histriónica, del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Se le puede reprochar una cierta precipitación en la toma de decisiones; una urgencia en solventar el tema de los inmigrantes mexicanos y el no haber tenido en cuenta las dificultades de la campaña a cara de perro contra el Obamacare y los intereses que, seguramente, deben existir en algunos sectores republicanos que están intentando que no se acabe con el proyecto sanitario del anterior presidente, hasta que los propios republicanos hayan preparado una ley capaz de aminorar los efectos de la eliminación del actual sistema sanitario público, creado por los demócratas, como el gran proyecto legislativo del paso de Barack Obama por el poder, quizá el único que, aunque parcialmente, haya conseguido introducir.

En todo caso, el hecho de que lo único que los demócratas y todos aquellos que le han declarado la guerra abiertamente al nuevo presidente republicano, parezca ser que obtuviera información de los secretos guardados por los Kennedy de parte de los rusos que, de alguna forma, pudieran haber contribuido al fracaso electoral de Hillary, no es nada nuevo en las campañas electorales en los EE.UU, ya que el buscar escándalos entre los parientes de los políticos, el indagar en los negocios de los allegados a la familia de los aspirantes a ocupar un cargo público o el rastrear en las relaciones con lobbies o mafias dedicadas a la venta de drogas, se puede decir que es el ABC de cualquier votación que tenga lugar en la nación norteamericana.

Supongamos que las deslealtades con el señor Trump, por parte de sus correligionarios del partido republicano, llegan a constituir un freno importante para impedir que, el señor Trump, pueda llevar a cabo las promesas que les hizo durante su campaña electoral a los que acabaron por votarle, dándole la victoria; sin que, como ya está sucediendo, se pueda culpar de negligencia al Presidente, si no al obstruccionismo de quienes deberían colaborar y ayudarle para que pudiera sacar adelante su labor legislativa para cumplir con su oferta de disminuir la presencia de inmigrantes mexicanos o impedir que sujetos procedentes de países conocidos por la presencia de terroristas del EI, puedan entrar en los EE.UU para proceder a atentar contra los ciudadanos americanos.

¿Piensan ustedes como iban a reaccionar contra los jueces que han impedido las leyes del gobierno limitativas de la entrada de posibles terroristas? ¿Se imaginan lo que pensarían los americanos si se llegara a producir una masacre, parecida a la del 11M, en la que muriesen unos cuantos cientos de ciudadanos norteamericanos? O ¿cómo pueden ahora justificar la oposición a la continuación del muro que inició el señor Obama, sólo porque, en esta ocasión, ha sido el señor Trump quien ha decidido su continuación? Es cierto que hay un cierto apresuramiento, parecido al que existe en España por parte de Podemos y los socialistas del señor Sánchez, para desbancar a Rajoy, sabedores que la situación de España está mejorando cada día y que, todas las mentiras que van diciendo respecto a la mala situación de los españoles, a medida que transcurran los meses y vaya mejorando el empleo, tal y como viene sucediendo, cada vez sus mentiras van a resultar más evidentes y sus resortes para actuar en contra del gobierno de Rajoy van a resultar menos sólidos e ineficaces.

Saben que, si le dan tiempo a Trump, si le permiten llevar a cabo sus proyectos o desde el extranjero se producen algunas de las amenazas, como las de la república de Corea del Norte, que se llegaran a materializar; todos los mojigatos que ahora le critican su enfrentamiento con Kim-Jong-Un, se iban a cambiar inmediatamente de chaqueta apoyando una acción militar para pararle los pies a un loco sicópata que, con toda seguridad, no lo dudaría un momento si tuviera que apretar el botón rojo para desatar una guerra nuclear. Resulta patético que los tiralevitas del partido demócrata, los pacifistas de siempre, que son contrarios a una nación fuerte militarmente o los que, como en su día aconteció con las gestiones del primer ministro inglés, señor Neville Chamberlain, antes de que se produjera la segunda guerra mundial, intentando calmar a Hitler a base de cesiones territoriales hasta que, finalmente, en el peor momento para los ingleses, ya no hubo forma de detener a los nazis en sus propósitos de apoderarse de toda Europa.

Siempre hemos dicho que, la CE, se ha venido aprovechando de los EE. UU para que, en todas las ocasiones en las que las fronteras de Europa estuvieran amenazadas por algún enemigo potencial, fueran ellos, los norteamericanos, y no los europeos los que asumieran el protagonismo y se enfrentaran con sus soldados a la amenaza que se cernía sobre todas las naciones europeas. A nadie debe sorprender que el señor Trump les haya cantado las cuarenta a los señores de la OTAN, advirtiéndoles de que la defensa de nuestra comunidad le corresponde al Ejército formado por todas las naciones que integran la comunidad. Y que, por muy triste que nos pudiera parecer o por mucho que les disguste a los ciudadanos de esta gran familia de la UE, nos vamos a tener que acostumbrar da que sean nuestros soldados y nuestras máquinas de guerra las que deban enfrentarse a quienes amenacen las fronteras pretendiendo imponernos sus leyes o su fuerza. Y, de paso, a que sean los hijos de nuestras familias los que mueran por ello.

O así es como, señores, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, debiéramos aprender a aceptar como algo natural lo que sucede en otros países, dejar de pretender ser los que siempre tienen la razón o los que enmiendan la plana a lo que hacen en otros países que nos llevan muchos años de ventaja en cuanto a la práctica de la democracia, que nos pueden dar lecciones a todos en este tema y que, por mucho que intentemos mostrarnos superiores a ellos, basta que echemos u vistazo a nuestros políticos, a lo que sucede en Cataluña o al comportamiento de nuestros parlamentarios, para darnos cuenta de cuánto nos queda por aprender antes de atrevernos a mirar con superioridad a quienes, hoy por hoy, nos superan en todo, por mucho que en nuestra ignorancia nos atrevamos a mirarlos con desdén, el desdén propio de quienes todavía tienen mucho que aprender sobre democracia.
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