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Los temores que acechan al inversor español

Carlos Sánchez Ponz
Redacción
domingo, 24 de abril de 2005, 21:58 h (CET)
Entre los cientos de datos y estadísticas que encontramos cada semana en la prensa financiera hay uno que me ha llamado especialmente la atención, y que recoge el porcentaje de inversores de capital que se define como arriesgado dentro de los principales países de la Unión Europea. El resultado, elaborado por el prestigioso banco alemán Deutsche Bank, concluye que españoles y germanos son los menos propensos al riesgo, ya que apenas superan el 10 % de inversores ‘atrevidos’, frente al casi 16 de franceses y belgas, o el sorprendente 25,8 % de los ingleses.

Aunque todo esto no deja de ser algo fútil a la hora de realizar un análisis serio sobre la Economía de un país avanzado, la pregunta que sale a colación es la de en qué invierten sus ahorros los españoles. La respuesta para muchos es clara: en ladrillos. La angustiosa especulación que sufren las pequeñas y medianas propiedades de las principales ciudades españolas han convertido en una auténtica odisea la compra de su primera vivienda para muchos jóvenes. Pero no nos quedemos en un análisis superficial e intentemos encontrar más factores que expliquen el miedo al riesgo que padecen los ahorradores en nuestro país.

Según datos de Marzo de 2005, las tres principales elecciones de nuestros inversores para ‘colocar’ sus excedentes de capital son por este orden: los planes de pensiones (opción preferida por el 22% de los ciudadanos), los seguros de vida (con el 14,7%) y los depósitos a plazo fijo (12,5%). Es decir, en España se apuesta por empresas seguras y a largo plazo, en donde las posibilidades de fracaso sean realmente muy limitadas. Muy lejos de las preferencias de nuestros inversores se encuentran objetivos más arriesgados e inciertos como las acciones internacionales (apenas un 2%) y no digamos los derivados financieros, como los warrants o las opciones de futuro, que se colocan en un 0,7%.

Pero también es importante señalar que a día de hoy España es el país de la Unión Europea con menor penetración de los productos de inversión, esto es, que nuestro país es la nación europea que menos ahorra de todas las de nuestro entorno. La tradicional escasa cultura financiera que demuestra el pequeño y mediano inversor de nuestro país se suma a la escasa tendencia ahorradora actual, motivada tanto por factores derivados de la publicidad como por el propio nivel de vida que se ha ido imponiendo en las sociedades de las principales urbes, como Madrid o Barcelona.

Aunque para muchas cosas la prudencia es una virtud (y en temas económicos sobre todo), la pasividad española frente a las nuevas oportunidades de negocio puede afectar a las relaciones financieras a escala global que se están produciendo en estos momentos, si bien de esta manera se evitan posibles catástrofes como la todavía temida burbuja tecnológica de hace poco más de un lustro. En el término medio está la virtud, y ahí es donde España debe articular sus tendencias inversoras en el futuro, que le ayuden a proyectarse como una de las principales potencias económicas europeas.

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