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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Rajoy   -   Sección:   Opinión

El efecto boomerang de la encerrona a Rajoy

"En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela." Antonio Machado
Miguel Massanet
viernes, 28 de julio de 2017, 00:00 h (CET)
Es evidente que existe una confabulación de determinadas fuerzas políticas españolas para intentar, por todos los medios a su alcance, sin reparar en métodos, martingalas, contubernios ni marrullerías, para evitar que el PP del señor Rajoy pueda seguir al frente del Gobierno de España, para lo cual parece que no hay malicia que no sea útil, engaño que no valga ni indecencia que no esté permitida, siempre que vaya dirigida a desacreditar, calumniar, difamar y agraviar al PP y a las personas que lo integran. Es evidente que, entre aquellos partidos políticos que más se vienen destacando en esta operación de caza y derribo, se encuentran de forma destacada, el PSOE del señor P. Sánchez y Podemos del señor Pablo Iglesias.

Pero si pudiéramos llegar, en un esfuerzo de lógica y pragmatismo sobre las prácticas habituales usadas por aquellos que han hecho de la política, en lugar de un medio de servir a la nación, de dar prosperidad a los ciudadanos o de elevar el concepto de la patria dentro de la comunidad internacional, un método para conseguir el poder; un sistema para apartar a cualquiera que se les ponga por delante, usando cualquier método amoral o ilícito del que pudieran disponer o un sistema práctico para enriquecerse o tener opción a los arcanos del poder; existen otros factores, por desgracia demasiado contaminados por personalismos ideológicos; fanatismos políticos; ideas equivocadas de lo que representa la Justicia y sus formas de administrarla o concepciones poco éticas de cuáles son las tareas de los funcionarios encargados de la aplicación de las leyes, de la forma de interpretarlas y de los subterfugios para favorecer a quienes consideran que forman parte de su grupo ideológico o perjudicar, a veces sutilmente, a los que califican como adversarios; capaces de incurrir en errores garrafales, en el ejercicio de sus funciones.

En España, tenemos un órgano judicial al que conocemos como la Audiencia Nacional, creada por Real Decreto de 4 de enero de 1977, al tiempo que se suprimía el Tribunal de Orden Público; y, en un principio, sus facultades se reducían a juzgar los “delitos de terrorismo y otros de ámbito estatal”. En realidad, se compone de: un orden jurisdiccional penal, con dos salas: la Sala de lo Penal y la Sala de Apelación. Un orden jurisdiccional contencioso-administrativo, con la Sala de lo Contencioso-Administrativo y un orden jurisdiccional social, con la Sala de lo Social. La Audiencia Nacional conoce, entre otras, de materias de especial importancia como:

En materia penal de determinados delitos contra la Corona o miembros de Gobiernos, delitos de crimen organizado como terrorismo, narcotráfico, falsificación de moneda, y de delitos cometidos fuera del territorio nacional cuando conforme a las Leyes o a los tratados corresponda su enjuiciamiento a los tribunales españoles.

Expertos en la materia estiman que no debería existir este organismo que, en un principio tenía una justificación ante la aparición del delito de terrorismo pero que, con el tiempo, ha ido entrometiéndose en funciones que estarían perfectamente desempeñadas por el TS, con el que no ha sido raro que tuvieran sus diferencias. Lo cierto es que, a diferencia de lo que ha venido sucediendo con los magistrados del más alto tribunal de la justicia, el Tribunal Supremo, la Audiencia nacional ha resultado ser vivero de magistrados estrella, de señores que se han destacado por el protagonismo que han ido adquiriendo por su particular manera de administrar la Justicia, en muchos casos con asombro de muchos ciudadanos que han visto, en sus resoluciones, partidismo, interpretaciones aparentemente escandalosas de las leyes y una fuerte carga de influencia política que, en ocasiones, como fue el caso del inefable juez Garzón, llegaron a tal punto de chulería y desprecio por las leyes que llegó a cometer prevaricación en el ejercicio de su cargo, lo que le representó ser sancionado con diez años de suspensión del ejercicio de su carrera de magistrado.

Entrado en el caso particular de la comparecencia del señor Rajoy, todo un presidente del Gobierno español; una comparecencia atípica por la forma en la que ha sido programada, obligándole a acudir en persona a la Audiencia y a sentarse en el banquillo de los acusados y, por si fuera poco, uno de los abogados de la oposición ( del PSOE, como no podía ser de otra manera), todavía se ha quejado al presidente de la sala porque le han permitido sentarse a un lado de la presidencia en lugar de en el centro, frente a los magistrados. Como español, como ciudadano de derechas y como persona no me queda otro remedio que criticar que, como han venido haciendo con otras personas a las que han interrogado y, todavía más, en calidad de testigo y no de imputado, no se le haya permitido hacerlo por medio de video-conferencia. En realidad, la Sala ha cambiado de opinión ya que, al principio, dos de los magistrados estaban apoyando la video-conferencia y uno se oponía; no acabamos de entender el motivo para que, finalmente, hayan cambiado de parecer y hayan sido dos los que han pedido su comparecencia en persona y uno el que se mantuvo en su primera opinión.

En realidad, los abogados, este grupo de abogados de izquierdas que han actuado como acusación particular, han resultado ser socialistas, un grupo que ya ha intervenido en otras ocasiones y que, por su marcada tendencia izquierdista, siempre lo han hecho con la intención de perjudicar al gobierno y a su presidente. La pinza ha sido hábilmente preparada con la presencia de Podemos y de los socialistas, como es natural impulsados por su secretario general, P.Sánchez que ha caído en la trampa de adelantarse a pedir que Rajoy presentase la dimisión ante el Rey, antes de averiguar cuál había sido el papel del señor Rajoy ante el “hábil interrogatorio”, más propio de un fiscal acorralando a un delincuente que lo que, en puridad, debería ser un simple interrogatorio a un “testigo”, que debe sólo responder de lo que conoce, de lo que ha visto, oído o tocado directamente y no de lo que otros le hubieran contado o de su opinión sobre los hechos que ha conocido, labor en todo caso de los peritos.

El señor Pablo Iglesias sigue emperrado en reproducir, con el apoyo del líder del PSOE, una nueva moción de censura contra el Ejecutivo cuando, apenas hace unos meses, él tuvo el fracaso más sonado de su carrera cuando lo intento, gastándose la oportunidad de volver a hacerlo en un momento más favorable para sus intereses. Naturalmente P. Sánchez no quiere desperdiciar su oportunidad en salvas inútiles y menos para favorecer los intereses de su principal rival en las urnas. Esta representación que, con la colaboración de la AN, han montado en comandita, con la intención de dañar la imagen de Rajoy y del PP de cara a unas próximas elecciones; es posible que no sólo les haya salido mal, debido a que Rajoy es un excelente parlamentario que ha toreado como le ha dado la gana a unos cuantos abogados, más cargados de mala fe y de prejuicios que de habilidad dialéctica, sobre la que don Mariano les ha dado un verdadero baño.

Además, no han tenido en cuenta lo que se podría denominar como “efecto rebote” o, como diría Murphy en una de sus famosas leyes: “Una vez que hemos tomado un desvío equivocado continuamos haciéndolo tozudamente”, han dejado de tener en cuenta una particularidad de los votantes habituales del PP y que se ha ido confirmando, votación tras votación, precisamente en los momentos en los que el peligro de una futura alianza de la izquierda moderada ( teóricamente) del PSOE y la izquierda radical de Podemos e IU ha estado a punto de producirse, en los que todos los que tenían algo que reclamar a los dirigentes del PP por sus incumplimientos de las promesas electorales, han vuelto a votarle ante el hecho indiscutible de que, en la actualidad, no existe ningún partido capaz de hacer frente a esta nueva invasión de izquierda frente populista.

Basta que la tenaza de los partidos de izquierdas, no olvidemos de aquellos cuyos ancestros fueron los causantes de la Guerra Civil, amenaza con convertir a nuestro país en un partido tercermundista al estilo de Venezuela, todos aquellos indecisos, con cuentas pendientes con los dirigentes del PP, enfadados con Rajoy o disgustados con sus métodos, se olvidan de todo y acuden unánimemente en su auxilio, sabedores que fuera del PP, con todos su defectos y reformas necesarias, sólo existe el inmenso vacío del abismo que se abre debajo de las falsas promesas de aquellos que quieren enfrentarse a toda Europa, para arrastrarnos al Averno soviético. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos menos que rebelarnos ante aquellos que intentan, por todos los medios, con ayuda de una Justicia demasiado politizada, encaminarnos de nuevo hacia la España de los años treinta, cuando España estaba en las vísperas de una lucha entre españoles, por las malas artes de unos dirigentes republicanos incapaces de gobernar debidamente y entregados a la voluntad de las masas comunistas. Nunca olvidemos el coste humano de aquel enfrentamiento.
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Luis Roldán 29/jul/17    02:10 h.
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