Zapaterista quiero decir. Buscan culpables y buscan aclarar el panorama interno del PSOE. Están echando una mano pero uno no sabe si es para ayudar o para agarrar las partes pudendas. Depende de la interpretación y de la perspectiva, por lo tanto del lugar que ocupa cada lector.
Uno se asombra de que se asombren. Me admiro de que haya pasado tanto tiempo anunciándose la hecatombe y les haya pillado con la guardia baja. No entiendo que a estas horas no esté todo resuelto, cuando semanas antes del 20 de noviembre todos intuíamos por donde iban a ir los votos. Es más, hasta cabía esperar mayor diferencia dado que el PP no ha sacado en Cataluña ni en el País Vasco los resultados que se le pronosticaban.
El País predica en su homilía dominical quién debe retirarse, y quién no, de la carrera electoral socialista, bendice a unos y señala a otros, achaca a quién se debe y a quién no se debe la sangrante derrota, qué debe hacerse y qué debe estar prohibido. Y quien debe hacerlo o impedirlo. Llega un momento en que uno se sorprende tanto que no sabe dónde está el límite del absurdo.
Hay algo que no termino de entender... ¿es que nadie sabía la que se avecinaba? ¿Es que nadie preveía lo que inevitablemente iba a ocurrir? ¿Es que nadie pudo dar con el tiempo suficiente esos consejos que ahora deben resultar tan fáciles y evidentes? ¿Es que no se supo entonces lo que iba a pasar y cómo solucionarlo? ¿Nadie pudo advertir a Zapa de sus errores y limitaciones?
Porque si nadie pudo indicar entonces que el camino tomado por el PSOE era el más inadecuado, si nadie pudo dar a Zapatero el aviso de que ese rumbo llevaba a la ruina tanto al PSOE como a España entera, hacerlo a toro pasado resulta demasiado evidente y facilón, ¿no?
Y ya puestos a ello, ¿por qué todo el debate en el interior del PSOE se centra en quién debe asumir la secretaría general del partido, por qué la lucha está depositada en los nombres de los candidatos, por qué el debate es la juventud o la experiencia, el sexo o la procedencia geográfica de los candidatos y nadie habla del programa, nadie habla de renovación ideológica, nadie habla de programa? ¿No debería ser infinitamente más importante acordar un rumbo, unas ideas, una tarea? Y luego decidir quién las lleva a cabo, quién está preparado para ello, con independencia de su nombre.
Sólo debería haber un impedimento: haber apoyado a un innombrable que ha insultado a España debería ser, al estilo de los deportes, una falta descalificante. En cualquier país sería suficiente, pero estamos en España.