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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La dictadura del cuchillo

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
martes, 19 de abril de 2005, 23:06 h (CET)
Impacto total. Dada la falta absoluta de noticias edificantes a que nos tiene tristemente sometidos la cotidianeidad mediática, la televisión amarillenta nos anuncia con medias verdades la atávica amputación ritual del prepucio del pobre hijo del rey de Marruecos, azote de periodistas. El saber no ocupa lugar: si se hubiera tratado del régulo de Somalia, hubiera hecho también lo propio con su pobre hija. Morbosidad sobre morbosidad, la truculenta crónica visual relata sin reparo como la ocasión, decretada como auténtica celebración festiva para los habitantes del vecino país, ha servido para subrayar todavía más el carácter arbitrario y personalista del régimen político que lo gobierna, en tanto que la sanguinaria ceremonia no sólo se ha organizado en el marco de una fastuosa circuncisión masiva y gratuita, sino que ha sido además acompañada por especiales medidas de gracia colateral tales como limosnas a los pobres y amnistía carcelaria. No hubieran estado de más, sin embargo, algunas aclaraciones sustanciales relativas a detallar la enésima puesta en escena del sacrificio Abrahámico, especificando, por ejemplo: si una delegación oficial española bendijo el emotivo evento con su presencia; si fue el mismo padre quien arrancó personalmente en vivo tan sensible conjunto de tejidos erógenos; si la circuncisión se aplicó también a los animales domésticos de Palacio, si se empleó el mismo cuchillo que se utiliza para degollar carneros o si se hizo de un mordisco limpio, con los dientes, tal y como se hace todavía, en ocasiones, entre los hebreos.

Para contextualizar tan sádico protocolo, no se recordó públicamente, tampoco, lo cual hubiera sido muy pertinente, que ninguno de los países confesionalmente mahometanos ha suscrito plenamente la Carta de los Derechos Humanos, ni mucho menos la Convención de los Derechos del Niño, porque en todos ellos prevalece absolutamente, la primitiva tiranía despótica de la tradición y el llamado derecho coránico.

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