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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿De qué parte está usted, señor P. Sánchez?

“Si nunca dije la verdad fue porque la verdad siempre fue una mentira…” Desconocido.
Miguel Massanet
domingo, 23 de julio de 2017, 07:53 h (CET)
Si en España, en esta cuitada España del día de hoy, hay alguna persona que viene entrañando el peligro de que el país entre en involución; de que nuestra nación, en vías de recuperación de sus problemas derivados de la crisis del 2008, pueda acabar cayendo en las manos de este comunismo bolivariano que nos viene amenazando desde hace unos años; dirigido, capitaneado y dominado por este personaje, Pablo Iglesias, de físico semejante al del guerrillero cubano Ché Guevara, y de ideas soviéticas y estalinistas, capaces de acabar, en un corto espacio de tiempo, con todo el bienestar, progreso, paz, orden y tranquilidad de los que hemos estado disfrutando durante los años anteriores al advenimiento de la crisis internacional, que nos ha afectados durante los ocho últimos años y que, gracias a la labor del gobierno del PP, estábamos empezando a recuperar de nuevo.

Este personaje, capaz de resucitar de sus propios errores, que provocaron que fuera fulminantemente apartado del poder por los miembros de su propio partido y que, por su habilidad en hacerse con el apoyo de los miles de ciudadanos ávidos de venganza, rencorosos y nostálgicos de aquellos años en los que sus colegas de la II República consiguieron llevar a nuestra nación a las puertas de su autodestrucción, de la que nos libramos, por mucho que se le quiera hurtar el mérito, gracias al general Franco que impidió que los proyectos frente populistas del señor Stalin, consiguieran instaurarse en España, pese a que estuvieron a punto de conseguirlo. Pedro Sánchez consiguió que, el populismo radicalizado de las bases de su partido, saliera en su ayuda, viendo en él al líder que no conseguían identificar en el resto de barones del partido socialista y tampoco en Susana Díaz, por considerarlos poco extremistas, faltos de la radicalidad que ellos exigían al nuevo dirigente que ellos deseaban, que debía ser capaz de acabar, de una vez, con el predominio de la derecha durante las últimas legislaturas.

Hubo unos momentos en los que su reaparición en la esfera política, después de su victoria en las Primarias de su partido, en los que llegamos a pensar que, el personaje, había cambiado, que el tiempo que estuvo en el ostracismo le había hecho reconsiderar los errores que cometió; que sus reflexiones le habían convencido que el enfrentamiento a cara de perro que mantuvo con Rajoy, negándose a hablar y negociar con él, le había perjudicado y que, en su reaparición al frente del PSOE, su actitud respecto al líder de los del PP iba a ser, si no amistosa y cordial, algo impensable en él, sí al menos práctica y sensata para que, en cuanto a los temas de Estado, ambas formaciones políticas fueran capaces de combinar sus esfuerzos para afrontarlos.

Fue sólo un espejismo. Si la reunión que mantuvo Sánchez con Rajoy, para tratar del tema catalán, sirvió para que tuviéramos la esperanza de que, al menos en la cuestión del independentismo catalán, se había producido consenso; que la sensatez se había instaurado en las relaciones entre ambos partidos, tradicionalmente los más potentes y clásicos de los partidos nacionales y que, en cuanto al tema del nacionalismo se podía apreciar la intención de ambos partidos, el PP y el PSOE, de estar dispuestos a mantener una postura unida e inquebrantable; después de que haya pasado un corto espacio de tiempo, nos hemos podido dar cuenta de que todas las esperanzas que habíamos concebido respeto a la unidad, fortaleza y solidaridad para enfrentarse al separatismo catalán; quedaban convertidas en agua de borrajas, desde el momento en que el señor Sánchez empezó a poner condiciones, pedir concesiones, hablar de modificaciones constitucionales para encajar una nueva forma de Estado de tipo federal que satisficiese a los catalanes y, finalmente, rizando el rizo, hablar de una quita en la enorme deuda que la Generalitat tiene contraída con el resto de España. No sólo ha dejado sólo, ante el desafío catalán, al PP del señor Rajoy, sino que se ha desdicho de aquella oferta de apoyo incondicional, para convertir su presunta colaboración en una retahíla de exigencias que, cualquier persona que tenga un poco de sentido común y que conozca cuáles han venido siendo las exigencias de los catalanes, no tiene más remedio que admitir que, las propuestas de Sánchez, no son más que una serie de concesiones al nacionalismo catalán, muchas de las cuales tienen el carácter de discriminatorias con respecto al resto de autonomías españolas. Lo cierto es que no se sabe, ahora que ya estamos ante la evidencia de que los separatistas catalanes, a pesar de los problemas que surgen dentro de sus mismos partidos y de las deserciones que se vienen produciendo en sus filas; da la impresión de que parecen dispuestos a lanzarse de cabeza a desafiar a la nación española intentando, por todos los medios a su alcance, que se celebre el referéndum “para decidir” con el fin de obligar al Gobierno y a los partidos constitucionalistas ( si es que todavía queda alguno del que podamos fiarnos) a aplicar medidas represoras, cuanto más fuertes mejor, para alimentar su victimismo, con la esperanza de que, el pueblo catalán, iba a reaccionar en masa si ello llegara a ocurrir.

La deslealtad de Sánchez tiene una fuerte ligazón con su acercamiento a Podemos y con sus tête a tête con el señor Iglesias, para intentar sacar al PP del gobierno y ocupar ellos su sitio, aunque, para ello, los acólitos de Iglesias (si el resto se lo consentía) tuvieran que cederle la presidencia del gobierno al señor Sánchez que, sin duda, es lo que anduvo buscando desde que consiguió ser aupado a la secretaría del PSOE. La situación del país es lo suficientemente complicada para que, en estos momentos, ante el inminente enfrentamiento con los separatistas catalanes, se produzcan intrigas en contra del actual gobierno o se intente sacar ventaja a costa de la debilidad del mismo, precisamente cuando la unidad de la nación española se halla en entredicho. Lo que parece ignorar o, al menos, no le dedica mucho tiempo a meditar sobre ello, es que toda Europa está en una situación complicada, como ya hemos comentado en otras ocasiones, en la que, aparte de intentar que el Brexit inglés no acabe perjudicando la estabilidad de la UE y los problemas que se pudieran derivar para los ciudadanos europeos afincados en la Gran Bretaña; tampoco podemos olvidar la invasión de inmigrantes que amenaza las fronteras de los miembros más orientales de la UE, una situación que ya está creando los primeros desencuentros entre los países más amenazados por la invasión y el resto de países que, por mucho que se haya hablado de ello, no parecen estar dispuestos a que avalanchas de inmigrantes atraviesen sus fronteras, después de lo que ha ocurrido con los inmigrantes a los que, la señora Merkel, ofreció asilo y los disturbios de convivencia que tuvieron lugar con la población oriunda; una situación que puso en graves apuros al gobierno alemán.

Sin duda, una entente de socialistas con los podemitas, si conseguían el número de votos precisos para formular una moción de censura en contra del actual gobierno del PP, crearía una situación en España lo suficientemente complicada por el modelo de gobierno que ello acarrearía, evidentemente de perfiles completamente distintos a los que hemos disfrutado desde que, la transición de la dictadura a la democracia, tuviera lugar. Es obvio que esto favorecería a los separatistas catalanes y puede que, una situación semejante, también indujera a los vascos a pedir un trato igual al de los catalanes. El señor Iglesias se ha manifestado, repetidamente, en el sentido de que cada autonomía tiene el derecho a escoger si quiere pertenecer a España o prefiere independizarse de ella. Y, ante esta posibilidad, ante un posible gobierno de extrema izquierda en España, y sus evidentes repercusiones en el resto de la UE y en Bruselas, para no hablar de lo que pudieran pensar Alemania y Francia de unos vecinos gobernados por los discípulos del señor Maduro, con unas políticas diametralmente distintas a las de la CE y dirigidos por la misma clase de políticos que están al frente de Grecia, con aquel revolucionario Tsipras, discípulo de Maduro que, finalmente, tuvo que inclinar la cerviz ante los famosos hombres de negro y que fue quien ha llevado a su país, Grecia, a una situación mucho peor que la que hubieran obtenido si hubieran aceptado las condiciones que, primeramente, se les ofrecieron para liquidar sus deudas por la propia CE.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos preocupados por la evolución que están tomando los acontecimientos en nuestra nación; en la que, mientras los catalanes amenazan con crear un problema grave de convivencia, intentando separarse del resto del pueblo español; una imprevista resurrección del comunismo más radical, amenaza de nuevo a un país que ya parecía vacunado contra una invasión que amenazó con hacerse con España durante la Guerra Civil de 1936. Hubo medio millón de muertos y, lo peor, muchas familias enfrentadas y muchos odios producto de los enfrentamientos bélicos. Esperemos que seamos capaces de evitar que, como pasó entonces, estos nuevos enfrentamientos entre españoles, no acaben otra vez, llevándonos a dirimir por la fuerza lo que no supimos hacer por el buen entendimiento.
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