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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Formas expresivas

Adictos a la rumorología, desdeñamos los argumentos, para engordar las falsedades abusivas.
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 21 de julio de 2017, 09:24 h (CET)
La arrogancia de los DÍSCOLOS confunde. Quedamos sorprendidos por sus manifestaciones, sin la inmediata claridad de ideas para responderles de manera rotunda; su descaro aturde, al menos en esos momentos iniciales. El desconcierto sirve de pantalla bloqueadora. Los arrogantes cuentan con ese bloqueo de sus posibles contrincantes, se convierte en una de sus mejores armas dialécticas. Si añadimos aquella idea de Ganivet sobre el ideal de todos los españoles, llevar en el bolsillo la carta foral que le autorice para hacer lo que le da la gana; habremos dibujado un buen perfil de las conductas habituales, que contribuyen a divergencias innecesarias.

Vivimos unos momentos cuanto menos chocantes. La corrección de los funcionamientos anómalos suele abordarse tarde, de manera alocada y con frecuencia asumen el añadido de nuevos problemas. Qué es eso de la formación de la gente a base de datos falseados (Históricos, noticias, silencios); pues ocupa amplios sectores, con el seguimiento necio de los indolentes. La pretensión de basarse en demostraciones apenas tiene adeptos, en especial porque incomodan. El recurso de los CONVENCIMIENTOS razonados es una práctica casi desconocida, se le perdió el respeto. Las conductas reflejan actitudes diseñadas por enemigos de la concordia precisa para tratarnos de cerca.

A partir de las cuotas de libertad disponibles, asistimos a MANIFESTACIONES peculiares. La indiferencia de un mero pasar intrascendente, que anula la dignidad de la presencia individual. Quienes desde la asimilación de sus propias características ocupan su espacio en la sociedad de manera reducida a sus alrededores. O bien los fanatizados situados en alturas enajenadas. Los hay implicados en las realidad del conjunto enfrascados en una sana colaboración. Para esta variedad servirán las palabras como instrumento de apoyo, en medio de responsabilidades, repercusiones y afectos. Aunque de apariencia casual, las motivaciones subyacentes configuran un amplio panorama poco atendido.

Con los pequeños y magníficos descubrimientos, el HALLAZGO del valor de las decisiones propias, transforma las actitudes desarrolladas en actos responsables, por hechos o por la pasividad. Otro comportamiento paradójico, destaca la diferencia entre la magnífica capacidad propia para la toma de decisiones y la enorme propensión a escudarnos en los factores acompañantes. ¿A quién creer? Si a mi poder ejecutivo, soy responsable. Si sólo admitimos las influencias foráneas, no eliminamos la capacidad decisoria. No estamos ante una ciencia exacta, las matizaciones son cruciales; pero a pesar de múltiples declaraciones en contrario, el mencionado hallazgo es ineludible.

Alcanzado el hallazgo del protagonismo propio, insisto, no valen subterfugios escurridizos; allí estamos para intentos meritorios o para componendas deslavazadas, incluso para desgraciadas aventuras maliciosas. Las VOLUNTADES personales están ubicadas en sectores determinados, dadas las preferencias del momento y lanzadas en direcciones concretas. Desde fuera quizá no las podamos detectar, hemos de contentarnos con los aspectos aparentes y los hechos derivados. ¿Hacia dónde miraban Pujol, Rato, Urdangarín, la Infanta, Griñán, Chaves? Que no fueran detectados a tiempo, viene a demostrar la absurda tolerancia con la cual convivimos con personajes de esa ralea.

Desde los sujetos en particular, a los organismos públicos, funciona en exceso la rumorología, con una contemplación un tanto estúpida de los comportamientos, sin la intención de un análisis concienzudo de las actuaciones, ni de las propias, ni las del prójimo como personas aisladas, ni de las desarrolladas en entes colectivos. El lamento o la protesta, acuden donde no hubo presencia en los debates previos. Podemos preguntarnos por el papel ejercido por los CRITERIOS en los mencionados avatares. Observamos su frecuente ausencia, con la dificultad notoria para reconocer proyectos, donde apenas confluyen impulsos momentáneos, presiones y complicidades inconfesadas.

Nos convencen con facilidad de los impulsos libertarios, como si eso fuera una creación absoluta. Hasta el punto de ocultar las múltiples DEPENDENCIAS, naturales, sociales o técnicas. Esa cacareada libertad encubre ciertas presiones impresentables procdentes de los más fuertes. En el terreno de las ideas el sello procedente del exterior podría reforzar la personalidad de los sujetos individuales: podría, pero tienden a la anulación de esas personas y la suplantación de sus rasgos. Como consecuencia expresarán aspectos alejados del núcleo aquel donde se originaba lo más preciado de cada persona. Derivando en renuncias propias y en avasallamientos destructores de los proyectos en común.

La desenvoltura de cada quisque está muy mediatizada. En cuanto a las circunstancias internas están generadas en ese fondo inextricable de las intimidades, unas pocas controladas por el propio sujeto, gran parte circulantes por el inconsciente de alcances imprevistos. Si hablamos de las influencias externas, se multiplican los factores. Serpentea ese núcleo personal decisivo, pero a la vez esquivo; por lo diícil de su abordaje. Las TENDENCIAS aplicadas en la autonomía individual, modulan las expresiones sacadas a la palestra. Quedan para análisis posteriores las valoraciones críticas de las actuaciones desarrolladas, su adaptación al conjunto de la sociedad y su gado de coherencia con los principios defendidos.

Damos vueltas y revueltas para el reiterado regreso a los requeridos esquemas propios, cargados de enigmas, desde los cuales se intuyen las incógnitas ajenas. Aunque los códigos normativos excedan los límites de la prudenca, no consiguen anular las peculiaridades; estas rebasan los intentos controladores. La FRANQUEZA de las exposiciones configura la riqueza comunitaria, por eso no se comprende la terca manía de obstaculizarlas. Justo al revés, quienes parlotean con escaso porcentaje de verosimilitud, vemos a diario como se desdoblan; discursos reguladores... de los demás y conductas propias de talantes liberados. Así cualquiera.

En el campo de las actividades laborales, las maneras expresivas transforman los resultados, con el refuerzo de las cualidades o con la desintegración de las mismas. Sucede otro tanto en las demás actividades. El cuidado de las expresiones mantiene el buen tono general. El DESCUIDO entorpece las relaciones e incluso desvirtúa los objetivos diseñados. La precipitación, la ligereza o la escasa preparación, degradan los proyectos.

El conjunto de las manifestaciones consolida los ambientes, difíciles de condensar en un sólo calificativo. Sea en escuelas, asociaciones, familias o grupos esporádicos, su carácter SALUDABLE gira en torno a la apertura de miras hacia la diversidad; aunque siempre vigilantes ante los impedimentos de nuevo cuño.
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