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China, el gigante dormido, quiere hacerse millonario

Carlos Sánchez Ponz
Redacción
lunes, 18 de abril de 2005, 23:04 h (CET)
La panacea económica del siglo XXI tiene desde hace unos años un nombre: China. No hay medio de comunicación financiero, sobre todo en letra impresa, que no incorpore al menos una noticia sobre este país asiático por día. Y es que un nuevo mercado casi virgen de 1.300 millones de almas es demasiado tentador para unas economías occidentales que ya no saben donde colocar sus excedentes y obtener los tan ansiados beneficios que buscan. Intentemos desvelar un poco más la realidad de este ‘gigante dormido’, que intenta aunar casi por igual comunismo y capitalismo en pleno 2005.

Desde hace aproximadamente quince años, el gobierno chino inició una serie de medidas liberalizadoras basadas en una intensificación del consumo interno y en una búsqueda de relaciones comerciales con países fuera de su entorno. El resultado no pudo ser más espectacular, ya que en tan sólo un lustro Hong Kong, centro financiero de la nación experimentó un crecimiento sin parangón. Cada año desde 1989, el PIB de China crece en torno al 10 %, lo que significa para muchos expertos que para 2015 será el país más rico del mundo, por encima de Estados Unidos y Alemania. Precisamente, el país norteamericano ha sido el primero en darse cuenta de las posibilidades del mercado chino, y hoy en día es el principal importador de productos de este país de todo el mundo. ¿El motivo? Los precios de China son incomparablemente los más bajos del mercado, y proporcionan a Estados Unidos una vía de poder sufragar parte del déficit de su balanza de pagos.

Además, China dio un paso muy importante para su inclusión en el mercado internacional al integrarse en 2001 en la Organización Mundial de Comercio (OMC), que le ha permitido beneficiarse de muchos de los tratados de libre transmisión de mercancías. De esta manera, gran cantidad de empresas chinas han dado el salto a otros países, como Sanad Interactive, Sino Corporation o China Life. El resultado ha sido la reducción de las tasas de paro en todo el país hasta poco más del 4%, todo un éxito teniendo en cuenta el número tan impresionante de mano de obra.

Uno de los pilares en los que se asienta la moderna economía china es el del desarrollo tecnológico. Junto a numerosas compañías dedicadas a los sectores de la automoción, el ocio, los transportes o la energía, una cantidad no menos importante de empresas dedicadas a la telefonía móvil, el mundo de Internet o el de los juegos on-line se han expandido de forma espectacular. Tanto es así, que en la actualidad no menos de 30 de estas corporaciones cotizan en el siempre complicado Nasdaq americano, aunque cierto es que algunas de ellas han sufrido sonados desastres bursátiles en pocos meses.

El por qué del avance de los sectores de nuevas tecnologías en China tiene dos claras explicaciones. En primer lugar, la superación de los mercados bursátiles internos del país (Shangai y Shenzhen), que permitió hace unos años el movimientos de capitales a otras zonas del mundo. Y en segundo lugar, la propia retroalimentación que aporta el comercio interno tanto en el uso de Internet (más del 100 millones de usuarios), como en el de la telefonía móvil (300 millones de suscriptores, líder mundial en este sector).

El futuro dirá si China se hará con la hegemonía del comercio a escala mundial. A su favor se encuentra la gran cantidad de factores de producción a su disposición, la gran capitalización interna a que se está viendo sometida y las inmensas posibilidades de negocio que ofrece a los inversores de todo el globo. Pero también es cierto que le falta aún por desarrollar gran parte de sus infraestructuras y lograr una cualificación suficiente de sus trabajadores. La pregunta que desde los países occidentales debemos hacernos es si el día de mañana podremos llegar a competir con ellos, y la respuesta debe ser irremisiblemente positiva: si ellos ofrecen más variedad a menor precio, nosotros debemos ofrecer otras alternativas, como la calidad o la eficiencia. Hay sitio para todos en el mercado, aunque hará falta mucho hueco para dar cabida a 1.300 millones de clientes.

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