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Otra vez el de los 'Cleenex'

Helena Vicente Sevilla
Redacción
jueves, 26 de mayo de 2005, 00:32 h (CET)
El Ayuntamiento de Alicante está pendiente de aprobar el 19 de este mes una normativa de tráfico para prohibir a los “gorrillas”, “limpiacristales” y vendedores de 'Cleenex'.

¿Cuántas veces ha ido usted con su coche a aparcar (sobre todo por el centro de Alicante) y un amable señor le ha prestado su ayuda para situar su vehículo dentro de la zona de estacionamiento recibiendo a cambio unas monedas que usted no se ha atrevido a negar? El problema de esta situación está en que en muchas ocasiones la pena es la que nos lleva a actuar. El problema es que “nos molesta” o “no nos parece correcta” la presencia de estas personas en nuestras calles. El problema es que hay personas en nuestra sociedad que están “desubicadas”. El problema moral a veces se reduce a: “no quiero darle dinero porque entonces se quedará aquí y lo pedirá siempre, pero quizá esta persona no tenga otra opción en la vida”.

Es un tema sumamente delicado, o al menos hay todo tipo de opiniones, no obstante son personas que ejercen un oficio o actividad que no se encuentra regulada, por lo que el Ayuntamiento de Alicante ha decidido recientemente prohibir la actividad de los llamados “gorrillas”, “limpiacristales” y vendedores ambulantes. Aunque aún no está fijada la cuantía, está previsto que esta actividad sea sancionable una vez aprobada la nueva ordenanza de tráfico el 19 de abril de este año.

Delinquir para vivir
Qué es lo que harán esas personas una vez se haya prohibido la actividad de la que viven parece que ya es tema aparte. Parece poco lo que una de estas personas puede ganar en una jornada de trabajo, pero seguramente si esta actividad no le diese el suficiente dinero, no seguirían en ese lugar desempeñando ese pequeño oficio.

Es posible que alguno tienda a desviarse. De la picaresca a la delincuencia tampoco hay tanta distancia, al fin y al cabo. Las señoras que a la entrada del puerto de Alicante de la autovía te ensuciaban, más que limpiaban, el cristal del coche, quizá se dediquen simplemente a pedir limosna en el mismo lugar que antes, sólo que poniendo más cara de pena. Quizá otros se dediquen a abrir coches y llevarse lo que encuentren. ¿Puede ser que esta medida aumente la delincuencia alicantina?

Los ciudadanos
Siempre ha constituido un motivo de queja. Desde los comerciantes que tienen cerca de su negocio a un vendedor de “cleenex” hasta los conductores que se incomodan ante esos toquecitos en el cristal que preceden a una mano temblorosa. Si usted se para a mirar en un semáforo en el que haya un “limpiacristales”, las reacciones más habituales de seguro van a ser o bien una mueca iracunda seguida de un batir de varillas del limpiaparabrisas o resignación.

¿Ciudades para todos?
Otras quejas que han permanecido a través de los años son las de los colectivos de discapacitados que sufren de la existencia de las barreras arquitectónicas de nuestras ciudades. Poco a poco las sociedades se van dando cuenta de que entre sus filas se encuentran muchas personas discapacitadas que no tienen las mismas facilidades de acceso o de circulación por nuestras calles. El mundo no está hecho para personas con una seria o ligera discapacidad física o psicológica. Un paso hacia delante dará al menos esta normativa, en la que está previsto aumentar el ancho de nuestras aceras para que aquellas personas que transitan por ellas en silla de ruedas puedan hacerlo en condiciones óptimas y no tengan que arriesgar su vida o su integridad física circulando por el asfalto.

El hecho de que las ciudades españolas necesitan reformas serias es algo que a nadie se le pasa de largo. Cualquier ciudadano, pero sobre todo los alicantinos, está acostumbrado al típico comentario: “¡¿Otra vez de obras?!”. Si interpretáramos esto como una mejora constante el mundo sería quizá un lugar mejor, pero siempre queda una larga lista de cosas pendientes por mejorar.

El tema de los “gorrillas”, los “limpiacristales” y los vendedores de “cleenex” es algo aparte. Cada persona tiene su opinión al respecto y las hay para todos los gustos. Lo que no hay que dejar escapar es que todo hecho tiene sus consecuencias, y que también hay que plantearse si todo seguirá bien cuando esas consecuencias lleguen. También puede plantearse si esta normativa tendrá efectividad o si a pesar de eso seguirán ejerciendo en su “puesto de trabajo habitual” pues ya pasa con algunas actividades que la prohibición, en términos de realidad, no expresa nada real. Pero eso ya es una reflexión de cada cual.

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