En la medida que avanzan los descubrimientos, aquello que se consideraba como indeterminado y por lo tanto caótico; pasa a formar parte del elenco de los conocimientos cotidianos. Porque una cosa es la IGNORANCIA de unas condiciones, y otra muy diferente, que se trate del caos auténtico como fenómeno subyacente. El entramado de lo caótico, su tamaño o su extensión, su inconsistencia; son susceptibles de una modificación progresiva por el desvelamiento de algunas incógnitas.
Con rapidez y soltura distinguimos varios NIVELES de imprecisiones radicales. El nivel cósmico constituye un verdadero baúl de las sorpresas; detrás de cada una de ellas destapamos un sinfín de nuevos misterios, Las revueltas atmosféricas, los cambios climáticos, las influencias del mar o la de los fondos subterráneos, son suficientes para la calibración de los grandes desconocimientos universales. En ámbitos más cercanos, bajo las reglas de la biología humana, continuamos en la persecución de futuros horizontes que se presentan evasivos, la vida y la muerte discurren muy alejadas del dominio público. Las reglas escapan por innumerables resquicios, con la consiguiente frustración general. Y, muy a pesar de alguna que otra revelación neurofisiológica, la psicología y la esfera de los comportamientos humanos campan con un enorme desbarajuste derivado de las autonomías personales inconsistentes. Por aquí o por allá desaparecen los asideros y nos vemos desorientados.
Vivimos unos momentos en los que se pone especialmente de manifiesto un gran desconcierto general. Las conductas reflejan unas actitudes poco reconfortantes, muy distantes de una orientación constructiva y reparadora; ponen su empeño en las tendencias insolidarias, promotoras de la falta de colaboración entre unos y otros. Desde ese punto de partida, los DESFASES proliferan. Las diferentes esferas de la convivencia chorrean miserias a las que no parece que hagamos frente; antes al contrario, empeoran las tendencias. La conjunción de todos los factores nos hunde en una crisis intensa con varias aristas puntiagudas, económicas, morales, democráticas, éticas o incluso religiosas. ¿Porqué no asumimos una respuesta contundente? ¿No será posible un camino más racional? ¿Disponemos de alternativas?
Si todas las elecciones suponen un acontecimiento democrático, en este fin de semana afrontamos uno de ellos, en plena época de la mencionada crisis multifactorial. Por lo tanto, serán una VOTACIONES cruciales para el devenir de las vivencias ciudadanas. Los agobios han adquirido un rango superlativo, cuyas consecuencian son imprevisibles, no vislumbramos el tope que alcanzarán las penurias. Tampoco disponemos de una buena información, sea por ocultamientos o por el desconocimiento general. Cada voto, pese a todo, servirá de revulsivo en un triple sentido al que no debiera renunciarse en el futuro; de exigencia personal, alejada de las pasividades delegadas; de implicación participativa de el desarrollo posterior de las tareas de gestión; de tono cualitativo, para la recuperación de las mejores cualidades en cada sector. El simple voto no es suficiente.
La respuesta enérgica debe ser urgente y es un requisito imprescindible. Nos entretienen hablando de insuficiencias presupuestarias, que las hay; pero dejan en la recámara esas causas por las que abocamos a la situación actual. Urge la intervención correctora ante el DESPILFARRO CORRUPTO tan generalizado. Es como un atraco por tirones, sin miramientos, arramblan con todo. La sangría en los diversos sectores ya no nos sorprende. Crujen los recortes sanitarios en Cataluña, ¿Están en consonancia con los dispendios de dudosa justificación? Los escándalos de la Banca son continuados y de enorme cuantía, pero aún se les subvenciona. Los cargos públicos evaden como nadie los controles. Cada día se descubren negocios fraudulentos a la sombra de las instituciones que uno intuía como respetadas; sí, cada día, esta misma semana. Las comisiones reparten dividendos, qué dividendos, la misma sustancia principal. Demasiados abusos, con la ausencia consentida de cualquier criterio regulador razonable. ¿Es importante aquí un revulsivo? Resulta crucial el pronunciamiento individual. Si la tolerancia mal entendida prosigue, los desmanes no cesarán.
La balanza está tan inclinada hacia las preferencias impresentables, entre otras cosas, porque se menosprecian los planteamientos en común. Los organizadores de los eventos elaboran unos proyectos técnicos o políticos, financiaciones o normas; con maneras independientes, al margen de la ciudadanía, a la que no se respeta en lo más mínimo, ni a fetos ni a viejos, ni a parados ni a trabajadores. El monstruo creado lo devora todo, desde Europa, entidades financieras o los numerosos gobiernos. Y esto sucede por un flagrante ABANDONISMO ÉTICO, dado que se desmenuza la “Ética” que nos considera como personas, se disgrega en éticas de menor calado, individuales, apegadas a las apetencias propias. En realidad, eso ya no son consideraciones éticas, sino más bien, auténticas posiciones de fuerza, cada “yo” endiosado trata de imponer su ética a quien se ponga por delante, ante la ausencia de otras valoraciones. Todo un caldo de cultivo nefasto para las actuaciones caóticas emergentes. La razón orientadora se echa de menos.
Lo que aparenta una falta total de sentido, lo tiene en realidad en sus múltiples motivaciones; sin embargo, estas suelen permanecer ocultas. ¿Aquién beneficia esto? La transparencia tan necesaria no aparece por parte alguna, con el consiguiente enredo hacia el que nos vemos arrastrados. Soportamos el verdadero MALEFICIO de las REDES. No de las cibernéticas, no, nada de eso en particular; hago referencia a las enormes redes de manipuladores en las que nos vemos engullidos. Si el nudo gordiano fue difícil de solventar, los nudos actuales son numerosos, contactan unos con otros y nos abocan a una tarea ingente si pretendemos eliminarlos. Sobre todo, porque el libre acceso de los ciudadanos a esos entresijos está bloqueado por la mencionada falta de transparencia. Hacia esa liberación dirigiremos nuestros impulsos; o de lo contrario, la claudicaicón será la única posibilidad. Abundan los medios para la obtención de una clarificación significativa, por eso es más sorprendente la indolencia, con la falta de reacciones oportunas.
¿La vida es sueño, sólo soñamos, o tienen algún sentido nuestras actuaciones? Estamos metidos en una encrucijada apasionante, en la cual confluyen las aspiraciones individuales y las del resto comunitario. Si afligimos a cada sujeto o nos pasamos a los extremos individualistas, no habrá soluciones aceptables. Los aspectos comunes y las vivencias particulares están obligados al entendimiento, ambas partes son simultáneas y complementarias. ¿Para qué servirán las variadas facetas de la inteligencia si no colaboran para un ensamblaje razonable? Estas elecciones nos situan en un nuevo punto de arranque. Dentro de la inestabilidad propia de los humanos, uno pensaría en el establecimiento de algún PUNTO de APOYO. Legislaciones, técnicas, y sobre todo la Ética, han de contribuir al acervo común. Desde esa base cabrá la pretensión de las actividades particulares respetadas. Desprovistos de dichos fundamentos, la lucha feroz nos degradará progresivamente a unos meros actos de fuerza bruta. ¿Hasta dónde llega nuestro consentimiento?