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Etiquetas:   Desde la humildad   -   Sección:  

¿Deporte o religión?

Sara Sanz
Redacción
viernes, 15 de abril de 2005, 22:16 h (CET)
Se encienden las luces, ellos están preparados, van a darlo todo para no defraudar a su afición, a sus fieles, a los que nunca fallan cada domingo. El fútbol se convierte en prácticamente un ritual cada fin de semana para todos esos aficionados que no faltan jamás a su cita. Todos esperan lo mismo, que su equipo marque para sentir el sumun de lo que realmente es el fútbol ¡El gol!

Sería muy sencillo comparar al fútbol con cualquier acto religioso, y ya no sólo dentro del terreno de juego, sino fuera de él. Es cierto que cada afición y cada aficionado es un mundo, como cada religión y fiel de ésta también lo es. Podemos encontrar todo tipo de aficionado, el que simplemente disfruta del fútbol porque nació amando a unos colores, y los respeta y defiende hasta la saciedad, o el fanático violento que pasa a ser la peor cara de este deporte tan apasionante llamado fútbol. Han sido muchas las tragedias vividas a lo largo de la vida del fútbol a lo largo y ancho de todo el mundo. Por culpa de esos fanáticos que no saben medir lo que es el deporte en sí, y de la locura transitoria que les posee a muchos de ellos, hay días en los que incluso a mí, una apasionada de este deporte, sólo me dan ganas de odiarlo.

Son estos momentos violentos vividos en el fútbol los que me recuerdan a todos esos fanáticos extremistas de diferentes cultos que echan por tierra los credenciales de sus religiones. Porque lo que está claro es que ningún Dios querría que sus fieles mataran ni por él ni por nadie. Así como ningún equipo de fútbol, ni sus jugadores, ni la directiva de éste ni nadie, querría que sus aficionados llegaran a la violencia únicamente por defender los colores de un equipo.

Hay que saber hasta dónde puede llegar el deporte y está claro que la violencia no es uno de esos caminos. Al fútbol lo hacen grande todos esos aficionados que se dejan la piel animando a sus equipos en cada partido, no aquellos que lo convierten en una batalla campal; así como a la religión la hacen grande todos esos fieles que creen en ella, sin tener que utilizar la violencia para defender a nada ni a nadie.

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