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Actitudes vitales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 17 de abril de 2005, 05:58 h (CET)
Cada momento nos acarrea unas cuitas especiales, problemas, satisfacciones o indiferencia. Resultará tan complicada la adopción de una actitud determinada ante un hecho concreto, influyen tantos factores, que no extrañará una respuesta diferente por parte de cada persona. Aunque los modos de actuar sean distintos, siempre cuajarán algunas tipologías curiosas. Merece la pena observarlas y pensar por cual de ellas solemos optar cada uno de nosotros.

Al enfrentarnos a las penalidades y luchas cotidianas, muy pronto detectaremos esa indiferencia característica de los caracteres ESTÓLIDOS. Nada les afecta, van a su bola, rutinarios e irreflexivos. Para ellos, la sociedad, la ética, las consideraciones, no pasan de ser circunstancias ajenas. Con ellos ya tienen suficiente, no necesitan a los demás. Dado que no son participativos, eso de contar con ellos para algo es pura utopía. Cuando van sucediendo los avatares, quedan sumergidos en su cascarón y en ese enquistamiento constituyen una masa gris que no ejerce con sus atributos humanos potenciales. Son pura biología. No sólo se plantea ¿qué podemos esperar de ellos?, porque muy poco, poquísimo; son una rémora asocial con la que contar.

Otra agrupación significativa, la podríamos denominar como los KAFKIANOS, ratonean alrededor de cualquier circunstancia adversa, con un especial regodeo en esa persistencia en dar vueltas sobre el mismo asunto. Cubren sectores de lo más diverso, tráfico, política, sanidad, cotilleos, y no ponen límites a ninguno. Su constituyente básico radica en la permanencia en esa consideración de cuantas penurias vayan acaeciendo. No estriba lo peor en la detección de aquello de malo que nos suceda. El verdadero matiz penoso es el regusto de seguir en el lodazal o en una crítica exclusivamente negativa. Y, naturalmente, esa tenacidad no les permite, no alcanzan, para buscar otras acciones de talante constructivo y colaborador.

En esta época y país, no podemos dejar de lado la actitud de los QUIJOTESCOS. Como el ingenioso manchego, uno puede alcanzar diversos grados de locura; es más, hasta pudiéramos colegir que se requiera un cierto grado de extravío mental para tolerar tantas calamidades o penurias. Con esa locura, de verdad o fingida, uno puede lanzarse a las aventuras más pintorescas. Con solo afectar al interesado quedarían en aceptables circunstancias, lo desastroso viene cuando arrastran a otros ciudadanos en sus derroteros. Ante problemas biológicos, ecológicos, conducción de vehículos, negocios, su actitud es notablemente distorsionadora. Reitero la duda, son quijotes locos de verdad, o el fingimiento es total e interesado.

¡Hombre! También los hay CERVANTINOS. Sufren penurias y calamidades como los demás. Ahora bien, como culminación de unos conocimientos, con una reflexión y una creatividad apropiada, responden generando un ofrecimiento válido para el entramado social; bien como profesionales, en la familia, o como artistas. Podemos afirmarlo, con frecuencia se requiere más arte para acciones íntimas o sencillas que para los grandes acontecimientos. No hace falta insistir demasiado, este tipo más concienzudo será de mayor utilidad, aportará mejor sentido a la sociedad.

La existencia de respuestas diferentes enriquece el conjunto, con su presencia se favorecen las relaciones interpersonales, porque cada persona tendrá más posibilidades de adaptación con figuras similares a las suyas propias. Con ser vital esa forma de asumir las diferencias, no será esto suficiente, han de asumirse las valoraciones pertinentes. Qué posturas expresan mejor las bondades, qué criterios son más adecuados para la vida humana. O pudiera acontecer que no interese ni siquiera plantarse eso de ser humanos.

Ocurre sin embargo, que la tendencia al uso no favorece esa actitud de abrir el abanico y mucho menos, eso de entrar en valoraciones meditadas. Con ello se da un despropósito doble, cada vez se observan menos diferencias de comportamientos, y eso de calibrar las secuelas posibles trás las opciones elegidas queda en pura entelequia. Como en las especies animales, están amenazadas de extinción.

Puede que añoremos estas y otras tipologías en unos años en los cuales se uniformiza en demasía, todo tiende al mismo sabor y a ver quién se atreve a salirse. Sucede en la enseñanza, la política, televisión y un largo etcétera. Por consiguiente, si todo llega a ser similar, ya nadie se molestará en elegir unas respuestas u otras.

Ya ni se pensarán esas diferencias. Triste masa amorfa que no sabemos donde nos abocará. Ya no se habla de recuperar diversos grupos de ciudadanos, todo entra en algo parecido y si hay algo distinto, sólo quedará en privado. Es decir, actitudes vitales, tendiendo a una vida biológica sin actitudes. Auténtico darwinismo al revés.
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Rafael Pérez Ortolá es Doctor en Medicina Interna

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