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Etiquetas:   Política   -   Sección:   Opinión

P. Sánchez juega sucio interfiriendo en el desafío independentista

“Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio.” François de La Rochefoucauld
Miguel Massanet
sábado, 15 de julio de 2017, 07:51 h (CET)
Como ya parece haberse convertido en costumbre inveterada de los socialistas, de este remozado PSOE resultado del Congreso, recientemente celebrado, en el que ha salido reforzado el señor Pedro Sánchez, el gran beneficiado de los votos de las bases del partido que, como podía esperarse, están formadas mayoritariamente por los ciudadanos más radicales y contrarios al Gobierno del PP, que han aprovechado la ocasión para mostrar el rencor que llevan acumulando durante los años en los que, el PP, ha asumido el gobierno del Estado español, impidiendo que su partido, bajo la batuta de Sánchez y, a pesar de los sucesivos intentos frustrados, pudiera vencerlo en las sucesivas elecciones que se han celebrado en los últimos tiempos. Una mala noticia para el señor Rajoy, muy mala para le economía del país y, rematadamente perjudicial para todos los ciudadanos españoles que temen, y por lo que se ve, con bastantes posibilidades de acertar; que los socialistas radicalizados se presten a llegar a acuerdos con los comunistas de Podemos, para hacer un frente común contra la derecha española, si lograran la mayoría de votos, suficientes para presentar una nueva moción de censura, en esta ocasión liderada por los socialistas de P.Sánchez.

Formando parte de la nueva estrategia del PSOE, a pesar que formalmente el señor P.Sánchez se ha declarado opuesto a la celebración del referéndum catalán –que los separatistas de Puigdemond y Junqueras, incitados y presionados por los anarquistas de la CUP, han convocado para el 1 de octubre del corriente año –, siguiendo en su intento de acabar con el señor Rajoy y terminar con los gobiernos del PP, aprovecha la ocasión que se le presenta para, antes de que tenga lugar la votación del referéndum, si es que llegara a celebrarse, a pesar de las medidas que tiene previstas el partido en el gobierno para evitar que pudiera llevarse a cabo; para anticiparse a lanzar una serie de propuestas con las que, manteniendo oficialmente su apoyo al Estado, establecer diferencias en cuanto a los métodos de tratar la cuestión, en un último intento de evitar el enfrentamiento de los nacionalistas con el gobierno central; presentando una serie de medidas que, según ellos, servirían para que los catalanes accedieran a parar una consulta que, a todas luces, está condenada al fracaso. Un método para, simulando estar con los que se oponen al incumplimiento de las resoluciones del TC, intentar demostrar que ellos, los socialistas, tenían otras ideas para solucionar el conflicto con los secesionistas.

Es obvio que lo que se trae entre manos el señor P.Sánchez, no es más que una clara deslealtad hacia el gobierno de la nación, porque es evidente que las cuatro cuestiones que proponen, tienen todos los visos de una clara claudicación ente el chantaje de los separatistas. La primera cuestión se refiere a “ el reconocimiento de las aspiraciones nacionales de Cataluña”, a lo que se añaden una serie de reglas sobre el acuerdo competencial, que beneficien el autogobierno de la Generalitat; le sigue una segunda cuestión que se refiere a la necesidad de “un acuerdo sobre la financiación autonómica, para dotar de los recursos precisos para el sostenimiento de las grandes políticas públicas y el establecimiento de un Senado federal, como mecanismo de representación territorial”; en tercer lugar la negociación de las 46 reivindicaciones que Puigdemontd presentó a Rajoy en abril del 2016, salvo la parte referente a la solicitud de la celebración del referéndum para decidir; y, por si no fueran suficientes claudicaciones, se añade la posibilidad del “desarrollo del Estatut con la derogación de la ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local que impulsó el PP en el 2013”; uniendo a todo ello la presentación de una proposición de Ley en las Cortes que contemple “ la necesidad de un acuerdo previo con los gobiernos autonómicos para las inversiones estatales en materia de bienes y equipamientos culturales”.

Sería conveniente que los socialistas declararan ¿cuáles son los puntos con los que difieren de los nacionalistas del programa de Puigdemond? porque, a cualquiera observador imparcial, le costaría encontrar alguna diferencia, excepto la de la declaración “oficial” de un estado independiente. De hecho, si todavía se ampliaran más las concesiones que se les hicieron a los catalanes a través del Estatuto de autonomía; si se les dejase decidir sobre la forma en la que se deban invertir las ayudas estatales; si pudieran imponer sus mega planes de inversiones en infraestructuras, olvidándose de la solidaridad con el resto de autonomías al tiempo que se establece un Senado con carácter federal de manera que cada autonomías, de hecho, quedaría convertida en un pequeño estado con unas competencias que, evidentemente deberían ser superiores a las de las actuales autonomías en las que, como ocurre en el Estatuto de Cataluña, las cesiones del Estado pueden llegar y, de hecho lo son, a ser superiores a las de los estados federales, Länders, alemanes que son inferiores, en muchos aspectos, a los privilegios de que está dotada al autonomía catalana.

Sería absurdo, inconveniente, gravemente perjudicial para los intereses del resto del Estado español y una bajada de pantalones del Gobierno español, a estas alturas de la disputa entre los separatistas, que han demostrado su poco respeto por España y el resto de españoles; su evidente distanciamiento de las leyes españolas y de la propia Constitución de 1978; su desprecio por las resoluciones de los tribunales españoles y su negativa a ejecutar sus sentencias; su manera ofensiva de referirse a las instituciones así como su insistencia en afirmar algo que resulta incomprensible, cuando afirman que, el Estado español, les está robando, cuando son ellos los que incurren en desvío de capitales y malversación de bienes, cuando el dinero que se les remite para pagar a los proveedores, como las farmacias o los funcionarios; son destinados, de forma ilegal , a pagar facturas de estudios sobre la futura nación catalana, crear organismo paralelos a los del Estado, como, por ejemplo, una Hacienda catalana o contratar personal para trabajar para llevar a cabo, en su momento, el anunciado procedimiento de ruptura con el resto del estado español.

El señor Sánchez, una vez más, está demostrando que no ha cambiado de manera de pensar, que sigue empecinado en su obsesión de perjudicar a los populares, aunque, en esta ocasión, pudiera poner en un brete al gobierno y a los españoles dándoles, a los separatistas, argumentos para ir pidiendo más y reforzando sus posibles argumentos ante la comunidad europea, hasta ahora incorruptible ante los distintos intentos del gobierno catalán, de abrir una fisura que les permitiera albergar esperanzas de ser admitidos en la UE, tan pronto consiguieran separarse del reino de España. Inoportunidad, deslealtad, complicidad con los comunistas de Podemos, con los que están coqueteando descaradamente y con los que el señor Garcia Page, de Castilla la Mancha, parece decidido a unir fuerzas, cediéndoles participar en el gobierno, para conseguir aprobar unos presupuestos que se le vienen resistiendo. Lo curioso de este previsible pacto es que, los más radicales miembros de Podemos, se muestran críticos con ello y parecen estar dispuesto a protestar ante la posibilidad de que se llegara a este acuerdo.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, cada vez tenemos el convencimiento más arraigado de que, la situación española, está entrando en una fase en la que España parece que va entrando en la órbita de la izquierda europea y, por si fuera poco, en la de la más radicalizada de todas, de forma que corremos el peligro de que, aparte de que se produzca una situación en la que, las propuestas de los bolivarianos de Podemos, expresadas claramente por su actual líder, señor Pablo Iglesias, sean aceptadas por el líder de los socialistas, Sánchez, y se produzca una fuerza frente populista capaz de sumar más votos que las del centro derecha, con posibilidad de que una moción de censura derribara el gobierno del PP; la degradación subsiguiente del Estado de Derecho y la posibilidad de que las tesis separatistas llegaran a tener posibilidades de modificar la Constitución, permitiendo que cualquier territorio español pudiera decidir su destino por mayoría de sus propios habitantes, sin que el resto tuviera nada que decir al respeto. Si ello ocurriera, la unidad de la nación española se derrumbaría y, lo que quedase de España, sería pasto de la ambición y rapiña de los “tiburones”, que decidieran aprovecharse de la debilidad de sus despojos. Una perspectiva que se nos antoja como lo peor que se puede esperar de nuestros políticos.
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