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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Casa de muñecas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 14 de abril de 2005, 21:56 h (CET)
La ministra Trujillo, doctora en Derecho, durante la inauguración de una feria en la ciudad de Barcelona dijo ante los periodistas que el Gobierno barajaba la posibilidad de construir viviendas de protección oficial destinadas principalmente a los jóvenes cuya amplitud seria de 30 metros cuadrados. Las gentes de mi generación lo primero que hacíamos al cumplir la mayoría de edad, y en ocasiones antes, era procurarnos una vivienda para dejar la casa paterna, y escribo “paterna” con todas las consecuencias ya que entonces era el “pater familia” el que mandaba en casa y su autoridad solía ser indiscutible. También es verdad que en aquellos tiempos el trabajo no escaseaba como ahora y todavía no se habían inventado los contratos precarios como ahora sucede. Nos íbamos de casa y para nosotros era todo un éxito poder hacerlo. Y la verdad es que si vuelvo la vista atrás y veo los pisos donde fuimos a vivir estos treinta metros de ahora pueden llegar a parecerme todo un palacio. Pisos pequeños, viejos y de alquiler era todo lo que podíamos conseguir y a esas edades no nos pasaba por la cabeza el comprar un piso. Eso vendría después cuando obedeciendo los consejos de la sociedad sentáramos la cabeza y formáramos una familia previo paso por la correspondiente vicaría.

Ahora los jóvenes lo tienen más difícil. Los pisos suben cada año diez veces más que el IPC. y los salarios, la mayoría trabaja con contratos en precario y a tiempo parcial y claro, con estos antecedentes, es muy difícil hacer frente a una hipoteca en el caso de que algún banco sea tan magnánimo que con tan mísera nómina la conceda.

Por eso la juventud actual continua viviendo en casa de los padres ya que el mercado de los pisos en alquiler tampoco se mueve en unos parámetros asequibles a sus disposiciones monetarias.

A la ministra Trujillo se le ha lanzado encima la mayoría de la prensa. A mí personalmente la idea no me parece tan mala, durante un tiempo yo viví junto con dos personas más en Nueva York en un piso de no más de 40 metros cuadrados, y la verdad es que nos amoldábamos bastante bien. La idea de compartir servicios comunes como pueden ser los trasteros y los servicios de lavandería tampoco es mala y se viene haciendo en muchos países. Lo que pasa es que España es un país donde, por nuestra idiosincrasia cultural todos queremos ser propietarios y si podemos tener una segunda residencia mucho mejor. Ahora bien esta idea, que tal vez tan sólo sea un globo sonda de la Sra. Ministra, puede quedar en agua de borrajas si los citados pisos son tan caros en proporción como los más grandes. Si esto es así los jóvenes seguirán sin poder comprar piso y los especuladores seguirán haciendo su agosto comprándolos y alquilándolos después.

Yo, personalmente, noto a faltar otro tipo de medidas. Las estadísticas dicen que en España hay cerca de cuatro millones de viviendas vacías. En Francia al propietario que tiene una vivienda vacía se le impone un IBI con recargo para hacerle desistir de continuar teniendo la vivienda sin alquilar. Otra medida seria hacer que los Ayuntamiento liberalicen suelo sin venderlo al mejor postor y otra controlar la especulación que ha llevado a la vivienda en este país a precios desorbitados. Aquí en cuanto los bancos dejaron de retribuir el dinero con intereses altos la gente refugió sus pequeños o grandes ahorros en el “ladrillo” que siempre se ha considerado una inversión segura. Esta bien hacer pisos para los jóvenes pero de un gobierno socialdemócrata cabe esperar medidas más políticas que la construcción de casas de muñecas. La Constitución dice que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna y aunque la dignidad no se mida en función de los metros cuadrados del piso hay que recordar que todavía en las grandes ciudades son muchas las familias que habitan, porque eso no es vivir, en pisos de 40 metros cuadrados.

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