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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Hablemos de otras cosas

Rafael Pérez Ortolá
viernes, 14 de julio de 2017, 08:44 h (CET)
Al menos en pequeñas reuniones, cuando las tertulias se enzarzan en un mismo tema, saturan a los contertulios y alguien eleva la petición: ¡Hablemos de otro tema! Porque de la madeja de las intervenciones ya no salen cabos. Suele ocurrir cuando los presentes ejercen la misma profesión o similares. También si las presiones de determinados ámbitos son acentuadas. Digo las REUNIONES con menor número de participantes, por que a medida que los intervinientes o el público cercano aumentan, el cambio ni se menciona; como apreciamos en programas televisivos o disertaciones entre colectivos.

Y eso que las palabras ofrecen VARIANTES sustanciales para el estímulo de las modificaciones sugestivas. El simple orden de la presentación es decisivo. Qué pone usted primero, familia, comunidad, partido, historia, apariencias; delimitan el curso dialogante. Sin olvidar los matices del pronunciamiento personal. A quienes les pueden los afectos, desdeñan otros pormenores. Los hay propenso a las respuestas heladas despectivas, con razones o sin ellas, tampoco los argumentos gozan de valoraciones elevadas en la actualidad. La frivolidad mantiene su prestancia sin mayores honduras. Y la magia expositiva queda postergada. Por entonación o por palabras, las variaciones son prometedoras, pero…

Hay una diferencia notoria entre estar poseso o ser un sujeto demoníaco, con unas malas intenciones que transmite a cuanto se relacione con sus acciones; dichas cosas o entidades aparecerán maleadas. Ahora también están desprestigiados los demonios, que si sí, que si no; parecen haber perdido el sitio. Aunque son dos cosas distintas, las acciones DEMONIACAS están presentes en los aires cotidianos sin lugar a dudas y comprobadas por un sinnúmero de experiencias directas. Parece evidente, llevamos la ambivalencia metida en el tuétano, todo dependerá de la orientación final de la energía movilizada. Al fin, es una decisión personal e intransferible, en la cual asientan las responsabilidades.

El paso de la bondad a la pérfida decisión del malvado depende en ocasiónes de leves matices, que además suelen ser inestables, la exageración de lo bueno o las omisiones subrepticias, entre ellos. Dichos efectos aparecerán amplificados en la medida del engrandecimiento de los planteamientos, bien se trate de ideologías, instituciones o agrupaciones- En la progresión de su crecimiento se cruza el UMBRAL diferenciador. Surge el reto de percibir a tiempo en que lugar estamos, en que nivel de degradación. En nombre de sublimes bondades se cometieron abusos infames, las mejores ideologías, el Estado, agrupaciones e incluso organizaciones altruistas, puyeden ser núcleos demoníacos en alguna de sus fases activas.

A mí me parecen de los peores demonios, los asesinos de las chicas de Alcácer o de Marta del Castillo. ¡Ojo! Todavía peores, los que estaban detrás de la trama de los condenados. Lo mismo digo de los engolados políticos que chuparon la sangre de mucha gente a través de los dineros, en Andalucía, los honorables catalanes, o en cualquier otro foco de corrupción en las alturas. Pero, no crean, también en esto insisto casi tanto o más, en los COLABORADORES necesarios, escondidos, desviando la mirada, pero al lado de los truhanes.

El humor poético de Ángel González viene que ni pintado a todo esto. “Invitación de Cristo / dijo: / Comed, este es mi cuerpo, / Bebed, esta es mi sangre. / Y se llenó su entorno por millares / de hienas, / de vampiros.” Que culpa tendrán los animales carroñeros o voladores en general, para que llamemos PÁJAROS a esta gentuza practicante de los demanes sin nombre, superan los calificativos conocidos. Parten de una enajenación patente, la de considerarse por encima del resto de la gente, sin ningún asomo de consideración social y con la única limitación de su fuerza disponible. Ni fundamentos cósmicos, divinidades, ni leyes, ni éticas, nada de todo eso entra en sus mentalidades. Su único afán es particular.

Merece la pena sacar a colación el camino seguido por las obras materiales de los humanos a través de los tiempos. Más pronto que tarde, comienza el proceso de su deterioro, de acentos distintos según las obras; con su aniquilamiento en ese horizonte de lejanías imprecisas. Eso sí, aún les queda el rescoldo de su desquite a través de las ruinas recuperadas por la ARQUEOLOGÍA. A quienes osaran pensar en contrario, les hacen ver el futuro de la materia en los restos aún perceptibles. Que no prestemos atención a su mesaje, sólo refleja una estupidez rampante, que por habitual, no deja de serlo. Todavía peor, si como sucede en pleno siglo XXI, aún hay grupos descabalados empeñados en la destrucción o tergiversación de estos mensajes.

De qué sirven los amores imposibles, las intenciones recluidas en el magín, las palabras no pronunciadas, los distanciamientos innecesarios, las actuaciones siempre dejadas para mañana; en definitiva, las cualidades aparcada en la recámara. Ni de lamento van a servirnos. Tenía que haberle dicho, querido, apoyado, avisado; tenía, pero no hice nada de eso. Son pinceladas de una NULIDAD que origina muchos problemas desde la pasividad. En el ámbito particular, respecto a seres queridos, cuando no les aportamos las atenciones disponibles. En el trato colectivo, refleja las omisiones en momentos decisivos. Son situaciones potenciales dejadas de lado, de consecuencias impensadas, de reparación imposible, por el simple paso del tiempo.

Esa procastinación con la dejadez como lema prioritario, se contrapone al comportamiento de quienes sitúan a la actuación en primer lugar, sin mucho detenimiento en las reflexiones, enlentecedoras del proceso, que sólo entorpecen sus ansias. Su actitud es muy vitalista, por su tendencia a la acción, aunque poco humana, alquedar limitada casi en exclusiva a los impulsos. Protagonizan una FOGOSIDAD que ya quisiéramos para labores meritorias. No obstante, chocan contra dos preguntas elementales. ¿Para qué? Sobreentienden para su actuación, que los otros deben asumirla, sin más. ¿Acosta de qué y de quiénes? Es para ellos un apartado secundario. Con el consiguiente desflecamiento convivencial.

Con lo sencillo que es enredar los asuntos, es incomprensible como algún concepto permanece con cierta claridad. Muchos agradeceríamos la disminución de esos afanes por enmarañar las cuestiones; bastantes tareas nos acucian, para ponernos ahora a destripar informaciones tendenciosas. ¿No enreden más las cosas, por favor! La ciencia no alcanza para todas las incógnitas; bienvenidas las tendencias complementarias. Pero la insensatez descalabra las ideas. Los excesos de la ciencia son presuntuosos y necios; como ocurre también con las PSEUDOCIENCIAS, porque con el intento de suplantar las demostraciones científicas, pierden su encanto y su razón de ser. Cada sector entraña aspectos diferentes.

De enigmas vamos bien servidos, desde los orígenes remotos a los finales; el rango experimental es muy modesto, con el agravante de la proliferación de perspectivas. Si la mayoría convenimos en la crudeza de los caminos, por qué acudimos a ellos con la intransigencia de complicarlos, teniendo otras opciones a mano.
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