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Etiquetas:   La OPA hostil   -   Sección:  

¿Bonanza Económica? ¿Están seguros de ello?

Carlos Sánchez Ponz
Redacción
jueves, 14 de abril de 2005, 23:20 h (CET)
Estos días se puede leer en la prensa nacional cómo se vaticina un crecimiento del PIB español en 2005 del 2,7%, lo que significa uno de los mejores datos de la economía nacional de los últimos tiempos. Desde el gobierno ya se han apresurado a cantar las alabanzas del nuevo modelo Solbes tras un año de ejercicio político, lo que no deja de ser curioso por cuanto que los problemas monetarios de la inmensa mayoría de las familias se han mantenido, por lo menos, sino aumentado, desde 2004. Y para ello no hay más que acudir al último dato aparecido hasta la fecha, la terrible subida de carburantes experimentada en el primer trimestre del año, que ha sido de 7,3 céntimos en la gasolina sin plomo 95, y de más de 8 en el gasoil.

A pesar de todo, no hay que obviar dos de los principales problemas que han afectado a la economía española en recientes fechas: la subida del crudo por parte de los principales productores y la elevada cotización del euro frente al dólar, que no ha hecho sino debilitar enormemente la competitividad-precio de las exportaciones de la Unión. Según datos de este martes, 1 euro se pagaba a más de 1,29 dólares, aunque hasta hace poco la diferencia era aún mayor.

Sin embargo, no todos los países de la UE sufren por igual esta preeminencia económica del euro, y si no, ahí está Alemania para demostrarlo, cuyas exportaciones, basadas en bienes de alto coste tecnológico (coches y ordenadores) no se han resentido respecto de los problemas económicos europeos. La explicación a esto la podemos encontrar en el hecho de que los productos germanos requieren una gran especialización, y la escasa competencia a nivel mundial que encuentran, les hace imprescindibles sea cuales fueren las condiciones del mercado.
La política económica alemana de los últimos años ha apostado por un fuerte control de los costes laborales, así como por la implantación de algunas de sus filiales empresariales en países donde los costes de producción resultasen más asequibles. Todo ello se ha traducido con el paso del tiempo en un ajuste de precios inigualable, que ha elevado a numerosas compañías teutonas al primer puesto mundial en sus respectivos sectores, lo que para un país con clara tradición exportadora es fundamental.

La otra cara de la moneda es para los países de la cuenca mediterránea y Portugal, cuya producción, centrada en bienes de consumo y de escasa especialización, son muy vulnerables a la llegada de nuevos Estados con mano de obra más barata y mejores costes de producción. Así, la progresiva entrada en el mercado exportador de países del sudeste asiático, junto con los nuevos miembros de la Unión Europea tendrán un claro efecto negativo en las Economías de italianos, portugueses y españoles, que no han hecho en estos últimos años los deberes económicos que les correspondían. Los políticos aún se congratulan de que crezcamos más que el resto de la Unión, arrastrados por la llegada de fondos comunitarios e inversiones extranjeras de la década pasada. Veremos qué dicen y qué soluciones proponen cuando lleguen las vacas flacas.

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