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Etiquetas:   Política   -   Sección:   Opinión

Dos sujetos peligrosos para España y sus intereses

Pedro Sánchez, un amargado obseso contra el PP y, Pablo Iglesias, un experto en el lavado de cerebros
Miguel Massanet
jueves, 13 de julio de 2017, 08:11 h (CET)
Se puede decir que España lleva unos años sometida a una dura prueba. No ha bastado el tener que enfrentarse, juntamente con Europa y medio mundo, a una grave crisis económica y de ideas, sino que, a causa del trauma que, los efectos de la grave situación por la que se han visto afectadas todas las naciones que la han padecido, los ciudadanos han perdido parte de la confianza que tenían en sus gobiernos, se han rebelado frente a una contrariedad ante la cual se han visto inermes y, consecuencia de todo ello, una parte respetable de los españoles se han dejado arrastrar por aquellos expertos en aprovechar el malestar del pueblo, para sentirse impulsados a adoptar posiciones extremas, en las que han querido ver un medio de demostrar su descontento contra aquellos que han gestionado la tormenta económica, social y financiera que generó el paro, la quiebra de multitud de empresas, el cierre de comercios y el consiguiente desánimo y desmoralización en la mayoría de quienes se vieron directamente afectados por los años en los que, el país, se vio sometido a los efectos del hundimiento de los mercados bursátiles y la paralización de la economía mundial, equiparable a la grave crisis sufrida por los EE.UU de América en el año 29 del siglo pasado.

Es inútil perdernos en recordar situaciones pasadas que todos los españoles tenemos grabadas en nuestra mente; y lo mismo se puede decir de entrar en consideraciones sobre la forma en la que, grupos de comunistas bolivarianos, lograron infiltrarse en nuestros medios de comunicación para, con unas buenas técnicas de captación de voluntades y aprovechando la simiente que dejaron los revolucionarios del 15M; lograr, en un tiempo récord, que cinco millones de españoles les otorgasen su confianza en las pasadas legislativas. El hecho incontestable es que, para preocupación de aquellos españoles que seguimos creyendo en la unidad de España, la democracia, el orden y el respeto por nuestra Constitución, hemos entrado en una época en la que la atomización de partidos; la falta de una mayoría estable en las cámaras de representación popular; el desafío de algunas autonomías, en particular la catalana, pretendiendo escindirse del resto de la nación; los ataques constantes de los partidos de la izquierda extrema a las formas democráticas establecidas en nuestra Carta Magna; unidos a un debilitamiento general de la moral y la ética, producto de la implantación generalizada de la filosofía relativista, tan propia de una juventud que ha perdido, en gran parte, sus valores y sus principios derivados de la tradición cristiana, tan característica de las generaciones que las precedieron.

Fruto del desgaste de los dos grandes partidos tradicionales españoles, el PP y el PSOE, los directivos de ambas formaciones, en los que el pueblo había puesto sus esperanzas para evitar ser afectados por la llamada crisis de las sub-prime, fueron perdiendo el apoyo de sus votantes, de tal modo que, en las últimas votaciones, ambos partidos han sufrido un importante recorte de escaños que, por el efecto balanza, han ido a parar a otras formaciones de nuevo cuño, como ha sido Ciudadanos, que recogió una parte importante de los votos del PP y, el partido Podemos, que se llevó a los desertores del PSOE, que fue el que se llevó la peor parte en cuanto al número de escaños perdidos. Con un gobierno del PP en minoría, un Parlamento dividido y con gran dificultad para conseguir mayorías absolutas, el desafío secesionista que amenaza con causar un verdadero estropicio en la convivencia de los españoles y la ruptura traumática del orden constitucional, cerniéndose como un nubarrón apocalíptico sobre toda España. Nos encontramos ante una nueva advertencia latente, representada por dos personajes que, desde distintos puntos de vista y por motivaciones subjetivas de cada uno de ellos, pueden influir de una manera muy negativa en el futuro de la nación española. Sin que ello no fuera previsible, dada la idiosincrasia del individuo, contrariamente a lo que la mayoría pensaba, incluso de los directivos de su partido, el señor P. Sánchez venció aparatosamente a su rival, la señora Diaz, en las primarias de su partido. Su triunfo supuso el cambio de planes del resto de partidos del arco parlamentario. Las tácticas de las formaciones políticas tuvieron que ajustarse al nuevo panorama político y, el primero en encajar el mal trago, el señor Rajoy, se tuvo que tragar la bilis para mostrarse conciliador y solícito con quien no hace otra cosa que pedir, a todo el resto de partidos, unirse para desbancar al PP del Gobierno de España. Sin embargo, si bien, aparentemente, el señor Sánchez parece haberse controlado en cuanto a sus modales, es evidente que lo que busca para su partido, del que ha apartado de la primera fila a todas las personalidades relevantes de años anteriores, para situar sus peones adictos en los cargos claves, viene demostrando que su intención es buscar el giro a la izquierda del PSOE, dejándole el centro izquierda al señor Rivera de Ciudadanos y disputándole a Podemos la parte más radical, en un intento de recuperar los millones de votos que fueron a parar a sus filas, como consecuencia de los malos resultados de los dos comicios anteriores, de los que salió muy favorecido el partido de los comunistas bolivarianos.

Pero no nos descuidemos y dejemos de darle la importancia que tiene, como experto en captación de masas, el actual líder de las agrupaciones asamblearias de Podemos. Pablo Iglesias que, en la actualidad, se encuentra en una posición de fuerza, desde que venció, por goleada, a su retador el señor Iñigo Errejón. Sin el menor rubor anda cortejando con insistencia, utilizando sus recursos más sofisticados, para llevarse a su retortero al complicado Pedro Sánchez, que sigue obsesionado con ocupar el cargo de presidente del gobierno de España y, desde allí, deshacerse de lo que quedara del grupo Popular. Iglesias, como buen estratega, no aspira, de momento, a pedir que se le deje presidir el gobierno de la nación. Preferirá que Sánchez deba bailar con la más fea, cuando sus ilusorios proyectos se vengan abajo, se encuentre con la imposibilidad de cumplir sus promesas, ante una Europa que no le va a pasar ni una, y se encuentre sin financiación para llevar a cabo todas las promesas de mejoras sociales, que fueron las que llevaron al caos a su antecesor, el señor Zapatero.

Seguramente le bastaría, a Pablo Iglesias, que le concedieran a su partido unos cuantos ministerios importantes, desde los que pudiera a poner en práctica las técnicas que sus representantes en Madrid y Barcelona, Carmena y Colau, ya están ensayando en sus respectivas ciudades, en las que están intentando crear una serie de órganos del tipo de comités de barrio para ir controlando, de cerca, a los ciudadanos, de modo que cualquier iniciativa de reforma urbana tenga que pasar por sus manos para poder vetar, como lo están haciendo en dichas capitales, que grupos, empresas o lobbies puedan proyectar un tipo de construcciones que ellos consideren que se trata de obras capitalistas a las que hay que oponerse. Cuando el fruto estuviera maduro y, el insensato de Sánchez se viera acorralado por sus propias sinrazones, entonces le llegaría el momento de actuar al señor Iglesias, imponiendo sus condiciones y poniendo en práctica, lo que ahora intentan hacer los catalanes: dar un golpe de Estado para establecer un régimen comunista en España.

Puede que tardara unos años o puede que esperara un tiempo prudencial, para no asustar al pueblo, que todavía no está preparado para un cambio tan brusco; pero la idea está, no lo duden ustedes, en la cabeza de este peligroso sujeto al que podríamos comparar con José Stalin, el gran genocida de la Unión Soviética. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, estamos viendo como la serie de acontecimientos se vienen desarrollando, siguiendo un plan que parece perfectamente trazado. No sabemos cómo se tomaría Europa el hecho de que España se entregara en manos de unos comunistas, a la medida del plan del sátrapa venezolano que los ha estado financiando con la intención de conseguir establecer, en nuestra nación, una cabeza de puente que abarcaría la península Ibérica. Seguramente a la Alemania y a la Francia del señor Macrón no les iba a resultar fácil admitir que el cepo comunista, Ucrania por el Norte y España y Portugal por el Sur, podría llegar a corromper lo que quedara de la UE; con el peligro añadido de que, desde Oriente Medio, los del EI que están siendo derrotados en Siria, decidieran hacer una incursión hacia las naciones de occidente. Nada es imposible. Recuerden el proyecto de Frente Popular.
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