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¿Ha perdido el consumidor el miedo a la carne?

Vida Universal
martes, 11 de julio de 2017, 08:12 h (CET)
En 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la carne procesada es cancerigena, la peor calificación que un producto puede obtener. Por su efecto cancerígeno la amenaza de la carne procesada, como los embutidos, se presenta tan peligrosa como el agua con arsénico o el tabaco. En la categoría «carne procesada» se encuentran todos los productos sometidos a salazón, ahumados, fermentación y/o cualquier otro proceso necesario para su conservación.

Un grupo de 22 expertos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS evaluó los datos de más de 800 estudios y publicó su trabajo en la revista especializada «The Lancet». El resultado: «Cada porción diaria de 50 gr. de carne procesada aumenta el riesgo de cáncer intestinal en un 18%». Por consiguiente según este estudio, el riesgo de cáncer intestinal aumenta en relación al consumo de productos de carne procesada. Pero los científicos de la OMS también declararon la carne roja como posiblemente cancerígena. Existiendo «claros indicios» de una relación directa entre su consumo y el riesgo de padecer cáncer intestinal, de páncreas y de próstata. Por «carne roja» se entiende la carne proveniente de los músculos de cualquier tipo de mamífero, es decir de cerdo, vaca, oveja, cordero, ternera, caballo o cabra.

La evaluación de la OMS provocó mucha polvareda y se esperaba que se iniciara un cambio en las costumbres culinarias de muchas personas tal como se vio hace unos años con el tabaco, sin embargo parece que el placer por la carne ha hecho olvidar rápidamente los peligros a que está sometido el consumidor habitual de carnes y embutidos.

Al respeto sería muy interesante y necesario informar al consumidor de los peligros de su compra, tal como ocurre con los paquetes de cigarrillos, es decir incluir palabras e imágenes relacionadas con enfermedades, muerte y cáncer en el etiquetado. Y desde el punto de vista ético también estaría justificado incluir en su etiquetado algo como por ejemplo: «Para producir este trozo de carne tuvo que morir un animal», o bien «La muerte de los animales es responsabilidad de muchos: del ganadero, del carnicero, del vendedor, del cocinero y del consumidor”.

El sufrimiento indescriptible de miles de millones de animales hace ya tiempo que clama al cielo. Con toda seguridad las generaciones futuras miraran hacia atrás y consideraran la matanza de animales como uno de los mayores errores de la humanidad.

Desde antiguo se sabe que todo lo que hacemos a la naturaleza regresa de vuelta al autor de los hechos, ¿no son acaso las muchas enfermedades de la actualidad un ejemplo de que todo lo que el ser humano está causando al medioambiente tarde o temprano regresa a él? Quizás sea aun tiempo de reflexionar.
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