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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

La derecha española plagiando políticas de izquierdas

¡Oh, imitadores, manada servil! Horacio
Miguel Massanet
sábado, 8 de julio de 2017, 12:45 h (CET)
A muchos nos cuesta aceptar que, en el PP de hogaño, las cosas han cambiado, que los nuevos directivos de esta antigua formación política ya no son los que han asumido la misión de salvaguardar las esencias de la derecha española, las tradiciones cristianas, los valores de la ética y la moral que nos trasmitieron nuestros padres y las virtudes que siempre se han considerado como santo y seña de la raza española. No obstante, tenemos que rendirnos a la evidencia, deberemos admitir que, en este PP que dirige el señor Mariano Rajoy, ya han crecido brotes de ideologías distintas, doctrinas que se vienen apartando de la ortodoxia conservadora y vienen inclinándose hacia otras doctrinas que, en ocasiones, se contradicen radicalmente con los principios que, tradicionalmente, formaban parte del acervo cultural de la derecha tradicional española.

Cuesta entender que, a estas alturas, después de más de seis años de gobierno del PP, tengamos a un ministro de Hacienda que nos siga diciendo que, aunque la recuperación es un hecho incontestable, tengamos que seguir aumentando impuestos, manteniendo tipos impositivos evidentemente desproporcionados, por no decir de carácter incautatorio. Que después de haber convertido el ministerio de Hacienda en una institución al servicio de la persecución del fraude, actuando como perro de presa hurgando en las economías no sólo de los grandes defraudadores, algo que se puede considerar normal, sino en busca de aquellas personas que por error, por ignorancia, por falta de información o por desconocimiento de las reglas han incurrido en alguna anomalía, por pequeña que sea sin que los cancerberos recaudatorios sean capaces de distinguir en estos casos entre las actuaciones de mala fe o los errores involuntarios, algo que se podría tomar en cuenta a la hora de los recargos o de las sanciones.

Es evidente que el desengaño de los simpatizantes del PP en materias como el aborto (un tema que, especialmente las mujeres que militan en el PP, parecen, al menos una parte importante de ellas, estar dispuestas a admitirlo) donde después de los años que viene gobernando el PP, ni por asomo se ha legislado para acabar con los abusos que la actual legislación permiten. Ya hemos desistido, al parecer, de aplicar de una regulación más restrictiva con respecto a la homosexualidad y el lesbianismo que, contrariamente a lo que se podría esperar, en lugar de haberse regulado y controlado para evitar exhibiciones como las que han tenido lugar en Madrid, lo que han hecho ha sido contribuir a su difusión y defensa.

En su incomprensible degradación, en su descaro y falta de consideración hacia sus miembros y simpatizantes, en su deriva de incumplimientos de las promesas electorales, precisamente en estos momentos y después de una serie de años de ir permitiendo que el nacionalismo catalán, que aquellos primeros fuegos que se fueron encendiendo en los focos de catalanismo; que aquellos incipientes actos de quema de banderas españolas, de ofensas a los símbolos patrios y de destrucción de los retratos de los reyes, en lugar de ser sancionados como correspondía, por un falso rubor a aceptar que existieran, por un temor absurdo a que se fueran propagando, se pasaron por alto, dando lugar a que los infractores fueran tomando confianza, envalentonándose y expandiéndose, hasta llegar a la situación actual, cuando una mayoría de catalanes ya están convencidos de que están en condiciones de pedir la independencia.

Y hete aquí que, el actual Gobierno, en lugar de actuar con energía, de impedir que los separatistas den un paso más en su intención de separarse de España, empiezan a flojear, a aceptar opiniones, como la del señor P.Sánchez o la del mismo señor Rivera de Ciudadanos, que parecen tener miedo a lo que pueda pasar con Cataluña y ya se han manifestado en contra de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Evidentemente los de Podemos ya hace tiempo que han optado por la política blanda, permitiendo a los catalanes la celebración de referéndum. Lo que no nos han dicho es lo que sucedería si, el resultado, fuere un sí a la independencia y tuvieran que admitir que la autonomía catalana se independizara del resto de la nación española.

Los ciudadanos de a pie, los que siempre habíamos votado al PP, los que simpatizaban con sus valores y confiábamos en que sabrían mantener sus políticas de derechas sin dejarse condicionar, sobre todo en materias de Estado, como es el caso catalán, por las presiones, siempre interesadas y, evidentemente, buscando la debilitación del Estado de Derecho, para poder llegar al poder y cambiar el sistema de gobierno del que, mediante referéndum, nos dotamos los españoles; estamos comprobando que, el PP, con sus actuales dirigentes, muchos de los cuales es evidente que no comparten las mismas ideas que sus bases; se deja llevar por la inercia, como parece que está ocurriendo en estos momentos en los que, el señor Rajoy, después de sacar pecho en el caso catalán, parece que ya está arriando velas cuando ya admite que no piensa aplicar el artículo 155.

Todo ello nos lleva a, por descarte, intentar adivinar de qué modo, los partidos llamados constitucionalistas, piensan solucionar este gravísimo problema si, sin apelar al artículo 155, sin usar la fuerza, tal y tampoco como indica el artículo 8 de la Constitución; piensan convencer a los nacionalistas de que desistan de su objetivo, acepten una componenda y todos, señores, como si nada hubiera pasado. ¿Se cederá en declarar, como única lengua el catalán en toda la autonomía catalana o se doblarán las ayudas pecuniarias o se iniciarán nuevas estructuras a costa de reducir las del resto de la península? O ¿se reformará el Estatut, para darles nuevas competencias en Justicia o se les permitirá disponer de un Ejército propio? ¿Qué más se les puede dar a estos señores, cuando el Gobierno a través de distintos canales de financiación, no ha parado de inyectarles ayudas, avalar su deuda pública y permitirles que hayan convertido la enseñanza en un coto privado de aleccionamiento de las nuevas generaciones de catalanes?

Tienen, acaso, pensado inhabilitar a unos cuantos miembros del Gobern o de la Parlament, como ya hicieron con el señor Mas y el señor Homs, sin que haya servido para nada en cuanto a detener el progreso de este “process”. ¿Han calculado lo que va a significar para España si, de alguna manera, se permitiera que se pusieran las urnas, que se sacara algún tipo de tajada a cambio de retrasar la consulta? ¿Hasta dónde el señor Rajoy, que ya nos ha enseñado cuáles son sus límites y lo equivocado que ha estado durante todos estos años en los que no ha movido un dedo para parar el avance secesionista, estará dispuesto a ceder, ante Rivera y Sánchez, para buscar una salida negociada; confiando en que, los catalanes, aceptarían por las buenas quedar unidos a España, en calidad de estado federado; algo que, en realidad, no cambiaría para nada su dependencia en materias de Estado con el gobierno central? El Estatut ya les confirió mucho más de lo que hubieran recibido siendo un estado federado.

Todavía no sabemos lo que opina el Rey, aunque mucho nos tememos que tenga aún más ganas que Rajoy de que alguien le quite este “marrón” de delante, para no tener que asumir la responsabilidad de ser él el que ordenara el Ejército sofocar cualquier conato de rebelión en Cataluña. Lo cierto es que, el PP, puede encontrarse en una situación muy comprometida si intenta seguir por el camino que ha emprendido, porque es muy posible que, no sólo deje de recuperar los votos que se fueron a Ciudadanos en las anteriores elecciones; haya desaprovechado el negarse a formar gobierno y obligar a que se celebrasen unas nuevas elecciones en las que todos los pronósticos les auguraban 150 escaños, como mínimo; sino que, consecuencia de los casos de corrupción, de su comportamiento absurdo y mojigato con el separatismo catalán y su postura aparentemente blanda y complaciente con los partidos de la oposición ; es muy posible que todavía reciba un castigo mayor si, por cualquier motivo, no le quedase más remedio que convocar unos nuevos comicios.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que la situación de este país, con un PP en horas bajas y, nos tememos, mucho más dividido de lo que desde fuera parece, esté amenazando con que pudiéramos caer en una situación en la que, las izquierdas extremistas y bolivarianas, llegaran a ocupar el poder. Es evidente que, la solución, parece estar en manos de quienes juraron impedir que esto llegara a suceder, pero falta ver si responderán.
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