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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Certezas presuntuosas

La sospecha es nuestra defensa ante la invasión de las pretendidas certezas manipuladoras. ¡Seamos menos crédulos!
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 7 de julio de 2017, 00:01 h (CET)
Sobre las consideradas como CERTEZAS, no cesan las intervenciones, ni en público ni en privado. Asunto es, provocador de un aparatoso engolamiento por parte de quienes dicen proclamarlas; mientras los pusilánimes, que ni siquiera buscaron verdades, permanecen al margen. Son extremos contrapuestos, que en ocasiones aproximan sus afirmaciones, puesto que no son todos los que están en cada posición ni viceversa, frente a una sabiduría profunda de carácter esquivo.

El buen científico asume el paradigma actual como un posible antecedente de futuros paradigmas. La confianza en el conocimiento ratificado hoy es un eslabón de la larga cadena evolutiva. Las aproximaciones a dichos razonamientos son tantas como los agentes pensantes. En ese panorama dinámico, quedan obsoletas gran parte de las certezas del pasado, varía la duración de cada una de ellas. Las limitaciones acechan inclementes, las CARENCIAS de los humanos son patentes; los disimulos apenas suponen un fino velo, viene a ser una carencia añadida, por si no teníamos suficientes. Esa labor concienzuda en busca de confirmaciones no ocupa puestos preferentes en las comunicaciones habituales, con la consiguiente inestabilidad cognitiva.

El buen ciudadano de a pie, currante, parado, dependiente o pensionista, sabe a ciencia cierta las penurias que le caen sin remisión, por mucho que las nieguen los jerifaltes del momento. Desde los puestos privilegiados de la gestión les cantan verdades que no se corresponden con las vivencias de cada día. En la DISCORDANCIA entre los puntos de vista según la ocupación, ya se refleja el empleo de las supuestas certezas como arma para el avasallamiento de ciertos grupos de personas. Apreciamos con nitidez el fondo de falseamiento subyacente. De las palabras a la crudeza de los hechos surgen distanciamientos, que no sólo confunden al personal; afloran en sus espacios señales degenerativas preocupantes.

Una falacia practicada con ligereza inusitada, consiste en el lanzamiento de afirmaciones interesadas, con la coletilla de que son ciertas porque en ese momento no hay opiniones en contra; sobre todo cuando no fueron sometidas a debates previos, desconocemos sus fundamentos argumentales, no dieron opción a la réplica, etc. Ocupan los medios con una DESFACHATEZ rutilante. Acostumbrados a la prepotencia de su fuerza, no paran mientes en el abuso sobre individuos confiados en sus posiciones sociales; porque no todas las personas disponen de las capacidades suficientes para la comprobación por sí imismas de aquellas afirmaciones. Destruyen así la confianza, desvertebrando los posibles puntos de apoyo.

Al hilo de los comportamientos referidos, destaca la enorme cantidad de certezas proclamadas bajo el manto de los OCULTAMIENTOS. Las certezas del momento están basadas en la carencia de unos conocimientos mejores, porque los enigmas sean insolubles por ahora; pero abundan los casos en los cuales nos impiden el acceso a ciertos datos decisivos ya existentes. Es curiosa, a la vez que lamentable, la fuerte propensión al silenciamiento interesado, tendenciosos, por parte de los individuos, pero con mayores maquinaciones acumuladas en el funcionamiento de las entidades. La obtención de pruebas consistentes es laboriosa, costosa; de donde deducimosen las certezas la invitación a la duda, a la sospecha.

Son especialmente perniciosas las supuestas certezas presentadas en público con gran parafernalia de lo más atrayente, ocupando los lugares preferentes de los medios de comunicación; ahora bien, sin la mención de sus auténticos montajes. Me refiero a las MOVIDAS organizadas en busca de beneficios, que suelen ser económicos, sin descartar los ideológicos ni los tendenciosos de tramas inconfesables. Su acaparación difusora no admite controversias, fluye con sus grandezas. Exponen recomendaciones como indiscutibles, conocimientos de alimentación, salud, actividades lúdicas, cuidados infantiles o medidas de seguridad; sin ratificaciones adecuadas; pero vestidos con ropajes vistosos, aparatosos disfraces para sus promotores.

El pensamiento resulta crucial para la adaptación personal a las circunstancias que nos sobrevinieron en la suerte de la vida; nos conduce a las motivaciones particulares para las disposiciones posteriores. Esa facultad es insustituible. Aunque suele abocarnos en la práctica a una confusión habitual, con el desplazamiento de la posición propia a un valor absoluto. En ese reino de las OPINIONES, las certezas están sometidas a la tiranía de cada sujeto. En los ambientes poco propicios al contraste real de los pareceres, dispuestos en torno de comportamientos acelerados, apenas se consigue la suma de opiniones tomada como certeza, pero sin la consistencia requerida para ese concepto.

Olvidamos con excesiva frecuencia la capacidad transformadora de los conceptos emitidos, asentada en la CONTUNDENCIA de las maneras informativas. Los titulares, la reiteración de una idea, los silenciamientos de las opiniones contrapuestas; les confiere a los grandes medios un enorme poder de convencimientos, por esa infiltración subrepticia. Para la detección de sus falseamientos sería necesaria mucha atención y perspicacia. Difíciles de reunir si el personal está aturdido por la inmensa cantidad de informaciones intrascendentes. Puestas así las cosas, nos convendría percibir la alarma en contrario, la contundencia convertida en fuente de sospechas, porque suele contribuir al carácter esquivo de las certezas.

Algunos adoptan posiciones de firmeza en sus convicciones con la mejor intención, pero sin los requerimientos oportunos para la consideración de aquellas ideas como certezas. La intención les impulsa, pero no evita el desliz de la presunción de certeza sobre unas bondades sin la comprobación efectiva de sus desarrollos. Son BUENISMOS renqueantes, debido a sus puntos débiles, expuestos a derivaciones improcedentes. Muchos ejemplos inciden en recomendaciones dietéticas extremosas, medicinas alternativas obsesivas, ONGs e incluso en instituciones; cuando apenas contemplan las secuelas de sus excesos, que son patentes. Ni qué decir de la malas intenciones, que no forman parte de estos deslices bienintencionados.

Sería pertinente volver a la antigua distinción de David Bohm. “La verdad en el contenido” y “La verdad en la función”. Todo el grueso del contenido es indemostrable, vamos demostrando ciertas funciones experimentadas. Sí, la Tierra gira alrededor del sol, pero la comprensión del todo está fuera de nuestro alcance. Es importante la rigurosa honestidad en la consideración de las CERTIDUMBRES aducidas en cada ocasión. ¿A qué contenidos exactos nos referimos? ¿Cuáles son las implicaciones inducidas en nosotros y en el resto de las personas? La dificultad para la medición de la honestidad es patente. ¿Alguién lo dudará? Por lo tanto, tenemos un serio problema, porque ni siquiera planteamos a fondo la cuestión.

La corrupción aparece detrás de las acciones deshonestas, y estas siguieron a la ligereza de los criterios previos, individuales y colectivos. Es una SECUENCIA perniciosa de aconteceres, expuestos a la contemplación de todas las personas. De ahí el asombro cotidiano por la falta de sensibilidad y audacia para contrarrestarlos.
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