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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
Frustraciones invariables


Habituados a la simplificación de los criterios, parece lógico que las actuaciones les seguirán la corriente


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
viernes, 4 de noviembre de 2011, 08:35
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Por cada mejora alcanzada nos sobreviene un sinfín de penalidades y angustias, desacuerdos e impertinencias; en una desproporción alarmante, no sólo actual, sino en aumento. Quizá no atendamos debidamente a la cruel CRISIS ÉTICA Y MORAL, que subyace entre las enormes dificultades económicas, desigualdades, politiquerías, violencias, intolerancias u odios. Si no fueron verdaderas risas, si han sido emitidas críticas variadas sobre los criterios de Kant para una valoración de los comportamientos con aspiraciones de una validez universal. Después de mucha palabrería, el imperativo categórico, enfocado al bien universal, para el conjunto de los humanos, ¿Tiene o no tiene interés?

Las propuestas de algunos pensadores y la difusión de sus publicaciones, encubren con frecuencia una serie de SENTENCIAS pobretonas; cuesta entender como han mantenido sus vigencias. Acaso sea por ignorancia o por la simple comodidad ramplona. Citaré como ejemplos dos proclamaciones con estos estilos. La primera de ellas trata de la interpretación del mundo como un ente invariable ante seres superiores, la “ley de la invarianza” (García Bacca) expresa esa suficiencia del mundo, no está sometido a ninguna esfera superior, no sería dependiente de las variaciones procedentes de dicha superioridad. En plenas magnitudes cuánticas y embarcados en unos esquemas de complejidad creciente, lo que unos puedan creer nunca constituye una prueba de confirmación, pero ahí queda proclamada con la “ley” consiguiente. De esa guisa, a un agnóstico ni le inquietan ni le atañen las cuestiones de otras trascendencias. Bien estará como idea particular, pero sin ambiciones ratificadoras de ninguna conclusión. Digamos, que la distorsión proviene de otorgarles un rango que no poseen. Una cosa es la confraternización con sus posturas, pero es muy diferente la pretensión por darlas por comprobadas. La importancia de esta distinción queda reflejada en las motivaciones derivadas de sus directrices.

La atribución de firmeza a estas u otras afirmaciones similares, cuando no existe tal, bloquean los brotes de otras actitudes. Configuran un cerco mental de elaboración propia, encerrados en las propias fronteras. Se les atribuye un valor decisorio irreal. Pues bien, resulta CHOCANTE el seguidismo crédulo hacia dichas proclamaciones. Su comodidad, su limitación no debieran predominar entre tanta frustración, por que el desánimo surge y adormece, se echan de menos mejores revulsivos. ¿Cómo es posible tanta complicidad conformista? Choca, y lo hace con vehemencia, cuando observamos la panorámica de las comunidades afectadas, que vienen a ser todas, con los horizontes abiertos a pocas luces, sombríos a diestro y siniestro. Lo verdaderamente invariable es esa repetición de imposiciones sin fundamento.

Habituados a la simplificación de los criterios, parece lógico que las actuaciones les seguirán la corriente. La autonomía personal, será un órgano rector que no contempla otras miras. Dicha prepotencia nos decanta hacia las ocurrencias de cada momento y de cada grupo social. Sin embargo, la misteriosa “esencia” humana, dispone de un discurso propio que no es posible eludir; orígenes, características biológicas, pensamientos, posibles finalidades y todo un fondo inabarcable. De nada vale la negativa pertinaz de esas tendencias esenciales, forman parte de la realidad. ¿Sólo valen los DATOS COMPROBADOS por los sentidos y por la ciencia? Parece una pretensión poco convincente, desvía las decisiones hacia aspectos alejados de los rasgos completos de cada persona. Con un simple vistazo detectamos los efectos de esta simplificación de los tecnicismos aprisionando a las gentes.

El engaño recurre a cualquier artimaña, no es preciso que esta sea muy complicada, con que resulte eficaz cubrirá de sobra sus objetivos. Si desde fuera intentan engañarnos y desde cada interior personal nos dejamos embaucar; el resultado será frustrante por esa doble maniobra, que anulará la vivencia personal auténtica. Una de las simplezas que funciona así, es el concepto de lo UTILITARIO, sobre todo cuando pasa a dominar las actuaciones. Ceñidos a su pragmatismo radical, todo lo que resulta práctico impone sus poderes. Sin embargo, pienso que ya acumulamos sobradas experiencias sobre sus consecuencias poco satisfactorias. El provecho, la comodidad, el interés y la conveniencia, son asuntos prácticos y útiles, eso nadie lo niega. Pero, de por sí, circulan por libre, con lo que sus desviaciones son tantas y los abusos tan clamorosos, que el utilitarismo promueve frustraciones muy enconadas. Su rasero ramplón, ni tan siquiera dirige su atención a las mejores cualidades.

Seguro que hemos afirmado alguna vez aquello de, cada persona es un mundo; la cantidad de peculiaridades dificulta seriamente la unanimidad. Una sociedad consolida su dignidad en la medida del florecimiento de aquellas peculiaridades; representan la señal de haber favorecido la vida de sus individuos. Esa vitalidad en común plantea la exigencia de un respeto y una colaboración con los demás participantes. Las diversas actuaciones acumulan datos históricos que pasan al bagaje de la comunidad, para la valoración posterior del grupo y de cada sujeto, según sus preferencias. No obstante, el manejo de dichos antecedentes históricos es una fuente habitual de desviaciones. Lo que venimos en denominar HISTORICISMO, como una abusiva tergiversación. Promueve la creación de unas estructuras históricas inamovibles, a las que deben someterse los ciudadanos, dada la grandiosidad de las mismas. Popper ya criticó con tino estas andanzas frustrantes como las que más, porque seleccionan a su gusto las fuentes de los datos, silencian las que les contradicen, dan por generalizados hechos o criterios que sólo fueron válidos en ciertos momentos o situaciones. ¿Les suena algo así cuando nos refieren el trato dado a los indígenas, cuando los grupos afines al poder intentan fraguar razas, paises o ideologías? La historia variable, plural y relativa; la menosprecian con saña. Y con ella, a la minúscula presencia de cada individuo. No pierden actualidad estos comportamientos.

El muestreo ofrece pocas dudas, hacemos casi todo lo posible para la proliferación de los desengaños. En las expresiones artísticas predominan las “movidas organizadas”, por llamarlas de manera suave; “subvenciones partidistas” acopladas a sociedades gestoras cuyos objetivos distan de la sensibilidad del ciudadano. Mientras, el genio del arte continua en la penumbra. También, a medida que la enseñanza asciende desde los niveles básicos a los universitarios y los de investigación, la pirámide selecciona a sus integrantes. Pero la mediocridad olvida esas exigencias, escudada en sus números mayoritarios; el talento, el esfuerzo o la excelencia, son derivados a planos secundarios. Tenemos demasiado a la vista los procesos OPORTUNISTAS, el aprovechamiento momentáneo a costa de cualquier otra consideración. A la hora de contar con derechos, valores, accesos a instituciones, cualidades, méritos y no digamos sentimientos; la confusión es notable. Nos hemos pertrechado en un “cerco mental progresivo” del que nos va a costar encontrar una vía digna de salida.

Por último, el sentido de la vida requiere de la atención personal, con sus matices y sus respuestas. Sin ese toque propio no habrá sentido que valga. La opción elegida determinará el grado de satisfacción o de frustración.

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