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¿Es necesario el sufrimiento?
El sufrimiento punitivo puede llevar al afectado al arrepentimiento, convirtiéndose en disciplina educativa que aplica Dios al hijo que ama
El 1 de noviembre de 1755 un terremoto de escala 9 de Richter sacudió Lisboa. El año 2011 se caracterizó por una serie de catástrofes naturales que algunos consideran obra de Dios. La expresión obra de Dios se utilizó por vez primera en el argot de las aseguradoras después del terremoto de Lisboa, en un artículo publicado en The Times of London de julio de 1803, refiriéndose a un juicio: “Por ley, los propietarios están asegurados contra cualquier pérdida de propiedades que se les haya confiado excepto contra pérdidas que vengan de la obra de Dios o de los enemigos del rey.
La pregunta que instintivamente se hace ante los “cataclismos naturales” es: “Si Dios es tan bueno y poderoso como se dice, ¿por qué permite tanto sufrimiento?” Un motivo por el que las personas se hagan esta pregunta se debe a que no ven el problema en su conjunto. No se dan cuenta o no quieren darse cuenta que las obras de Dios, desde nuestra perspectiva unas son positivas y otras negativas. ¿Por qué no se le da gracias a Dios cuando la climatología es buena y en aquel año las cosechas son inmejorables y nos limitamos a censurarlo cuando se produce un tsunami como el que recientemente afectó a Japón?
Si en verdad se desea corregir la visión defectuosa que se tiene de las obras de Dios debemos retroceder al inicio de la Historia. Es una lástima que el relato original que existe de nuestros orígenes no se lo considere una descripción fidedigna de los hechos, sino fábulas que algunos de nuestros antepasados escribieron en sentido pedagógico. Para mí, los hechos que narra Génesis son reales. Jesús confirma la historicidad de los eventos que detalla. No saber dar sentido a las obras de Dios se debe a la tozudez a negarse a reconocer los hechos que describe Génesis como historia verídica.
Guste o no debemos ir a Génesis. Cuando Dios finaliza su obra creadora: “Vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (1:31). Hasta el momento de la Caída la Biblia no menciona nada que perturbe la paz de Adán y Eva. Se encuentra, sí, una condición para que este bienestar no se interrumpa: “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (2:16,17). Adán desobedeció y tuvo que oír la voz de Dios que le decía: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo eres y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19).
Con pocas palabras la Biblia describe los males que afligen a la humanidad. Mas adelante dice. “Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Esta maldad creciente llevó el Diluvio Universal. De esta obra de Dios el apóstol Pedro escribe: “Y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé pregonero de justicia con otras siete personas , trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos” (2 Pedro 2:5). De este texto hemos de resaltar Noé pregonero de justicia. Este calificativo nos muestra que Noé durante los años que se dedicó a la construcción del arca no estaba pensando en sí mismo y su familia, también se dedicaba a predicar la justicia de Dios para que los hombres se arrepintieran de sus pecados y se volvieran a Dios misericordioso. Pero no le hicieron caso. Algunos, más que científicos calificados son aprendices de filósofo, afirman que el Diluvio Universal es una fábula a la que no se le debe prestar atención. Gunnar Sigurdsson, documentalista islandés expone la magnitud de la crisis actual que padecemos y pone al descubierto la responsabilidad que los poderes económicos y políticos tienen en ella. En resumen de la maldad de los hombres en general. Esta difícil situación ¿es obra de Dios?
Los psicólogos coinciden en que la causa del incremento de niños y adolescentes díscolos, que no se pueden controlar y que se convierten en “pequeños dictadores” para evolucionar hasta transformarse en “grandes dictadores”, es la falta de disciplina. Dirigiéndose al pueblo de Dios el autor de la carta a los Hebreos escribe: “Y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo…Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (12:5-11).
El sufrimiento puede ser punitivo o educativo. El punitivo puede llevar al afectado al arrepentimiento, dejando de ser así un castigo para convertirse en disciplina educativa que aplica el Padre de nuestro Señor Jesucristo al hijo que ama.
Octavi Pereña i Cortina
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