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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Equívocos y mal entendidos sobre la República y otros

“En los motivos que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías…” Ortega y Gasset
Miguel Massanet
martes, 4 de julio de 2017, 00:01 h (CET)
Las modernas generaciones de españoles parece que vienen entendiendo como un patrimonio de la izquierda el sistema de gobierno republicano, seguramente entendiendo que, aquella República que el año 1931, del 14 de abril, apenas tuvo tiempo de aflorar sin que, una parte de aquellos que formaron parte del grupo de políticos que contribuyeron a proclamarla; en realidad no quisieron implantar un verdadero sistema republicano tal y como se ha desarrollado en muchas naciones europeas y americanas; sino que lo que estuvieron persiguiendo fue que les sirviera de trampolín para, a través de ella, desembocar en lo que, en verdad, pretendían: el convertir España en un tipo de Estado en el que el totalitarismo de las izquierdas se impusiera y eliminara a aquellos republicanos que representaban a los moderados y conservadores que perseguían salvar a España de los defectos de la monarquía, en manos de personajes incompetentes, que integraban una forma de autarquía monárquica, en la que un monarca débil, Alfonso XIII, fue incapaz de afrontar con inteligencia y sentido de Estado, los cambios que los nuevos tiempos pedían para una España nueva.

En el discurso que Ortega y Gasset pronuncio, en el Cinema de la Ópera de Madrid, ante un grupo de intelectuales tan significados como: Álvaro de Albornoz, Fernando de los Rios, Miguel Maura, Azorín, Unamuno, Marañón, Antonio Espina, Francisco Barnés, Fernando Vela, Luís Recasens, Zuoloaga y Pedro Salinas; tuvo que reconocer que, aquella ilusión con la que habían acogido la nueva república, apenas siete meses después los había llevado a la decepción. En aquel acto, las palabras de Ortega estuvieron cargadas de nostalgia y reproches hacia los nuevos gobernantes “Durante estos siete meses, la República ha estado entregada a unos cuantos grupos de personas que han hecho de ella, libérrimamente, lo que les recomendaba su espontánea inspiración… Era justo que los demás quedásemos, por el pronto, a la vera, procurando no estorbar… La República, durante su primera etapa, debía ser sólo República radical cambio en la forma de Estado… que el triunfo de la República no podía ser el triunfo de ningún determinado partido o combinación de ellos, sino la entrega del poder público a la totalidad cordial de los españoles…”

La realidad es que, como ocurre ahora mismo en la política española, muchos de aquellos grandes hombres, encabezados por el mismo Ortega y Gasset, estaban alarmados por el rumbo que “el exacerbado regionalismo, el exagerado anticlericalismo y la miope defensa de los privilegios de los reaccionarios amenazaban con ahogar el nuevo régimen en su infancia”. Entonces todavía los partidos políticos de izquierdas no habían tomado el timón de la gobernación del país, dedicando todos sus esfuerzos, especialmente los socialistas de Carrillo y, más tarde los comunistas de Negrín, a intentar acabar con la república para convertirla en lo que, en febrero de 1936, fue el llamado Frente Popular, donde no quedaba ya nada de aquella ilusionante República que derrocó a la monarquía.

Hoy en día, señores, no hay nadie o casi nadie que admita que, en España pueda existir una alternativa a la monarquía parlamentaria, que no esté copada íntegramente por comunistas, socialistas o partidos que, por supuesto, no tienen en sus planes el conseguir el retorno de la República parlamentaria en la que, los partidos políticos de derechas o de centro derecha, tengan su puesto, como la tienen hoy en día en las dos cámaras de representación popular, el Congreso y el Parlamento. Vaya por delante que, como republicano de derechas, tenemos que reconocer que, en estos momentos de inestabilidad política, ante la ausencia de un partido republicano fuerte y cohesionado, existiendo una evidente masa de ciudadanos entregados a los partidos de extrema izquierda, y la extrema debilidad en la que han quedado los grupos de derechas y los que se califican a sí mismos como liberales, sin que, de momento quede claro si sólo se trata de una etiqueta que se han colocado para encontrar un puesto en el arco parlamentario o si, de verdad, quieren ejercer de tales, para lo cual, lo primero que deberían hacer es dar a conocer su programa de gobierno que no puede consistir solamente, en luchar contra la corrupción sin que tengan planes alternativos respecto a la economía, las relaciones exteriores, los problemas sociales y su postura respeto a la deuda pública y el déficit nacional.

Es obvio que, aunque SM el Rey es una persona bien preparada, sensata, conocedora de los problemas que están afectando al país y defensor de la unidad de la nación española; es evidente que, las monarquías, están en decadencia en toda Europa; muchas de las que quedan han sido reducidas a meros floreros o adornos, asumiendo el papel de meros comparsas destinados a participar en los actos institucionales y formar, juntamente con el resto de los atractivos de cada nación, como uno más del conjunto de cebos turísticos de cada país. Por otra parte, por mucho que la familia real pretenda potenciar la figura de la reina consorte, la abismal diferencia que los españoles hubiéramos querido que no existiera, entre la preparada y distinguida persona del Rey y la de la reina consorte, por mucho que ésta intente mostrarse a la altura de las circunstancias, mucho nos tememos que, en un momento determinado, pueda llegar a constituir un obstáculo insalvable para la normalidad institucional de la familia del monarca.

No son tiempos de cambio y, si es que se debieran producir algunos, es posible que fuera en el partido del Gobierno. Son demasiados los agujeros que se van produciendo en la estructura de la dirección del PP. Salen a relucir informaciones, como la que afecta al exministro señor Soria, que dejan en muy mal lugar al señor Montoro, al que, por cierto, ya le empiezan a aparecer preocupantes relaciones que pudieran llegar a afectarle como ministro. El señor Rajoy ya comienza a quedarse aislado, como si se hubiera atrincherado en su bunker de la Moncloa, acompañado de su Estado mayor, donde la señora Sáez de Santamaría aparece como la causante de algunas intrigas que afectan a otros miembros, no precisamente adeptos, a su persona. Existen grandes lagunas que el Gobierno no nos explica, por ejemplo ¿qué es lo que está sucediendo con el problema de los estibadores?, ¿cómo es posible que no se oiga hablar de ellos, cuando la resolución del conflicto se dejó en manos de las empresas y los estibadores?, ¿se ha desentendido el Gobierno del problema una vez que ya ha dictado el decreto de aceptación de la resolución del Tribunal Europeo? ¿puede ocurrir que, lo que oficialmente se haya solucionado, a nivel particular de empresas y trabajadores, haya quedado en agua de borrajas y todo acabe quedando las cosas como estaban? Sin duda se trataría de una grave dejación de responsabilidades por parte del Ejecutivo si resultara que, la sentencia europea, acabase siendo incumplida, cediendo a las peticiones e imposiciones de los trabajadores.

El señor Rajoy ha tenido su tiempo y se le han de agradecer los servicios prestados, pero, en estos momentos, ante la evidente ofensiva de toda la oposición contra su persona, las críticas que dentro del mismo partido se van produciendo y la evidencia de que, si bien el PP se mantiene en cabeza, no obstante, cada vez tiene menos votos respeto a los que había cosechado en las últimas elecciones, ponen en cuestión su permanencia al frente del partido. Hace tiempo que debiera de haber buscado su relevo o bien empezar a preparar a una persona para que, en las próximas elecciones, estuviera en condiciones de suplirle como candidato con las garantías suficientes para que los votantes del PP lo apoyaran y tuviera el suficiente carisma para granjearse la confianza y las simpatías de los millones de antiguos simpatizantes del PP, para que volvieran al redil del partido de Fraga Iribarne.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que es necesario que, ante la situación de grave enfrentamiento entre la derecha y la izquierda, el advenimiento del señor P.Sánchez a la jefatura del mismo partido que, en su día, se negó a hablar con Rajoy y la posibilidad de una alianza del PSOE con Podemos de Pablo Iglesias; el PP se refuerce, busque apoyos firmes en los partidos de ideas más afines y, a la vez, se libre de muchos de los actuales dirigentes que, evidentemente, han fracasado en su apreciación de los problemas graves que afectan al Estado español y, como se viene demostrando, están cogidos en una grave trampa en cuanto a su enfrentamiento con el secesionismo catalán.
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