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Etiquetas:   El Consueta   -   Sección:   Opinión

Que trabajen más y mejor

Félix Población
Redacción
jueves, 7 de abril de 2005, 22:01 h (CET)
El pasado martes fue un día duro para el presidente de la nación. A primera hora se entrevistó con monseñor Blázquez y después tuvo un almuerzo con el comité ejecutivo de la CEOE. En ambas coyunturas parece que don José Luis se mostró distendidamente conciliador. Eso es algo que al señor Zapatero no le cuesta trabajo asumir, por convicción y talante. A la católica iglesia le ha confesado que los acuerdos suscritos en 1976 y 1979 no los tocará la más mínima intención renovadora. A la patronal, que no se inquiete por la reforma laboral porque la semana de 35 horas, viejo sueño de la izquierda, no figura en la agenda del gobierno. De ese modo, el señor presidente vino a sacudirse ante dos poderes fundamentales y muy suspicaces, el religioso y el económico, de una cierta imagen de celeridad e imprudencia izquierdosas orquestada sobre todo desde los sectores más montaraces y afines a su predecesor en la Moncloa.

No debería don José Luis excederse en interpretar el papel de bueno ante quienes le imputan radicalismos que está muy lejos de sustentar o perseguir. Por programa y adaptación a su tiempo, el Partido Socialista debe su triunfo a su sintonía con una mayoría de la sociedad española cuyo progresismo es manifiestamente moderado. La revisión de los acuerdos de 1976, en los que se privilegia a la iglesia de Roma muy por encima de lo constitucionalmente prescrito después, y la mejora de las condiciones laborales son expectativas con las que contaba buena parte del electorado que votó PSOE hace poco más de un año.

En España hay que trabajar mucho, hay que trabajar más, dijo Zapatero a la patronal, acaso con intención de congraciarse y eludir toda sombra de duda sobre su moderantismo. Lo más coherente habría sido que el señor presidente, dada la efectiva precariedad del empleo que nos legó el anterior gobierno, propusiera como afirmación de futuro, tan justa como necesaria, que en España trabajen muchos más y mejor, tal y como prometió.

Si a los empresarios se les sigue permitiendo organizar jornadas de diez horas, limitando con ello el incremento del mercado laboral, o que los operarios cobren por ocho las que cuentan como dieciséis, más trabajo no será indicio de mejora laboral sino de explotación patronal. Y éste no es un término demagógico ni pasado de moda. Lo proclama la realidad cada día y entre más número de asalariados.

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