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Señor Peces quédese con Portugal
Los años pesan y las personas cambian o tal vez con el paso de la edad se atreven a expresar lo que siempre pensaron y nunca dijeron
Allá por los finales de los años sesenta y principios de los setenta éramos muchos los que seguíamos la revista Cuadernos para el Dialogo en la que una de las firmas más buscadas era la de Gregorio Peces-Barba. Sus escritos, siempre con un cierto tufo a democracia cristiana, nos mostraban cómo podría ser este país cuando la muerte del dictador Franco abriera las puertas a la democracia. También durante mis estudios de Derecho sus enseñanzas y las de algunos de sus más aventajados alumnos me sirvieron para conocer mejor aquella asignatura que entonces todavía se llamaba Derecho Natural aunque en realidad era la enseñanza de la Filosofía del Derecho. Quiero decir con todo esto que durante años el que fuera uno de los padres de la Constitución fue para mí un referente como personaje serio, comedido y respetable.
Los años pesan y las personas cambian o tal vez con el paso de la edad se atreven a expresar lo que siempre pensaron y nunca dijeron. En esta época de demasiada corrección política y de metáforas ocultadoras del pensamiento real al insigne padre constitucional se le ha ido el santo al cielo y por su boca han salido expresiones que, la verdad, nunca esperaba escuchar en boca de tan eminente jurista. Los hechos han tenido lugar en Cádiz durante un congreso de abogados, allá, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, don Gregorio ha dicho que a España tal vez le habría ido mejor quedarse con Portugal y dejar Catalunya cuando la historia les dio la opción de hacerlo. Pero no contento con esta boutade propia de un pardillo añadió que “ahora ya no hace falta bombardear Catalunya para mantener la paz”. Estas expresiones molestaron, no podía ser de otra manera, a los abogados catalanes presentes que abandonaron en masa el auditorio donde se lanzaron las mismas.
Yo creía que el catedrático Peces-Barba militaba en la socialdemocracia, aunque fuera en el sector meapilas al que también pertenecen José Bono y algunos más que no sacan el crucifijo a pasear. Pero estas salidas de tono me hacen dudar de a qué partido intenta beneficiar con sus palabras. Desde luego al PSOE seguro que no y ya han salido en tromba a afearle la conducta Montilla, Chacón y hasta el todavía Vicepresidente Chaves mientras Rubalcaba duda entre regalarle un estupendo jamón de pata negra o pedirle que no hable más hasta que pase el 20-N pues ya tienen bastante con los números del paro, la crisis y sus enemigos políticos para tener que aguantar también el fuego cruzado de los supuestos amigos y conmilitones.
Ante el escándalo formado por sus palabras el señor Peces-Barba ha salido por peteneras diciendo que todo era una broma y que hablaba con ironía. Es difícil de creerle, su semblante avinagrado y serio no hacen presagiar que sea muy bromista, no se ríe ni pasándole una pluma de ganso por la planta de los pies. Pero aunque ahora a la vejez intente ser un émulo de Chiquito de la Calzada las bromas tienen un límite y no se puede bromear con los bombardeos de una ciudad, sea Barcelona o sea el pueblo más pequeño de España. Me pregunto qué hubiera pasado si es que se hubiera atrevido, cosa que dudo, a hacer broma sobre el bombardeo de Guernica. Pero como el chiste era sobre los catalanes tal vez se lo han reído en muchos lugares de España.
Así que señor Peces-Barba puede usted quedarse con Portugal si es que lo desea y los portugueses le dejan hacerlo. Con su soflama bromista ha hecho que el independentismo crezca en Catalunya donde, en muchos ambientes, su irónica perorata ha demostrado el sentido imperialista de un españolismo que, como vemos, está afianzado hasta la médula incluso entre demócratas padres de la Constitución. Otra vez cuando tenga que hacer chistes o comentarios en tono bromista piénselo dos veces antes de abrir la boca, usted debe conocer el refrán que dice “por la boca muere el pez”, aunque usted sea Peces y se le haya chamuscado un poco la Barba con su salida de tono.
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