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Jorge Mendes S.A.D
La idiosincrasia kamikaze del Atlético de Gil Marín
El Atlético de Madrid, convertido en una agencia de compra venta de jugadores representados por Jorge Mendes, se mantiene fiel a la idiosincrasia gilista, esa que ha pulido el arte del engaño hasta convertirlo en una perfeca filosofía de vida, revistiendo la realidad de un club que hace unos lustros veía el tercer puesto de la clasificación como un mal menor.
Así lo ha querido el Consejero Delegado del Atlético de Madrid, que formando un tándem de lujo con Jorge Mendes ha transformado al tercer club de España en un mercadillo de futbolistas mediocres que entran y salen sin dejar huella alguna sobre el terreno de juego; sólo comisiones en los bolsillos de las chaquetas.
La estrategia de marketing es bien sencilla: se fichan futbolistas desconocidos de la mano de Jorge Mendes, se les infla mediáticamente, se hace la campaña publicitaria de la nueva plantilla preparada para entrar en Champions, y cuando llega el fracaso, se cesa al entrenador de turno, siempre cabeza de turco de cualquier proyecto de Gil Marín y Mendes.
La operación se repite un año tras otro como un bucle irreversible, una espiral suicida que solo agranda la deuda del Atlético, cada vez más devaluado, cada vez más indigno, cada vez más manipulado. Un Atlético de plástico que sus dueños (Gil Marín y Mendes) presentan como un equipo a la altura de su historia, cuando la realidad es que no llega ni a ser una mala fotocopia del Atlético de Vicente Calderón, el Atleti de verdad.
Del once presentado el domingo ante el Mallorca, ocho futbolistas llevan menos de cuatro meses en el Atlético de Madrid, un club cuyos dueños (Gil Marín y Mendes) aseguraron hace diez años que en tres temporadas tendrían un bloque formado luchando por ganar títulos. Ni diez jornadas de Liga con la nueva plantilla y el Atleti está más cerca del descenso que de los puestos Champions.
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