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Etiquetas:   La vida desde dentro   -   Sección:   Opinión

Solos en casa

Santiago González
Redacción
miércoles, 6 de abril de 2005, 22:17 h (CET)
El Ayuntamiento de Bilbao presentó ayer un informe detallado sobre los viejos. Naturalmente habrán adivinado ustedes que el informe no se llama así. Los estudios que encargan las instituciones llevan inevitablemente un título en lenguaje políticamente correcto, en este caso, 'Las Personas Mayores de 85 años del Municipio de Bilbao'. Ya no hay viejos, concepto tabú, sino personas mayores de una determinada edad, que la vida es tanto más cuantificable en años cuantos más años cumplimos y nos vamos acercando a la condición de 'personas no vivientes', que es como el 'Diccionario Políticamente Correcto' de Cerf y Beard define a lo que antaño llamábamos muertos.

Viejo es un hermoso término con nobilísimas raíces latinas. Viene de vetus, veteris, de donde también vienen vetusto, inveterado, veterano y veterinario, pero es un término en desuso como termina pasándoles a todos los que designan una realidad que no nos gusta.

Pues bien, el informe del Ayuntamiento examina la situación de las más de 7.700 personas que en Bilbao superan los 85 años y llama la atención que casi la tercera parte de ellos (y ellas, claro), 2.172, no disponen de la ayuda que necesitan. Quienes sí la tienen se reparten entre los que viven en una residencia, quienes están al cuidado de sus parientes o de una persona que les cuida, que en el mayor número de los casos, nada menos que un 79%, es una mujer. El Área de Acción Social del Ayuntamiento se ha propuesto extender los servicios sociales a toda la población que precisa de ellos, facilitándo la inscripción a quienes no saben o no pueden hacerlo.

Es el mínimo agradecimiento que debemos a quienes nos precedieron y supone, al mismo tiempo, una inversión en nuestro inevitable futuro. Envejecer no es otra cosa que el ejercicio mismo de lo que Pavese llamaba el oficio de vivir. Envejecemos mientras y porque vivimos y aun siendo una putada, debemos tomarlo como un premio de consolación. La alternativa es peor.

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