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Etiquetas:   Medio Ambiente  

Ecos del Teneguía

40 º aniversario del volcán de La Palma
Daniel Sanabria
miércoles, 26 de octubre de 2011, 06:30 h (CET)


Hoy se cumplen cuarenta años de la erupción del volcán Teneguía, en la Isla de La Palma. Apenas fueron 25 días, un suspiro en términos geológicos. Pero suficiente como para cambiar la vida de un pequeño municipio palmero llamado Fuencaliente. Hablamos de la última erupción volcánica registrada en España hasta el reciente estallido submarino del volcán de La Restinga, en la Isla de El Hierro. Dos fenómenos telúricos similares, aunque no comparables.

Aquel 26 de octubre de 1971 algo se movía en el estómago de La Palma. Poco tiempo después una enorme lengua de fuego emergió de las profundidades de la tierra y cubrió de lava parte del municipio de Fuencaliente. La actividad cesó en pocos días, el 18 de noviembre. El fuego arrasó cultivos de vid y engulló por completo una playa, aunque a posteriori formaría otra gracias a sus colas de magma resecas.

Cuatro décadas después muchos vecinos de esta localidad canaria aún recuerdan la erupción que cambió la vida de aquel desconocido pueblo. El Teneguía se convirtió en un foco de atención a nivel mundial y pronto empezó a recibir la visita de miles de investigadores y curiosos. El turismo se multiplicó en la zona y se generaron empleos y riqueza. Incluso se exportó más vino malvasía, típico de la región.

Espectáculo geológico
A día de hoy Fuencaliente sigue recibiendo a más de cien mil turistas anuales. Casi ninguno de ellos sabe que el Teneguía es una propiedad privada, cuyo dueño es Manuel Cabrera. Su familia regenta los terrenos en los que se erige este cono volcánico, y asegura que está dispuesto a negociar su traspaso con el Ayuntamiento. “Pero todavía no he recibido una oferta formal por parte de ninguna institución”, explica Cabrera.

Aseguran en La Palma que jamás la erupción de un volcán provocó víctimas en la población. Por ello, y a pesar del miedo que entonces generó en el pueblo, casi todos los vecinos de la zona agradecen ahora la erupción del Teneguía. Muy pocas personas en el mundo pueden presumir de haber presenciado un espectáculo geológico de semejante belleza. Sí lo hacen algunos de los vecinos de Fuencaliente.

Margarita Hernández fue una de las evacuadas por la erupción. Todavía lleva el susto en el cuerpo. “Y no se me quitará nunca. Oímos unos taponazos terribles y justo después apareció el humo de una vela que iba subiendo. Cogí a mis hijas y salí corriendo hacia Los Canarios. No teníamos miedo del fuego, pero sí de intoxicarnos por el olor que había en el ambiente”, asegura.

Distinto recuerdo le trae a Jesús Ramón Pestana, que tuvo el privilegio de presenciar la escena en primera fila. “Estaba a unas centenas de metros. Tras unos ruidos raros la tierra se empezó a abrir y brincaban piedras a más de cincuenta metros de altura. La gente tenía tanta curiosidad por acercarse a verlo que hubo que frenarles. Ojalá reventara otro volcán ahora y generara todo lo que ha generado el Teneguía”, comenta con sinceridad.


Faro de Fuencaliente. Imagen: Daniel Sanabria.


Los dos faros de Fuencaliente
En la actualidad Gregorio Alonso es el alcalde de Fuencaliente. Apenas tenía once años cuando se abrió aquella fisura de la tierra por la que empezó a salir el fuego. “Fue precioso ver como chorreaba la lava a borbotones. Ahora con el paso del tiempo te das cuenta de lo bueno que fue para nosotros la erupción. El Teneguía nos puso en el mapa a nivel internacional; antes nadie nos conocía”, asegura.

A día de hoy dos faros contemplan el acantilado sur de Fuencaliente. Uno de ellos, de piedra desgastada, tiene más de un siglo en sus cimientos, mientras que el otro, más moderno, fue construido de urgencia en apenas unos días porque se creía que la lava del Teneguía arrasaría el faro original. Pero no fue así; las lenguas de fuego se pararon a menos de cien metros.

El Parque Natural de Cumbre Vieja es el recinto oficial en el que se encuentra este enclave. El Teneguía y el San Antonio ya son dos mitos volcánicos que en apenas veinte días cambiaron por completo la vida de un pueblo. Una erupción muy diferente a la que formó el famoso Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote), donde la lava estuvo arreciando sin descanso durante más de cinco años.

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