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Perry, Cain y la administración de la Tierra plana

Los electores son agudos a la hora de descubrir si las propuestas fiscales les benefician realmente
E. J. Dionne
lunes, 24 de octubre de 2011, 07:10 h (CET)
WASHINGTON -- Constituye una de las cosas más raras de nuestra política: las únicas "grandes ideas" que Republicanos y conservadores parecen ofrecer en estos tiempos giran en torno a formas noveles y en ocasiones aberrantes de bajar los impuestos a las rentas altas.

Teniendo en cuenta toda la atención que ha recibido la absurda y regresiva propuesta fiscal 9-9-9 de Herman Cain, los debates Republicanos deberían haber tenido como banda sonora la vieja canción de los Beatles que gira en torno al 9 de forma monótona.

Ahora, el Gobernador de Texas Rick Perry espera animar su campaña con la propuesta supuestamente audaz de instituir un tipo fiscal plano, cosa que también dejaría más dinero a los mejor situados. Perry planea dar a conocer las líneas maestras de su propuesta esta semana, pero ya la promociona como forma certera de "prescindir de las 3 millones de palabras de las que consta nuestro actual código fiscal".

Esta idea no tiene absolutamente nada de nuevo, y los candidatos que impulsaron el tipo fiscal único en el pasado vieron sus campañas permanecer en niveles únicos de interés, el más notorio el empresario Steve Forbes en 1996 y de nuevo en el año 2000. A nivel político, la idea se derrumba con bastante rapidez en cuanto los electores de renta media descubren que su principal repercusión consiste en bajar los impuestos a los económicamente privilegiados al tiempo que por lo general suben a los estadounidenses de rentas más modestas.

Nota a Perry: los electores son agudos a la hora de descubrir si las propuestas fiscales les benefician realmente. Es la razón de que subir los impuestos a los millonarios -- lo diametralmente opuesto a lo que quieren hacer Cain y Perry -- obtenga el apoyo de una mayoría amplia.

Pero la cuestión más interesante es: ¿por qué andan ahora los Republicanos tan absortos en trucos fiscales contables? Es la misma formación que en tiempos era innovadora ideando usos positivos del estado. El Grand Old Party implantó la Ley de Explotaciones Agrícolas de 1862 que concedía permisos de explotación de parcelas a cinco años a las familias, y que creó la distribución de suelo público para la construcción de instituciones de educación superior, la red interestatal de autopistas, los préstamos estudiantiles, la Ley de Inspección Alimentaria y Farmacéutica y sí, la prestación de las recetas del programa Medicare de la tercera edad.

Fue Richard Nixon el que apoyó leyes que creaban tanto la Agencia de Protección Medioambiental como la Agencia de Seguridad Pública Laboral y Sanitaria OSHA. Al aprobar la OSHA, Nixon la llamó "una de las legislaciones más importantes, desde el punto de vista de 55 millones de personas que van a estar amparadas por ella, tramitada nunca por el Congreso de los Estados Unidos, porque alude directamente a sus vidas". Sí, el régimen de regulación pública salva vidas, cosa que ahora es opinión herética en el seno del Partido Republicano.

Ello se debe a que los Republicanos se han apostado en el rechazo tanto a sus propias tradiciones como la idea de que el estado pueda hacer algún bien, confinados a la modificación frívola incesante del régimen fiscal. Casi todo lo que sugieren los conservadores en estos tiempos se apoya en la idea única de que si el estado quita menos dinero a los ricos, todos nuestros problemas desaparecen mágicamente.

Esto tiene miga. La fijación Republicana con los impuestos se remonta a mediados de los 70, cuando empezó a asentarse la teoría económica de los incentivos. Al difunto Jude Wanniski, redactor del Wall Street Journal que hizo campaña incansablemente en defensa de los tipos fiscales indirectos más bajos, se le ocurrió la teoría "de los dos Papá Noel". Afirmaba que si los Demócratas ganaban apoyo dando prestaciones a los votantes a base de programas públicos, los Republicanos debían interpretar el papel de Papá Noel que trae bajadas de los impuestos a la gente.

Wanniski convenció con sus ideas tributarias a Jack Kemp, una de las figuras políticas más animadas de su generación, que a su vez persuadió con ellas a Ronald Reagan. Reagan convirtió la idea de la bajada tributaria del 30 por ciento de Kemp (auspiciada en colaboración con el Senador Bill Roth) en la piedra angular de su campaña de 1980. El politólogo Wilson Carey McWilliams describe el resultado a la perfección en un ensayo del año 1981. "Tras años de aprender que ‘a Papá Noel no se le toca'", escribía, "los Republicanos decidieron elegirle candidato".

Pero los Republicanos tienen ahora un problema. En los tiempos Kemp-Reagan, persuadían de bajadas tributarias a todas las horquillas fiscales. La mayor parte de sus privilegios fiscales iban a parar de forma mayoritaria a las rentas altas, pero casi nadie se dio cuenta. En la actualidad, muchos Republicanos denuncian con resentimiento que los estadounidenses menos prósperos no pagan los suficientes impuestos -- pasando por alto el hecho de que los ciudadanos que no declaran el impuesto sobre la renta siguen teniendo que apoquinar un porcentaje significativo de sus ingresos en forma de retenciones de la nómina, impuestos de venta o (directamente o a través del alquiler) impuesto de propiedades.

El optimismo de Reagan ha sido así reemplazado por cortes groseros a los menos acomodados. Perry lo dijo abiertamente en su discurso de candidatura: "Estamos consternados ante la injusticia de que prácticamente la mitad de los estadounidenses ni siquiera declare algo en concepto de impuesto sobre la renta". Considerando las restantes injusticias de nuestra sociedad, parece una obsesión extraña y mezquina.

"Gravar a los pobres" es un gancho político pésimo. Es la razón de que el plan 9-9-9 de Cain y el tipo fijo de Perry estén sentenciados. Entre los conservadores, Papá Noel ha dado paso al tacaño Scrooge.

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