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Opinión
Etiquetas:   Arte   Mujeres  

Belleza natural

Los escultores que desgracian los cuerpos de las mujeres que confían en ellos son culpables de los destrozos emocionales que les causan
Octavi Pereña
martes, 27 de junio de 2017, 00:01 h (CET)
Jordi Labanda en una de sus críticas gráficas presenta a una joven vestida de manera informal que luce en su camiseta este mensaje: “Las mujeres reales no son perfectas. Las mujeres perfectas no son reales”. Este mensaje es muy apropiado en nuestros días en que abunda la manía de la clonación física siguiendo el modelo de belleza que marcan las pasarelas y la publicidad con sus retoques fotográficos que alteran la fisonomía de las/los modelos.

El mensaje de Labanda hace diana: “Las mujeres reales no son perfectas”. Hace años un carpintero de un pueblo de la Franja me enseñaba el trabajo que estaba realizando en una casa antigua que se estaba acondicionando. Al fijarme en los capiteles que coronaban la parte superior del marco de una puerta, le dije: “Las tallas no son iguales”. Por respuesta me dijo: “En artesanía no se encuentran dos piezas iguales”. Esta respuesta la tengo gravada en mi mente y en más de una ocasión la he utilizado. La opinión que me dio el carpintero aragonés se puede aplicar perfectamente en el caso de la belleza de la mujer. Cada una de ellas es una creación artesanal de Dios y no pueden encontrarse dos que sean iguales. Incluso en el caso de los gemelos que pueden ser muy parecidos cuesta distinguirlos, porque tienen detalles que los diferencian. En este sentido “las mujeres reales no son perfectas”.

La segunda parte del mensaje que transmite Labanda: “Las mujeres perfectas no son reales”, y el deseo de alcanzar una perfección inexistente creada por los retoques fotográficos las lleva a padecer trastornos síquicos, a la extralimitación en el ejercicio físico y a trastornos de la alimentación por seguir dietas muy estrictas.

Supongamos que una mujer consigue el cuerpo ideal y que esté satisfecha con él. Si en ella no hay nada más, la Biblia la describe así: “Como pendiente de oro en el hocico de un cerdo, es la mujer hermosa apartada de razón” (Proverbios 11.22). Refiriéndose a Cher, la actriz, el periodista Josep Sandoval escribe: “La multidisciplinaria artista cumple hoy 65 aparentes primaveras a copia de unas veinte cirugías y un dispendio importante en cremas, latas de bótox y siliconas de toda aplicación. La cara es impecable: si no la mueve parece joven y fresca, el que debe ser terrible es verla de cerca, gesticulando o forzando alguna mueca…Podría decirse que la fotografía de CherMichael Jackson en la lista de personajes más aficionados a pasar por las manos de cirujanos plásticos”.

Otra celebrety, Heidi Montag que también buscaba la perfección corporal, el cuerpo ideal con el que podía estar contenta, porque se lo valía, en el año 2009 se sometió a diez intervenciones de cirugía plástica. Salió de los quirófanos desfigurada, cosa que le recuerda el gran error cometido: No me gusta ser una chica de plástico o como se lo quiera llamar. La cirugía ha arruinado mi carrera y mi vida personal y me ha llevado mucho negativismo en mi mundo. Desearía subir en la máquina del tiempo y dar marcha atrás. Además me pareceré para siempre a Edward Scissorhands (personaje cinematográfico creado a parir de un robot que por la muerte de su creador quedó inacabado y que en vez de manos tenía unas tijeras).

El escultor de cuerpos Frank RyanHeidi Montag anda por Costa Rica buscando a un cirujano que le retoque los desperfectos: “no me hablo con mi familia, y no me quedan amigos en Hollywood “. Reconoce: “Mi matrimonio se echó a perder porque fue demasiada la presión sobre Spencer. Nadie aguanta tanto tiempo con una mujer que parece ha sido atropellada por un camión, y así fue por largos meses. Él no quería que me operase”. Quien busca ser la mujer de cuerpo perfecto se convirtió en una chica e plástico que no encaja en un mundo de “mujeres reales que no son perfectas”.

Riviere y Dexeus llegan a la conclusión que la única manera de alcanzar la belleza procede del interior, de la capacidad de superar el miedo a la muerte, resistiendo el despotismo de un cuidado crispado y exagerado de nuestra apariencia física, darle una excesiva importancia al cuerpo es un error que siempre cobra peaje”.

Algunas mujeres, entre ellas la cantante Alicia Keys quince veces ganadora del Premio Grammy, dice: “Antes de empezar mi nuevo álbum, escribí una lista de cosas que me hacen sentir mal. Una fue el lavado de cerebro a que se somete a las mujeres haciéndonos creer que tenemos que ser delgadas, o sexy, o atractivas, o perfectas. Una de las muchas cosas de las que estoy harta es el juicio constante a que se somete a las mujeres. El estereotipamiento constante por todos los medios de comunicación que nos hace pensar que siendo de talla normal es anormal y, ¡Dios no quiera!, si eres de talla grande, o el mensaje constante que para ser sexy debes desnudarte”

Si el Nuevo Testamento se hubiese escrito en el siglo XXI es muy posible que tratase de manera explícita la obsesión por el cuerpo y la cirugía plástica. Refiriéndose a las mujeres cristianas, las que no lo son seguramente lo encontrarán carca, pero va a la raíz del problema de la obsesión por el cuerpo perfecto, dice: “Considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:2-4).
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