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Etiquetas:   Paraguay   Política   -   Sección:   Opinión

Augusto Roa Bastos en el parque jurásico

Han pasado tres décadas de aquel tiempo que Roa Bastos describiera como un Jurásico, pero pareciera que han pasado tres siglos
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
jueves, 22 de junio de 2017, 00:00 h (CET)
Si alguien encarnó los rigores del infortunio en un intelectual latinoamericano, ese fue Augusto Roa Bastos.

Recuerdo que en una oportunidad me relató que sus problemas no habían empezado con Stroessner, sino con Natalicio Gonzalez, un seudo nacionalista radical que ejerciera la primera magistratura del país entre agosto de 1948 y enero de 1949.

Años antes, Roa Bastos había sido corresponsal de guerra en Londres, durante los bombardeos nazis. En En 1945 había pasado largos meses en Inglaterra, donde conoció la Europa en ruinas que dejó la Segunda Guerra Mundial. Como corresponsal de guerra, entrevistó a personalidades como el general De Gaulle, y cubrió los juicios de Nuremberg. Sus testimonios sobre aquellos sucesos nunca fueron entontrados, a pesar de conocerse que fueron reunidos en un compendio que tituló “La Inglaterra”.

Increíblemente, muchas de las obra de Roa Bastos que quedaron inconclusas desaparecieron con él, y tal vez hoy se encuentren en poder de alguien con intenciones de apropiarse de parte de su gloria literaria.

Decía el escritor Helio Vera que en el Paraguay se aborrece la palabra escrita, y el hecho insólito de que existan obras de Roa Bastos de las que no se conserve un solo ejemplar pareciera corroborarlo. Es el caso de su primera Novela, “Fulgencio Miranda”, premiada por el Ateneo Paraguayo en 1941 La guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia fue la fuente de inspiración de algunos de sus más emblemáticos relatos, y en varios pasajes desnudó la ineludible realidad de que la tragedia había sido importada desde lejanos centros de poder.

La guerra, como tuve el honor de escucharlo de sus propios labios, había sido para él un subproducto del todopoderoso dólar estadounidense. Hijo de Hombre y Yo el Supremo son consideradas sus obras más trascendentes desde el punto de vista literario, pero debo reconocer que en mi opinión personal, lo más importante que escribió fue la serie de artículos condenando a la dictadura de Stroessner.

En ellos describió al Paraguay bajo la impuesta “Doctrina de la Seguridad Nacional” como un Parque Jurásico, y al dictador de turno, como un carnívoro insacialble, un Tiranosaurio, apelativo que perdura en el imaginario popular en el que Roa Bastos lo supo instalar.

Con fuerte dosis de humor, el mismo Roa definiría en una oportunidad al libelo acusatorio como el “género literario nacional por excelencia”. El concepto acuñado explica el porqué se obstinó en cultivarlo, a pesar de todos los rigores del destino que no pudo haber dejado de vislumbrar.

Recuerdo que apenas salía de la adolescencia cuando leí aquellos honorables y memorables escritos de Roa Bastos, pero la fascinación que me embargó me marcó para toda la vida. Roa Bastos, como pocos, fue en ese momento en que el Tiranosaurio del Paraguay daba sus últimas boqueadas, un auténtico profeta de la pluma. Escribió Roa Bastos que la inmensa cola dentada del Tiranosaurio Dictador, iba perdiendo las escamas galoneadas y los saurios más pequeños y serviles que tenía amarrados.

Aunque aquel jurásico que vivimos estaba habitado por monstruos antediluvianos, antihumanos, que anulaban las coordenadas del tiempo y lugar en medio de la pesadilla de pavor que provocaban, Otro gran novelista, el irlandés James Joyce, había acuñado el concepto de parálisis para definir el bloqueo cultural, mental y social que aquejaba a Irlanda, la parálisis parda de Dublin, sometida al catolicismo y al imperio británico.

Pero creer que el Paraguay era un agujero negro de antimateria predestinado a permanecer paralizado para siempre, eludiendo el paso del tiempo, fue y seguirá siendo el último error de aquellos habitantes de esta isla rodeada de tierra.
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