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África vive todavía

Rafa Rubio
Redacción
lunes, 4 de abril de 2005, 22:16 h (CET)
Alguien me recuerda, a propósito de mi último artículo sobre el poder económico chino, que en el Domund se pedía por los chinitos, pero también por los negritos de África. Es verdad y, si el sorprendente crecimiento chino me dió para escribir treinta líneas, es de justicia dedicar un espacio semejante a la cada día más extenuada África. Debería ser obligatorio en los medios de comunicación de los países desarrollados publicar con regularidad los indicadores de desarrollo social y económico de los países africanos.

Porque Africa es la mala conciencia de los países occidentales que con frecuencia nos llega en forma de patera, pero nunca debería ser la conciencia oculta. Los negritos para los que yo pedí ya han muerto porque la esperanza de vida apenas les deja llegar a los cuarenta años. Antes, con ocasión del Domund, se pedía para los negritos africanos, pero ya no se pide; ahora sólo se habla y se promete. No se hacen cuestaciones porque hemos descubierto que resulta más digno y barato dar expectativas.

En el último Foro Económico Mundial, celebrado en la localidad suiza de Davos, Tony Blair se refirió a Africa y recordó a los asistentes que 300 millones de africanos no tienen acceso a agua corriente en condiciones saludables y que 6.000 personas mueren cada día víctimas del SIDA. También Chirac tuvo su recuerdo al preguntarse dónde había quedado la promesa del 0,7 por ciento del PIB que los países ricos habían prometido dos décadas atrás.

El presidente galo llegó a proponer un impuesto sobre las transacciones especulativas del capital y asignar un dólar por cada billete de avión vendido para luchar contra el SIDA. Pero como casi todas las propuestas que tienen como objetivo mejorar la situación del continente africano, se perdieron en los resúmenes de prensa o en el proceso de traducción de los discursos.

Africa sufre un gran incendio cada hora, una inundación al día, un terremoto a la semana, un tsunami al mes. Pero los lleva sufriendo desde hace casi medio siglo sin que el movimiento de solidaridad apenas le alcance. Africa necesita una pulsera de color como la que ahora atrae tanto a los jóvenes y con las que se pretende aprovechar su deseo consumista para despertar su solidaridad contra el racismo. Una pulsera que lleve impresa la leyenda Africa vive todavía e inculque a todos que no vivirá por mucho tiempo si quienes estamos del lado del desarrollo seguimos ignorando su cruel situación.

Nota.- Si desconoce lo de la moda de las pulseras de colores, pregúntele a su hijo, su nieto o su sobrino.

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