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Tags: Opinión · Artículo de opinión · Ángel Ruiz Cediel
“Médico: ¡cúrate a ti mismo!”


Baltasar Gracián: los hombres suelen morir por causa de sus propios remedios


Ángel Ruiz Cediel Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 14 de octubre de 2011, 11:00
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El PSOE ha sido nuestra peor pesadilla y la más grave enfermedad que ha podido contraer España -¡enhorabuena a quienes le votaron, pero mucha más felicitaciones a quienes le botamos!-, algo así como la peste negra o peor, pero, ¡atención!, no pierdan ripio porque llega el PP marcando el paso de la oca, y, tal y como llega, es posible que haga bueno el aforismo que pregona que “es peor el remedio que la enfermedad”, o aquel otro que reza que “otro vendrá que bueno te hará”. Y es que en este país resabiado en que siempre los ciudadanos han recelado –cuando menos- de sus gobernantes, de todo nos podemos fiar menos de lo que parece bueno, que ya sabemos cómo funciona la cosa ésa de vender el burro por el enjaezo.

Por delante vaya una vez más mi convencimiento profundo de que esta crisis que padecemos es mentira –otra vez: men-ti-ra-, pero que, en cualquier caso, en ella mucho tiene que ver que el gobierno se haya convertido en la cueva de Alí Babá y los gobernantes en los cuarenta ladrones, pues que desde la llegada del infausto y pernicioso euro –sólo bueno para Alemania y Francia-, nadie hizo nada por detener la explosión de precios que despertó de golpe la peor de todas las codicias, y, no satisfechos quienes podían con los beneficios que obtenían con sus negocietes, quisieron más y más hasta que toda la sociedad fue un enorme globo aerostático que nos elevó hasta los cielos para reventar de avaricia y dejarnos caer al abismo en caída libre. Me han llegado a pedir 6,5 euros por un café (¡¡¡1031,5 pesetas!!!), 3,5 euros por dejar el coche 30 minutos en un parquin (¡¡¡532,4 pesetas!!!) o casi 1900 euros por el metro cuadrado construido en un tugurio extrarradios de una ciudad de provincia muy provincia (¡¡¡315.133,4 pesetas el metro cuadrado construido). Miren ustedes, el precio de ese metro cuadrado es lo que le costó la casa entera (168 metros cuadrados) a mi hermana hace cuarenta años, más o menos la duración de una hipoteca de hoy, lo que significa que los precios se han multiplicado en ese tiempo por ¡¡¡168!!!; pero es que por el precio de un café me compro ¡¡¡tres kilos de café!!! y por el precio del parquin me compro un utilitario por 2000 horas de aparcamiento. Alguien debería pagar por esto con penas severas, pero se ve que todo el mundo es inocente porque los únicos que pagan al contado son los pueblos con miseria, los trabajadores con el desempleo y los ciudadanos con pérdidas continuadas de derechos civiles, además, claro, de los países que han sido invadidos injustamente para expoliarles de sus riquezas. Un pan como unas hostias, en fin.

Bueno, pues como tenemos el estupendo sistema que tenemos, todo atiborrado de frikis y de cantamañanas, que es lo que le han enseñado con tanta televisión y cultura basura a la plebe que es lo que mola, pues tuvimos Zapatero para dos legislaturas porque, no se lo pierdan, ¡¡¡tiene los ojitos claros!!! Bueno, Suárez fue elegido presidente por ser el más guapo, así que en la línea, como aquél que dice. Y así nos fue, claro está, que no hay que pasar exámenes ni dar talla alguna para ser presidente de España. Para ser barrendero sí, que hay que ser poco menos que ingeniero, o para ser bombero, que hay que ser arquitecto, ingeniero de obras públicas, químico, astrofísico, abogado y un atleta olímpico (aunque dos semanas después de conseguir la plaza en propiedad se esté como una ballena azul), pero no para ser ministro o presidente. Para eso, aunque cuando el ministrable o el presidenciable intente dar palmas no se le encuentren las manos, vale. Y, ¡zas!, no sólo tuvimos a Zapatero, sino que hilvanaditos nos llegaron la señá Bibiana, la señá Trini, la señá Pajín, la señá Chacón, el seor Sebastián, el seor Moratinos, el tétrico seor Rubalcaba, etcétera, hasta llegar adonde todos lamentamos.

Adempero, cuando parecía que lo imposible era inalcanzable, llega Rajoy –previsible venidero presidente de los futuros de nuestro insigne país- y, ¡catapún!, nos lo pone a todos lo quimérico en la mano como si tal cosa, liándola parda. No es que Rajoy gane nada –ya he dicho muchas veces tanto en mis novelas como en mis artículos que en España nadie gana unas elecciones, sino alguien las pierde, y que no se vota a favor de uno, sino contra otro-, pero, bueno, hasta el cáncer es una buena noticia si uno se cura de Zapatero. Y en esas estamos, celebrando que nos libramos de la peste y los pestíferos, cuando el señor Rajoy hace sus listas y, ¿qué dirán?..., pues que no tengo muy claro si vamos a sustituir lo pésimo por lo malillo o por lo deplorable. Digo esto, porque no se puede entender que estemos en crisis y que Rajoy proponga de diputado o de lo que sea a Tutan-Galladón y sus pomposas y delirantes grandilocuencias, quien quebró la Comunidad de Madrid como presidente de la misma y quien ha dejado a los madrileños con una deuda que bien pudiera ser eterna, como su insoportable recuerdo. Vamos, que es pretender que nos creamos que va a emplear en el ahorro poniendo al frente de la contención derrochadora a Juan Tiraduros. Y éste, pese a todo, es sólo un figurín más del elenco que figura en las litas, talentos tales como ese presidente Fabra que pretende poner en manos de potenciales incendiarios forestales y de desalmados constructores de mucho negocio el futuro de los parques nacionales, bosques y montes de la Comunidad Valenciana, y ya veremos si cunde el ejemplo y no se extiende por las demás comunidades autónomas, como ésa de Extremadura donde la parentela del presi ya tiene chollo nepotista para vivir del cuento.

En fin, que me juego una pela a que salimos de Málaga y nos metemos en Malagón, con perdón para los habitantes de tan hermoso pueblo ciudadrealeño. Por lo pronto, me juego una peseta de Franco, de las rubias, a que en la próxima legislatura de Rajoy, si es que sobrevivimos a las amenazas internacionales y planetarias que se ciernen en el horizonte inmediato (mucho más que tenebrosas todas ellas), la Seguridad Social vuela como servicio público, las jubilaciones se vaporizan, la privatización de Loterías y aeropuertos (útiles, claro, no lo inútiles) se puede considerar un hecho, los bomberos serán un Cuerpo en extinción, la seguridad nacional militar será mercenaria y la civil también, y del Estado público no quedará ni el nombre, pues será convertido en marca comercial (o base de EEUU), ya lo verán. ¿Se acuerdan de aquel despelote del infausto Felipe González -¡y creíamos que no íbamos a tener nada peor, angelitos!- de arranca vides y olivos y luego planta vides y olivos, todo ello primado, por supuesto, y de las reconversiones de la siderurgia y todo eso de que "no os preocupéis que yo os coloco"… en el paro, y todo eso?... Pues lo mismo, pero a lo bestia. Y digo a lo bestia, porque si lo que pretenden es hacernos creer que van a imponer cierta austeridad al mismo tiempo que ponen a Tutan-Gallardón como ministro (a la señá Aznar como alcaldesa, nepotismo aparte), están listos…, o, lo que es peor, estamos listos.

Lo mejor, en mi opinión, visto el panorama, es buscar un país que nos adopte, porque está visto que no nos sabemos gobernar solos. Mejor sería que estos médicos, como dijo Jesús, que por ser Dios de eso sabía lo suyo, se curaran primero a sí mismos. Una pena, en fin.

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