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Tags: Opinión · La linterna de diógenes · Luis del Palacio
La burbuja de neptuno


"Gobierno y políticos se aíslan de los reproches ciudadanos en la Plaza de Neptuno"


Luis del Palacio Luis del Palacio
jueves, 13 de octubre de 2011, 08:52
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La Historia nos cuenta que desde tiempo inmemorial, más o menos desde que los seres humanos decidimos conceder el rol del macho dominante al reyezuelo o a quien acaudillaba la tribu, perdimos una buena parte de nuestra capacidad individual para tomar decisiones. Es posible que en "nuestro mundo", tras varias generaciones de democracia parlamentaria, sea en su forma monárquica o en la republicana, el individuo, el ciudadano, participe algo más que antaño en esa toma de decisiones. Y, sin embargo, este consuelo relativo sólo se ve sancionado en parte por comparación y no porque usted o yo, realmente, podamos hacer, deshacer o enmendar gran cosa.

Me explico: Si nosotros, ciudadanos españoles, nos comparamos con los ciudadanos de Cuba, Venezuela, Rusia o Corea del Norte (unos pocos ejemplos) o con nuestra propia situación de hace treinta años, es indudable que podemos quedar satisfechos. En España funciona ese bálsamo de Fierabrás o curalotodo llamado "democracia" con razonable eficiencia, y el hecho de poder desembarazarnos de un gobierno de ineptos, tras casi ocho años de zozobras, no es, como decía el castizo, moco de pavo.

Pero, a pesar de todo, uno cada vez tiene más la sensación de que ante el Poder poco puede hacerse y de que quienes dicen representarnos no nos representan casi nada. O nada. El hecho de acudir a las urnas cada cuatro años se ha convertido en un ritual carente de esencia; es un plebiscito del propio sistema que se disfraza con atuendos de guardarropía: este año toca gobierno conservador; aquel tocó progresista (hay quien aún se lo cree) Y en este perpetuum mobile se desarrolla nuestra vida ciudadana.

Ayer nos desayunamos con la noticia de que la inefable Chacón, ministra de Defensa, había decidido retirar de Libia a los F-18. Muchos lo aplaudimos, pero después de preguntarnos por qué fueron enviados en su día. La pasada semana nuestro Mr. Bean nacional decidió integrarnos de hoz y coz en el escudo antimisiles de la OTAN, cosa posible (ya se vio) aunque nada plausible. Ambas decisiones, trascendentes, sobre todo la segunda, se hicieron sin que usted ni yo ni ese señor que pasea con el perro tuviéramos arte ni parte en las mismas. Lo propio ocurre con leyes lamentables, como la de la "interrupción voluntaria del embarazo", la de la "memoria histórica" etc. etc. O las que se atisban por el horizonte con el previsible gobierno del PP; de las cuales, pondría a la cabeza a aquellas que pretenden privatizar hasta los bancos de los parques.

Cuando nos quejamos de que los políticos viven de espaldas al ciudadano, ignorando su voluntad y haciendo "mangas y capirotes" a su antojo, los que nos gobiernan suelen argüir dos cosas: Que no se puede hacer un referendum sobre casi todo y que los votantes al elegir a tal o cual partido delegaron en sus representantes parlamentarios y en el gobierno la capacidad de elaborar las leyes y de adoptar decisiones. Eso recuerda mucho al "cuento del indio gorrón": Un fulano del lejano Oeste se las ingeniaba para beber siempre gratis en el "saloon" del pueblo. El tabernero era la principal víctima de este sujeto; aunque también los parroquianos, que le pagaban inermes las copas día tras día. Así que se pusieron de acuerdo para no caer más en sus argucias. Pero el "indio gorrón" era más listo, y un buen día cambió de táctica. Se presentó en el bar y tras saludar a todos les preguntó: "¿Habéis visto a Thomas?" Y ellos le respondieron: "¿Qué Thomas?" A lo que él contestó: "Para empezar un whisky doble".

Los parroquianos y el tabernero somos todos nosotros y, desde luego, no tenemos muy claro cómo evitar que el político (el "indio gorrón" de la historieta) no nos lleve a donde no queremos ir.

De momento nos queda el derecho al pataleo. Algo es algo. Pero hete aquí que a sus señorías les molesta el rumor de la calle y la cacofonía de las cacerolas. Ayer, durante el Desfile del 12 de Octubre, "el populacho" fue apartado a cien metros de los delicados tímpanos de nuestros gobernantes, una prueba más de que son conscientes de su ya avanzada sordera. Lo han llamado la "burbuja de Neptuno", algo muy propio cuando la nave parece hundirse sin remedio en las profundidades del océano.

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