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Tags: Opinión · Momentos de reflexión · Octavi Pereña
Obsesión por la belleza


Millones de euros se gastan intentando conservar la belleza con el resultado de que los adictos a los cosméticos y la cirugía plástica se convierten en adefesios


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 12 de octubre de 2011, 10:20
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Kerry Cambell ha perdido la custodia de su hija Britney de 8 años por inyectarle bótox para que pueda competir con éxito en la pasarelas de belleza infantil. La madre, esteticista de 34 años afirma: “No hacemos nada ilegal, y no quiero que mi hija sea la única que no reciba un poco de ayuda extra”. Kerry justifica lo que hace con su hija, diciendo: “Estoy segura que quienes leerán esto pensarán que soy una irresponsable, pero aseguro que primero yo pruebo el bótox y los productos antiarrugas que compro por Internet”. La madre obsesionada por las pasarelas de belleza infantil depila con cera el cuerpo de su hija con el extraño propósito de que no le crezca el vello cuando llegue a la pubertad. La madre afirma que todo el sufrimiento que le causa a su hija garantizará que sea famosa en la adolescencia. “Lo que hago ayudará a mi hija a ser una estrella.

Sé que un día será modelo, actriz o cantante, recibiendo estos tratamientos ahora le asegurarán que parezca más joven, con una cara infantil durante más tiempo. Lo que deseo para mi hija es que tenga un buen comienzo en la vida, esto le facilitará llegar a ser una superstar”. Kerry está orgullosa de que su hija sea una de las niñas más jóvenes del mundo que se inyecta bótox y utiliza cremas antiarrugas que la hacen más bella”. La madre dice: “¡A mí me hubiera gustado disfrutar estas ventajas cuando era más joven!” “Mi hija es afortunada y será famosa gracias a los tratamientos que le doy tan pronto”. Esta educación tan corta de miras tiene sus efectos. La niña que no sabe lo que dice, afirma: “También deseo operarme los pechos y la nariz pronto, para que pueda ser una estrella”. Para finalizar la payasada la madre le compra a Britney un vestido que vale 2000 dólares.

Pienso que Kerry Cambell debería leer lo que Josep Sandoval escribe refiriéndose a la actriz Cher: “La imagen es impecable: si no mueve la cara aparece joven y fresca, lo que debe ser terrible es verla de cerca, gesticulando o forzando cualquier mueca”. Recordemos que Cherocupa el segundo lugar después del difunto Michael Jackson en la lista de los famosos más aficionados a pasar por las manos de los cirujanos plásticos.

La nuestra es la cultura de lo efímero. El distintivo de esta cultura es la frase: “Usar y tirar”. Nos cansamos pronto de lo que tenemos aunque puede seguir siendo útil durante muchos años. La publicidad se encarga de estimular este instinto básico. En cambio no se aplica la misma filosofía a la hora de conservar la belleza física. Esta se marchita y en vez de echarla por la borda, se la cuida y mima en el vano intento de conservarla. La propaganda explota el sentimiento que expresa Marie-Christine, vicepresidenta de Sephora Canadá, firma dedicada a la cosmética: “Soy mujer…Sólo quiero tener alguna cosa para ser feliz. Llevas un nuevo brillo, que te hace sentir feliz. Es algo pequeño que te hace sentir mejor”. En este caso la publicidad ya no dice usa y tira, todo lo contrario: Aprovecha, aprovecha, porque tú lo vales. Inyéctate bótox. Aplica en tu rostro cremas antiarrugas. Llena de silicona tus pechos. Opérate los pechos, la nariz y allí donde sea necesario, Tú lo vales.

Tienes que sentirte segura. Tu cuerpo que envejece le resta valor a tu persona y te hace sentir insegura. La industria de la belleza estimula el instinto femenino de la coquetería hasta el absurdo. “Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo, es la mujer hermosa apartada de razón” (Proverbios 11:22). El concepto cristiano de la belleza no contradice lo que afirma el cirujano de estética Dr. Ivo Pitanguy: “Dar atención solamente al cuerpo y no a la mente es un error, porque la belleza es efímera”. Las personas, hombres o mujeres, obsesionadas por la belleza física tienen enferma el alma.

Refiriéndose a las mujeres el apóstol Pedro escribe: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3,4). No creo que el apóstol quiera negarle a la mujer el punto de coquetería para agradar a su marido. Sí, dice, el objetivo principal debe ser cuidar la belleza espiritual del alma para que ésta no se arrugue.

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