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Etiquetas:   Política   Moción de censura   -   Sección:   Opinión

Un debate casi taurino

Mariano Rajoy ejerció de catedrático taurino socarrón templando a sus dos oponentes/tas
Jorge Hernández Mollar
sábado, 17 de junio de 2017, 11:00 h (CET)
Después de casi veinte años de ejercer como parlamentario nacional y europeo, tengo que confesar que me ha sorprendido, por novedoso, este nuevo formato de una moción de censura con tres protagonistas. Dos de ellos/as, Irene y Pablo, dividiéndose teóricamente los papeles en busca de una alternativa mediática que les sirviera de altavoz callejero a sus tediosos y repetitivos discursos que se han centrado exclusivamente en la corrupción, mientras buscaban persistentemente el tendido del 15M en un hemiciclo que languidecía aburrido y pacífico.

En la primera sesión, Mariano Rajoy ejerció de catedrático taurino socarrón templando a sus dos oponentes/tas y sin esforzarse mucho, sorteando con frialdad alguna embestida peligrosa de Montero y despachando con naturales bien entrelazados a un Iglesias descentrado que buscaba las tablas de Pedro Sánchez. Lo inesperado fue que una diputada canaria, Ana Oramas, fuese la llamada a darle la estocada de muerte al desnortado presidenciable Pablo Iglesias que sucumbió ante el verbo sutil e hiriente de una mujer que sin despeinarse ni amedrentarse le tildo de “machista” y de hacer de la moción de censura un montaje más propio de un plató televisivo que de un debate riguroso y serio como se merece el Sancta Sanctórum de la soberanía popular.

Las banderillas, las cogidas, el griterío y los almohadillazos se disfrutaron al día siguiente con los tres espadas de la segunda sesión Rivera, Abalos y Hernando. Rivera se desmelenó con el candidato, su pose suarista le obligaba ya a una equidistancia con la izquierda rupturista y catastrofista y el compromiso de los presupuestos le arrastraba inexorablemente a una posición de no agresividad con una derecha vilipendiada y criminalizada por el frustrado presidenciable; sus aparentes amoríos (políticos) de antaño con Iglesias se han tornado en un divorcio exprés que parece irreconciliable.

Abalos se estrenaba en la plaza. Con unas ciertas dosis de seguridad y aplomo siguió el guión que su nuevo jefe de filas Sánchez le había trazado: El Partido Popular ha sido la bestia que ha arruinado España. A sus pecados de corrupción que debe expiar en los más profundo del averno le espetaba insistentemente en ser el causante de las desigualdades, de la pobreza y de la precariedad laboral de esta nuestra querida España…, claro que en el guión que le pasó Sánchez, le ocultó que todo esa dramática crisis fue el legado que el gobierno socialista de Zapatero nos dejó a los españoles y que hoy nuestros socios de la UE e incluso otros organismos internacionales, dicen que estamos ya en la buena senda de la recuperación.

Después de estas estocadas en hueso al gobierno de Mariano Rajoy sonrió abiertamente a Iglesias, le ofreció árnica y la posibilidad de un idilio con el candidato derrotado en la búsqueda de compañeros/as que se unieran en la aventura de nacionalizar Cataluña desde una nación que no es nacionalidad pero que se adorna de una cultura nacional, es un trabajo de investigación arduo pero que a lo mejor con tan ilustres intelectuales constitucionalistas encuentran la fórmula magistral para que desde el diálogo y el consenso por fin Sánchez e Iglesias hagan de Cataluña la madre patria de los secesionistas.

Hernando decididamente entró a matar, era ya la hora, los avisos estaban agotados y había que culminar la faena. Tantos insultos, tantas difamaciones y tantas amenazas al más puro estilo republicanista de aquellas Cortes prebélicas de los años treinta, habían retenido con silencio y paciencia las respuestas que la bancada popular demandaba a tanto improperio.

Rafa Hernando, amigo y conocido desde hace años, no es un primer espada sagaz y brillante pero es un portavoz con experiencia parlamentaria que debe jugar los papeles que se le encomiendan y en esta ocasión era el de dar cumplida respuesta a un demagogo insultador, como Iglesias, que desde la tribuna del Congreso criminalizó al Partido Popular y con ello a todos los dirigentes, militantes y votantes que sostienen y forman parte del mismo.

Su contundente respuesta sacando las vergüenzas de quienes se ciegan de soberbia acusadora sin mirarse al espejo, era la esperada no solo por la mayoría del grupo parlamentario popular sino también por millones de votantes y simpatizantes que nos sentimos insultantemente tratados por un candidato afortunadamente frustrado y rechazado.
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