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Etiquetas:   AL DETALLE   -   Sección:   Opinión

Ancianos como negocio

María Sánchez Rodríguez
Redacción
sábado, 2 de abril de 2005, 22:05 h (CET)
Para hacer esta crítica de opinión que conste que me he presentado a cinco entrevistas para obtención de empleo como auxiliar de geriatría, aunque no lo necesite, pues, mi trabajo es otro.Pero para criticar hay que conocer lo que se critica.

Me ofrecieron el puesto en todas, pues hay muchas residencias y poco personal con titulación adecuada, las residencias que visité eran todas de grandes cadenas de centros de mayores, no chalet camuflados a los que la inspección de sanidad y asuntos sociales no llegan.

Me arriesgué a trabajar en una residencia muy conocida, sabia que sólo estaría una semana, pues tampoco me iba a ir la vida en ello, sólo por criticar, además si hice eso es por que ya iba documentada con testimonios de empleadas en activo y ex-empleadas.

Bueno voy al asunto: En una planta de personas mayores encamadas que no se pueden valer por si solas ni con ayuda de andadores, éramos tres auxiliares, aunque el tercer día ya éramos sólo dos.

Para el aseo diario de cada anciano los cuales tocábamos a ocho por cada una, teníamos siete minutos por cada una, incluido todo, ducha, vestimenta, curas de escaras etc.

Mi primer roce con una de las encargadas fue al comentarla que el tiempo era insuficiente para que la calidad de la atención fuera plena. Su respuesta: claro, si te pones a secarles en plan pijo, tardas más, tu no les seques tan bien, y échales la crema sin miramientos.

A mi otra queja de que para que no se le agraven las escaras el secado es muy importante y que el anciano si se quejaba de que el agua estaba muy caliente o fría para ellos, mi compañera no les hacia caso, su respuesta fue: que más da mujer, si sólo es un minuto, lo que pasa es que se quejan de vicio.

Yo ya sabia que una semana iba a ser mucho para mi, no entendía, ni entiendo como una persona por la cual se paga más de 2000 euros, ni siquiera se merece escucharla o bajar la temperatura del agua, eso si hablamos del cliente, pero como persona, si un anciano se queja del agua ardiendo creanme que es cierto, pues la sensibilidad del anciano es menor que la de cualquier otro adulto, y si dice que quema es que es cierto, de hecho las rojeces con las que salían de la ducha eran evidentes.

La primera atención hacia mi fue esa, que yo tardaba mucho con cada anciano, y que no tenia que entretenerme con tantos miramientos.Deducí que la política de la residencia era tratar al cliente como si de un trabajo en cadena se tratara.Da igual que el anciano gritará, o te pidiera que le cortaras un trozo de uña por que le hacia daño, eso era perder el tiempo, la cadena de trabajo de los siete minutos por persona yo la rompía.

Y tanta prisa, para luego descubrir que las auxiliares querían echarse un cigarrillo.

Otra queja mía a la directora fue que, las puertas de salida de emergencias estaban con candados y a parte de ilegal era una irresponsabilidad, su respuesta: Es que si no se pueden escapar.

A lo que yo la dije que si estaban encamados y los demás en sillas de ruedas ¿como se iban a escapar?y no obtuve respùesta.Curiosamente un día subió la encargada a la planta y dijo a mi compañera que quitara los candados corriendo que igual venia un inspector.

Esto sólo es una ínfima parte que contar de lo suceden en varias residencias y de lujo. Porque en mi próxima opinión seguiré. Aunque no es apto para personas sensibles. ¿Estarán preparados para leerlo?

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