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¿Qué horizonte buscamos?

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 3 de abril de 2005, 06:07 h (CET)
"El HORIZONTE... algo que no existe, que es necesario, que es inalcanzable, pero que es importante"

Eduardo Chillida

En nuestros ambientes no hay demasiada tendencia a mirar más allá de lo inmediato. Ponerse a otear nuestros horizontes más íntimos tiene una doble faceta. En la primera faceta comienza a atisbarse tintes PEREZOSOS, no queremos calentarnos la cabeza con cuestiones que de por sí están alejadas de nosotros. La segunda apreciación deriva de la INELUDIBLE confrontación de las personas con sus horizontes, al vivir no les queda más remedio, se verán enfrentadas a ellos.

Paradoja inesquivable, no queremos y no podemos evitarlo. Eugenio Trías ha reflexionado mucho sobre los límites, revisando como adquirimos conciencia de nuestras fronteras. Desde nuestro asombro existencial, percibimos esa realidad acotada, y esa percepción nos va a definir. Cada persona estará en condiciones de inaugurar su propia relación con lo existente y con lo que se vislumbra más allá. Por más que lo deseemos, esa EXPERIENCIA no podemos cederla a los demás. Se verá qué podemos hacer con ella, pero cederla a otros es imposible. En estas tesituras se aprecian mejor los matices introducidos por Chillida.

Conviene insistir, no se trata de experiencias para eruditos, son vivencias para todos los individuos, con los pronunciamientos personales más básicos y simples. Hasta la persona más sencilla se enfrenta a la situación vital de pensar sobre su futuro EXISTENCIAL. Lo podrá expresar con palabras e incluso sin palabras, a veces mucho mejor en silencio. Esa simplicidad se aprecia nítidamente cuando se elimina la abundante hojarasca que suele proliferar alrededor de estos conceptos. ¡Vamos a coger el horizonte! ¿Dónde está el horizonte? No hay, NO EXISTE una entidad delimitada como tal. A primera vista pudiera pensarse en un inconveniente, no lo podemos asir y nos quedaremos indecisos. Pero muy pronto celebraremos su inexistencia formal.

De no ser así, ya figuraría entre el inventario de alguna institución o algún poderoso, fuera del alcance del ciudadano corriente. No podrán arrebatarnos este panorama, simple, sin precio, disponible para cualquier persona. En todas las zonas del planeta, con todo tipo de religiones, en el páramo solitario o en las urbes abarrotadas, todas las gentes sencillas perciben la ternura, la sinceridad, la justicia, la prudencia y tantas facetas deseables para la humanidad. Están en lo más íntimo de todos nosotros. Su aplicación exige ir por delante del egoísmo cerrado, con los ojos bien abiertos para poder apreciar las cualidades. Sin horizonte se apaga el brillo, abrumado por parámetros y cientifismos atosigantes. La APERTURA es imprescindible. Nos damos cuenta de su carácter inalcanzable; pese a ello, cada humano dispone de la posibilidad para buscar su propio horizonte. Aquí no valen anquilosamientos, es ese FOGONAZO distante que nos impulsa a continuar como personas. La utopías y directrices se las va a trazar uno mismo. ¿Simples teorías? Con respecto a su IMPORTANCIA o no, bastará una mínima apreciación de nuestros entornos. Las complejidades técnicas, información avasalladora, corrupciones, dejan arrinconados estos aspectos tan personales y hasta íntimos.

De conformarnos, no se hable más. Con todas las presiones ejercidas desde fuera, la vida será todo lo que queramos, menos propiamente humana. ¿Cómo extraerle a una vida así los valores o las éticas? Así resulta de intrincado conseguir una mínima ética. En los diferentes campos de actuación -familia, política, legislación, profesiones- se impondrán las estructuras organizativas dominadoras, si les damos pie no van a ceder terreno a las sensaciones del individuo. Cada vez tendrá más peso específico lo global. Desde la sencilla vida cotidiana de cada uno, las agustias y los desvelos debieran compensarse con ese HORIZONTE que suponga levantar la mirada. Aprendiendo a desentrañar nuestras posibilidades. Ahí radica la maravilla que expresa Chillida en su obra "Elogio del horizonte". Las posibilidades y la libertad nacen involucradas en todo aquel que lo permita para sí mismo. Estas no son cosas que se concedan en asamblea. Esa es su grandeza y sencillez a la vez. Siempre podremos elegir quedarnos anclados en las rocas, pegados como lapas a las SERVIDUMBRES diarias de las que no pudimos o no supimos escapar. Esta elección unicamente nos lleva a una especie de zoológico muy particular. Expresión de una animalidad sin rasgos humanos. Dicho de otra manera, la GRANDEZA del HORIZONTE nos viene dada. No pensemos en atraparlo, su esencia consiste en eliminar las barreras artificiales. Sin los impedimentos tendremos al alcance la posibilidad de ejercer como humanos. Si preferimos dejarnos guiar por personajes televisivos, políticos, iluminados de pequeña bombilla o siniestros adivinadores, pues le ponemos un poco de picante y vamos a comprobar si el disfrute es tanto y tan duradero como se preconiza.

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