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Etiquetas:   Ser o no ser   -   Sección:   Opinión

Derecho de admisión

Manuel Alcántara
Redacción
miércoles, 30 de marzo de 2005, 20:47 h (CET)
Durante esta Semana Santa se ha movido más gente que nunca. Incluso 'La Gioconda' se ha ausentado del Louvre, sin contar con el permiso de Leonardo. Ha viajado protegida por un cristal especial que la hace invulnerable al efecto de las luces y al desgaste que sin duda supone que la miren, absortos, tantos visitantes. «Vale uno más si sabe que lo miran», dijo Víctor Hugo, y la Mona Lisa lleva muchos años dejándose ver, con las manos cruzadas y con cara de estar pensando en sus cosas. Es uno de los cuadros más contemplados del mundo y no tiene por qué trasladarse, pero no ha querido ser menos y ha emprendido un breve viaje, como tantos millones de personas de carne y hueso. En Semana Santa se mezcla mucho la teología con la geografía y eso de que los Cristos y las Vírgenes tiren por la calle de en medio representa un gran atractivo turístico, con su consiguiente rentabilidad.

En general, las altas autoridades eclesiásticas preferirían que las muchedumbres entraran en las iglesias a ver a las imágenes, a que las imágenes salieran a la calle para ver a las muchedumbres. Todo lo contrario de lo que les ocurre a los directores de los hoteles, que también se convierten en altas jerarquías cuando están en temporada alta. Un fenómeno curioso está experimentando la hostelería: no ha variado la hospitalidad, pero sí la condición de los huéspedes.

Ahora sólo nos interesan los ricos y pronto instalaremos en las fronteras españolas grandes letreros diciendo eso de que 'se reserva el derecho de admisión'. En la Costa del Sol, que es la mía desde que era chico y aún no se llamaba así, se está duplicando la oferta de hoteles de lujo y empiezan a escasear las pensiones de 'trato familiar' y las fondas. Los turistas pobres son indeseables y lo mejor que pueden hacer es quedarse donde están. Ojalá viniera 'La Gioconda', pero de criadas filipinas ya estamos a tope.

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